Dos veces vino la muerte / y dos se fue arrepentida. / Dicen que marchó ofendida / porque no doblé mi frente / ¡Por eso dejó mi vida!

Al final llegó la parca, esta vez sí, esta vez cortó el hilo que le unía a la vida. Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana, el poeta comunista represaliado por el franquismo, ha fallecido este jueves a los 96 años sin rencores, pero también sin «amnesia», como le gustaba recalcar.

«Los presos políticos fuimos los primeros en aceptar la política de reconciliación nacional, pero una cosa es la amnistía, que era necesaria, y otra la amnesia», decía Marcos Ana, que firmaba bajo este seudónimo literario, en recuerdo de sus padres campesinos, Marcos Macarro y Ana Castilla.

Fue el preso político que más años estuvo en las cárceles franquistas

Marcos Ana, el poeta de la libertad, presumía de haber nacido dos veces: el 20 de enero de 1920 y el día que salió de prisión tras pasar 23 años encerrado. “Nacer a los 41 años es algo muy serio”, decía. Tan serio que fue el preso político que más años pasó en las cárceles franquistas.

De origen humilde, el pequeño Fernando era un joven inquieto, inconformista y rebelde. A los 13 años le echaron del colegio de curas en el que estudiaba y ya con 15 mataba el tiempo repartiendo ejemplares de Renovación Roja, el periódico de las Juventudes Socialista Unificadas. Así le encontró la Guerra Civil el 18 de julio de 1936. Contaba el poeta que en aquellos primeros momentos de incertidumbre él se convirtió en la mascota de los milicianos y que más tarde le expulsaron del ejército por no tener edad suficiente. Era menor de edad, sí, aunque con las ideas muy claras.

Organizar la resistencia

Cuando acabó la guerra se trasladó a Alicante, le habían contado que los barcos de los aliados iban allí a recoger a los perdedores. Esperó, pero por el puerto aquel no pasó nadie. Marcos Ana, como tantos otros, fue capturado y conducido al campo de concentración de Albatera. Allí vivió hacinado hasta que logró escapar y regresar a Madrid, donde no se le ocurrió otra cosa que organizar la resistencia. Si posees unas ideas tan firmes y tan claras; si la injusticia, la sinrazon y el abuso te queman la sangre, eres capaz de dar la vida por acabar con ello. Le pillaron en la lucha gracias al chivatazo de un compañero torturado, fue entonces cuando comenzó una (casi) interminable procesión por las cárceles españolas. Desde el penal del Conde de Toreno a Ocaña, donde estuvo 307 días incomunicado; más tarde la prisión de Alcalá de Henares, para terminar en el penal de Burgos, donde pasó 15 años.

En esta etapa de «turismo carcelario», como confesaba con ironía, sufrió castigos y torturas, lo único que le mantuvo con vida fue la fuerza que le otorgaron los ideales por los que había sido encarcelado y condenado a muerte.

Marcos Ana decía que aguantó los palos pensando en La Pasionaria y en sus compañeros de celda

Estuvo dos veces en la DGS, en el temido edificio de la Puerta del Sol, primero cuando lo detuvieron y en una segunda ocasión cuando apareció en la cárcel Juventud, un periódico del que él mismo se atribuyó la autoría. Los que pasaban el umbral de la puerta de la DGS ya sabían a lo que iban. Nunca más tuvo la intención, ni se acercó jamás por aquel rincón de Madrid. Marcos Ana decía que aguantó los palos pensando en La Pasionaria y en sus compañeros de celda.

Sus primeros versos

Compartió cautiverio con Antonio Buero Vallejo. La cárcel fue su Universidad. En aquella época se aficionó a la lectura, gracias a los libros que circulaban por las celdas. Primero, clásicos españoles autorizados; más tarde, quién sabe cómo, se codeó con los libros prohibidos de Miguel Hernández, Federico García Lorca, incluso, con los de Rafael Alberti. Tenía 33 años cuando firmó sus primeros versos desde un cuarto de aislamiento en el penal de Burgos.

Flirteó dos veces con la muerte, se escapó de una condena eterna y recuperó la libertad en 1961, a los 41 años. Aquella España tardofranquista no era su hogar, de manera que se exilió a Francia y allí emprendió una campaña internacional contra la represión política en España y en el mundo entero. Marcos Ana se hizo un firme defensor de los Derechos Humanos y la Democracia. Una actividad que le llevó a viajar por medio mundo, en especial por Europa y América, fue allí donde conoció a Pablo Neruda y a Salvador Allende, dos de sus grandes amigos.

En Francia fundó el Centro de Información y Solidaridad con España, presidido por Pablo Picasso. Desde 1973, junto al pintor malagueño y otros intelectuales, participó además activamente en actos de solidaridad con Chile, sometido a la dictadura de Pinochet.

Rodeado de almas que no conocieron a Franco se sentía a gusto y disfrutaba transmitiendo sus vivencias

Tras la amnistía de 1976, regresó a España y en las elecciones de 1977 fue cabeza de lista del Partido Comunista por Burgos. No resultó elegido, pero no por eso dejó de pelear por la causa. Siempre se autodefinió como un «comunista republicano». Marcos Ana fue el poeta de las víctimas de la represión de la dictadura, vivió la adolescencia robada entre aquellos que nacieron en Democracia. Mezcló su tercera edad con la juventud. Rodeado de almas que no conocieron a Franco se sentía a gusto y disfrutaba transmitiendo sus vivencias.

Obra cumbre

Entre sus obras, destacan: Autobiografía, Mi mundo es un patio y Te llamo desde un muro. Todas escritas en la cárcel. Sin embargo, su obra cumbre es Decidme cómo es un árbol (2007), una novela autobiográfica en la que entremezcló la poesía y que Almodóvar compró para el cine. Prologada por el escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura, el poeta reconoció que decidió escribir esta obra cuando comprendió que «no tenía derecho a ocultar su vida, que era la vida de muchos, la de la Generación de los Vencidos».

Marcos Ana nunca confesó el nombre de sus verdugos «porque no hay que remover las cenizas del pasado» y, sobre todo, «porque quienes me torturaron tendrán hijos y nietos». Su «única venganza» fue llegar a ver el triunfo de las ideas por las que lucharon tantos.

Y con ese afán firmó el año pasado su última obra, Vale la pena luchar, en la que alentaba a los jóvenes a seguir luchando por un mundo mas justo y comulgó con el activismo del 15M. «Hay que seguir calentando las calles y las plazas porque en la calle está la fuerza”.