Uno de los grandes problemas a la hora de hacer la maleta para las vacaciones es la elección de los libros. ¿Cuántos nos llevamos? ¿Que tipo de libros? ¿Papel o electrónico? Alejados del estrés, sin ganas de hacer nada y con todo el tiempo del mundo, nos dejamos llevar por la galbana. La mejor opción es abrir un libro, bucear entre sus páginas y rellenar las interminables horas del estío. A veces cuesta acertar. Nuestra apuesta para esta semana oscila entre la novela negra hasta la infidelidad, entrelazando el country noir con el amor y el desamor.

Bull Mountain, Brian Panowich

Familia- dijo el viejo hablando solo. La palabra flotó en una nubecilla de aliento helado antes de disiparse en la niebla de la madrugada. Riley Burroughs empleaba aquella palabra igual que un carpintero emplea un martillo. A veces le daba un toquecito leve para inclinar a uno de sus parientes a convenir con él, y otras la usaba con la sutilidad de un mazo de cuatro kilos.

‘Bull Mountain’ de Brian Panowich.

La intrépida y original pluma de Brian Panowich (1972) engancha al lector desde el primer instante. El estreno en el universo de la novela, concretamente del country noir, de Panowich llegó avalado por las firmas de James Ellroy y John Connolly. Con su primer trabajo, este bombero de Georgia ganó el premio International Thriller Writers Award 2016 a la mejor primera novela y el premio Pat Conroy Award a la mejor novela negra.

Los Burroughs han vivido siempre en Bull Mountain, al norte de Georgia, traficando con whisky casero, marihuana, metanfetamina y armas. Clayton, el único Burroughs que no se ha dejado seducir por el lado oscuro, termina convertido en sheriff. Un día recibe la visita de Simon Holly, un eficiente y extraño agente federal que le plantea un plan maestro para acabar con todas las actividades ilegales en seis estados. El problema es que Clayton tendrá que mediar con el único y muy peligroso hermano que le queda.

La novela repasa la historia de tres generaciones de la familia Burroughs, a cada cual más desalmado, cruel y despiadado. Asesinos, pendencieros sin alma. Panovich describe la vida de la América profunda de manera impecable. En su redacción no olvida nada, ni siquiera su suciedad, ni su oscuridad. La trama resulta inesperada. Todo es poderoso y brutal. Salvajismo en pleno siglo XXI. Se trata de una novela negra con sabor a clásicos como Chandler o Hammett.

Lejos del corazón, Lorenzo Silva

Quizá el mayor reto del arte de vivir consista en haber descubierto una manera de seguir prendido a los días cuando la vida empieza a mandarte señales de que has empezado a ser prescindible. Y quizá no exista una señal comparable a la que me tocó recibir aquella mañana en la explanada barrida por el viento glacial que bajaba de la sierra: la de ver a uno como tú, pero mejor armado, más limpio y con más hambre de todo, en el sitio exacto que tú ocupaste años atrás.

Lejos del corazón de Lorenzo Silva.

Se trata de la undécima novela de la serie protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, a los que Lorenzo Silva (1966) dio vida hace 20 años en El lejano país de los estanques.

Lejos del corazón arranca con la desaparición en el Campo de Gibraltar de un joven con antecedentes por delitos informáticos. Hay testigos que aseguran haber visto cómo un grupo de hombres lo abordaban en plena calle y lo metían a la fuerza en un coche. Tras su desaparición, los suyos abonan sin rechistar el rescate.

A pesar del pago, nadie vuelve a saber de él y todo apunta a que los captores han acabado con su vida. El subteniente Bevilacqua y la sargento Chamorro reciben el encargo de investigar lo ocurrido. La pareja viaja al Estrecho, a un lugar donde nada es de nadie y todo puede tomarse, donde nadie mira y nadie ve, y donde cualquier cosa es posible.

