¿Cuál es la narrativa? ¿Dónde está el relato? Parece que nuestra comprensión de las cosas no tenga suficiente alcance, necesitamos la narrativa para prestar atención, ya sea la historia, la ciencia, un nuevo producto bancario o una campaña para salvar del hambre a un país. ¿Abusamos de la narrativa? Preguntamos a Santiago Posteguillo, quien acaba de publicar su tercer libro de relatos sobre la historia de la literatura: El séptimo círculo del infierno (Planeta).

“No hay un abuso de lo narrativo, lo narrativo es muy útil para conectar con la gente. Cuando Víctor Hugo quiso que no derribaran los edificios góticos de París escribió un ensayo contando lo importantes que eran y no le hizo caso nadie. Se había equivocado de enfoque para llegar a la gente. Entonces escribió una novela, Nuestra Señora de París, en la que Notre Dame ofrecía asilo a los personajes y se transformaba en un personaje en sí misma. Se hizo tan popular que nadie en París hubiese tocado una piedra del templo. Él se dio cuenta de que lo narrativo es lo que conecta con la gente”. El autor valenciano tiene historias que contar casi para cualquier pregunta, hasta para la pregunta de si abusamos de la narrativa.

Lo narrativo se puede usar para bien o para mal, es lo mismo que la ingeniería genética se puede usar para curar el cáncer o para crear un monstruo.

A la hora de escribir sus novelas Posteguillo se maneja en un equilibrio autoimpuesto entre el rigor histórico y una narración atractiva para el lector. “Yo creo que esta combinación hace que muchos lectores terminen de leer con la sensación de que, además de entretenerse, han aprendido unas cuantas cosas y gracias a esa combinación quieren seguir leyendo cosas y tienen más curiosidad de saber sobre el pasado”, asegura.

La narrativa y el relato son armas de construcción, pero también de destrucción, por eso Posteguillo recuerda. “Lo narrativo se puede usar para bien o para mal, es lo mismo que la ingeniería genética se puede usar para curar el cáncer o para crear un monstruo. Lo narrativo es una buena herramienta para conectar con la gente, pero depende de la finalidad noble o perversa que persigas”.

El monstruo del nacionalismo

El escritor sitúa al nacionalismo en ese lado oscuro de la narrativa. “El nacionalismo es una narración tergiversada de los hechos y manipulada, todo este equilibrio entre el entretenimiento y el dato histórico los nacionalismos se lo saltan completamente porque la finalidad del nacionalismo no es educar para la convivencia, ni educar para la tolerancia, ni educar desde la admisión de la realidad múltiple y poliédrica. El nacionalismo educa para anular el pensamiento, especialmente el pensamiento crítico y disonante”, mantiene el autor.

Cualquier escritor o escritora resulta incómodo para cualquier poder si va contra el pensamiento único

Precisamente, para hilvanar los treinta relatos de El séptimo círculo del infierno, el autor ha puesto el foco en “los poderes fácticos brutales que, a lo largo de la historia, han perseguido a los escritores y a las escritoras por ser y decir lo que piensan. Ahí están los nazis, los fascismos, las guerras y las dictaduras de todo signo o la inquisición”.

Posteguillo considera que cualquier escritor o escritora resulta incómodo para cualquier poder si va contra el pensamiento único, “porque lo primero que va a decir es que las cosas se pueden ver de distintas formas y que nadie es mejor o peor por verlo distinto. El nacionalista tiene todo el derecho de defender sus opiniones sus objetivos pero no tienen ningún derecho, absolutamente ningún derecho, a imponerlas”.

Santiago Posteguillo

Una historia hecha por hombres

En ese constante viaje al pasado de Posteguillo destaca que la historia realmente la han hecho los hombres sobre los hombres, por eso en estos relatos presenta autoras desconocidas con afán divulgador. “No me lo planteo como una cuestión de hacer algo políticamente correcto, hay cosas que no se han hecho bien y que se tiene que corregir, no se trata de reescribir la historia no se trata de que me invente escritoras donde no las había. Resulta que sí las hay, están ahí y no les damos suficiente preminencia” Autoras como Safo de Lesbos, en la literatura griega, Sor Juana Inés de la Cruz o la portorriqueña Julia de Burgos.

Historias que cambian vidas

Sus libros de relatos sobre la historia de la literatura son divulgativos, los dos primeros se están usando en muchos institutos por profesores que encuentran útiles sus historias para llevar a los estudiantes a la lectura. En Medellín (Colombia) se usan en un programa para sacar a chavales del narcotráfico, utilizan los libros para atraerles a la lectura. “Muchos de mis relatos sobre escritores son ejemplos de superación ante la adversidad, historias para reconstruirse a uno mismo. Ese es el punto de conexión con estos jóvenes. Muchos profesores me han dicho que no es lo mismo mencionar a Dostoyevski que contarles que era ludópata y que lo perdía todo en los casinos”, explica el autor. La narrativa una vez más lo cambia todo, hasta la vida de las personas que, por su puesto, tienen su historia.