Barbie, la muñeca de Mattel, odiada y amada a partes iguales, es uno de los juguetes más famosos del siglo XX. Odiada por representar un ideal de belleza inalcanzable y deseada por la misma razón, no hay lugar a dudas sobre su carácter de icono pop de la cultura de masas.

La exposición Barbie, más allá de la muñeca, de la Fundación Canal en Madrid recoge la historia del juguete a través de 438 figuras en las que se presenta a la famosa criatura de Mattel “no como promotora de nada, sino como espejo de la sociedad”, en palabras del comisario de la muestra Massimiliano Capella. La historia de Barbie empieza en los años 50 cuando Ruth Handler, casada con el cofundador de Mattel, descubre que a su hija no le gustan las muñecas de la época sino que pasa el tiempo jugando con recortes de actrices y mujeres famosas del momento. Esto le condujo a una muñeca que replicara las actitudes de los adultos. Así nacía, el 9 de marzo de 1959, Barbara Millicent Roberts, cuando se presentó en la Feria del juguete de Nueva York.

Desde ese día Barbie ha proyectado su tiempo a través del marketing de su personaje. “Con Barbie podemos contar la historia de la cultura occidental desde la segunda mitad del siglo XX. Barbie se ha transformado a lo largo de los años, pero manteniéndose fiel a un ideal de belleza”. Sobre este ideal es sobre el que sus detractores han construido su argumentario pero el comisario de la muestra y experto en arte repite, insistentemente, que no, que Barbie no promueve nada que es sólo el reflejo de la sociedad.

La muñeca ha ido experimentando cambios con los años, en su rostro y en su físico con el paso del tiempo amoldándose a los cánones de belleza de mujer de las pasarelas de moda y la cultura de masas. De lo que no cabe duda es de la que la muñeca se ha adaptado profesionalmente con los años. Todo un ejemplo de movilidad laboral ya que se han fabricado Barbies de hasta 180 profesiones. Unas veces siguiendo los avances de la mujer en el terreno laboral y otras adelantándose, como cuando crearon a la Barbie candidata a Presidenta de EE.UU. años antes de la de Clinton.

De una de las últimas transformaciones físicas ha nacido la Barbie Curvie, una muñeca con unos estándares de belleza más comunes con los que la marca se adapta a las exigencias de un mercado al que, según las ventas de los últimos tiempos, no parece satisfacer.

Una mirada feminista

Carmen Medina Sarmiento, presidenta Federación Mujeres Jóvenes, destaca como a través del juego se va configurando la personalidad en las sociedades. «Por eso que juguetes de niños y niñas hayan sido tradicionalmente diferentes, jugando las niñas a juegos que se identifican con el rol tradicional de las mujeres, y los niños con juguetes y a juegos sobre aspectos relacionados socialmente con los chicos. En un contexto donde las mujeres son cosificadas y educadas para preocuparse principalmente de su aspecto físico, la muñeca Barbie refuerza esa idea.»

La presidenta de esta asociación reconoce los esfuerzos  de la casa americana, «Es cierto que la muñeca ha encarnado muchas profesiones e incluso a raíz de las críticas sobre no representar la diversidad de las mujeres, se han creado Barbies negras, en silla de ruedas… Sin embargo sigue encarnando el estereotipo de mujer con un determinado aspecto físico y con aspectos relacionados con ello, como la vestimenta. Además de esto, Barbie encarna también una mujer con altos ingresos económicos que no casan con una realidad como es la feminización de la pobreza y la necesidad de tener en cuenta que la desigualdad de género se cruza con otras desigualdades, como la clase», señala.

La vida personal de Barbie

Sobre el personaje, Mattel ha ido construyendo toda una historia de vida que han marcado hitos de la marca. Su boda, sus amigas y su pareja, Ken. Paradojas de un personaje que ha vivido bajo la lupa feminista, el marido de Barbie ha sido un hombre objeto. “Ken es un accesorio más de Barbie”, explica el comisario. Y como tal ha sido usado por Mattel para enriquecer su historia. El divorcio de la pareja marcó otro gran momento en la narrativa de la muñeca y en su nueva etapa de soltera se topó con Blaine, un surfero con el que intimó. Mattel hizo la jugada perfecta cuando Barbie y Ken se volvieron a juntar.