La saga sigue siendo un regalo. Narrada en primera persona desde el punto de vista del descreído y cínico subteniente Bevilacqua, mantiene, como siempre, un ritmo apasionado y frenético. Una historia en la línea de las anteriores, bien documentada que fisga y desnuda el lado oscuro de la sociedad actual.

 

El extraño verano de Tom Harvey, Mikel Santiago

Yo estaba en Roma cuando Bob Ardlan me llamó. Para ser exactos: estaba con una mujer en Roma, cuando Bob Ardlan me llamó. Así que cuando vi su nombre en la pantalla del teléfono pensé: Qué demonios, Ardlan. No me llamas en una eternidad y vienes a estropearme el mejor momento en mucho tiempo. Y lo dejé sonar.

‘El extraño verano de Tom Harvey’ de Mikel Santiago.

Se trata de un thriller entretenido, lleno de sorpresas que se lee sin esfuerzo y sin parar. Mikel Santiago (1975) no da tregua. Tras conquistar a lectores en todo el mundo con sus dos anteriores novelas (La última noche en Tremore Beach y El mal camino), se consolida en el género del suspense con El extraño verano de Tom Harvey. Ahora bien, Santiago abandona el thriller psicológico y se adentra en un misterio clásico, con más personajes y no tan salvaje y violento como sus anteriores novelas.

El extraño verano de Tom Harvey se convierte en un viaje a través de una galería de 12 personajes estrafalarios, carismáticos y sospechosos que harán que el lector se quede pegado y no pueda para de leer. Un thriller adictivo ambientado en una Italia lujosa y paradisíaca donde la extraña muerte de Bob Ardland se convertirá en el hilo conductor de la trama.

Al misterio que rodea la muerte de Bob Ardlan se le van sumando elementos secundarios, como la muerte de una modelo unos meses atrás, que aparentemente no tiene mayor relación con Bob que el hecho de que fuera él quien encontró el cadáver, o los secretos que cada uno de los personajes parecen guardar, y la relación entre Tom y Elena, su ex mujer.

Santiago esta vez incluye una gran historia de amor. Porque está convencido de que el amor dice mucho de las personas y de que hay diferentes tipos de gentes según su forma de amar. “Tom sabe que su amor por Elena le sirve para cambiar su vida, para hacerle mejor persona. En mi novela hay un homenaje a las personas que aman y luchan por ese amor”, confesaba el autor en la presentación de la novela.

El día que se perdió el amor, Javier Castillo

Eran las diez de la mañana del 14 de diciembre. Un pie descalzo pisó el asfalto de Nueva York y una sombra femenina se dibujó frente a él. El otro pie se posó con cuidado, tocando el suelo con sus finos dedos llenos de suciedad. Estaba desnuda, con la piel pálida, las piernas y los pies renegridos y su largo cabello castaño bailando al son de los vehículos.

‘El día que se perdió el amor’ de Javier Castillo.

Después del impetuoso éxito de El día que se perdió la cordura, con más de 100.000 ejemplares vendidos y una gran acogida internacional, Javier Castillo (1987) regresa con una nueva novela en la que exploraba los límites del amor.

En una entrevista con Efe, Castillo desveló que no habría una tercera entrega puesto que no sería honesto con el relato, a pesar del tremendo éxito de los dos primeros y de que El día que se perdió el amor fuera la novela más vendida de España en las dos primeras semanas que llevaba en el mercado y después de que se agotara en los tres primeros días en las librerías otras tantas ediciones.

De esta manera, el malagueño cierra con El día que se perdió el amor una trama laberíntica de suspense ambientada en el gélido diciembre neoyorquino. Vibrante, trepidante y seductora, El día que se perdió el amor es una inyección de adrenalina, un thriller romántico, una historia frenética cargada de suspense y amor a partes iguales.

Una joven llena de magulladuras se presenta desnuda en las instalaciones del FBI en Nueva York. El inspector Bowring, jefe de la Unidad de Criminología, intentará descubrir qué esconde una nota amarillenta con el nombre de una mujer que horas después aparece decapitada en un descampado. La investigación lo sepultará de lleno en una trama en la que el destino, el amor y la venganza se entrelazan en una truculenta desaparición anterior. A veces el amor te pone en el camino equivocado para que sepas cuánto duele.

La delicadeza, David Foenkinos

Nathalie y François se conocieron en la calle. Que un hombre aborde a una mujer es siempre algo delicado. Ésta no puede por menos que preguntarse: “¿Lo hará a menudo?” Los hombres suelen asegurar que es la primera vez. Si nos fiamos de lo que dicen, es como si, de pronto, gozarán de una gracia inesperada que les permite desafiar su timidez habitual. Las mujeres responden, de manera automática, que no tienen tiempo. Nathalie no fue ninguna excepción. Lo cual era una tontería, pues no tenía gran cosa que hacer y le gustaba la idea de que la abordaran así.

‘La delicadeza’ de David Foenkinos.

La delicadeza es la novela de la esperanza. La novela de un París deslumbrante y seductor en el que el dolor y la vulgaridad se transforman en poesía. Retomar este clásico de David Foenkinos (1974) editado en 2011 siempre es una buena opción. Sonreír de medio lado, regresar a su ingenio mordaz y recordar que, siempre, incluso en los momentos más desesperados cualquier cosa es posible.

Nathalie es una mujer afortunada. Felizmente casada con François, pasa la vida rodeada de risas y libros. Un día la desgracia llama a su puerta: François muere en un accidente. Nathalie se deprime entre las paredes de su casa y se vuelca en su trabajo. Justo cuando deja de creer en la magia de la vida, ésta vuelve a sorprenderla.

El propio David Foenkinos debutó como director de cine llevando a la pantalla su mayor éxito editorial. Lo hizo a pachas con su hermano Stéphane. La ópera prima de los hermanos Foenkinos se presentó como una hermosa cinta romántica que golpea directo al corazón. Para ello se arriesgaron y manteniendo descolocado al espectador durante la primera media hora de metraje.

Protagonizada por Audrey Tautou, el amor que brota en La delicadeza no responde a  convenciones o estereotipos. Al igual que en el libro, la película descubre una visión del amor de largo plazo. Narra una historia que evoluciona y conmueve, una historia que crece con el paso del tiempo gracias a la ternura que regenta la relación. Maravillosas las dos apuestas. ¿Qué hacer primero leer o enfrentarse a la película?

La uruguaya, Pedro Mairal

Me dijiste que hablé dormido. Es lo primero que me acuerdo de esta mañana. Sonó el despertador a las seis. Maiko se había pasado a nuestra cama. Me abrazaste y el diálogo fue al oído, susurrado, para no despertarlo, pero también creo que para evitar hablarnos a la cara con el aliento de la noche.

‘La uruguaya’ de Pedro Mairal.

Pedro Mairal (1970) vuelve a seducir a la crítica y al público con La uruguaya, una novela muy corta, pero profunda y apasionada. Perfecta para los días de descanso y para la playa. Entre sus páginas rezuman el sexo, el dinero, la infidelidad, la crisis existencial, incluso, la traición.

La uruguaya tiene morbo. Desde el primer capítulo el lector se deja llevar por la intriga y quiere saber qué le va a pasar a este decadente escritor cuarentón, casado, que viaja a Montevideo en busca de un dinero y, sobre todo, en busca de una chica mucho más joven a la que conoció en un festival literario y con la que lleva un año manteniendo cierta relación cibernética.

El nombre propio de la uruguaya es Magalí Guerra. El del protagonista, Lucas Pereyra. El escritor no atraviesa su mejor momento, pero la perspectiva de pasar un día en compañía de su idealizada amiga es suficiente para animarle. Una vez en Uruguay, las cosas no saldrán como las había planeado. A Lucas no le quedará más remedio que afrontar la realidad.

La uruguaya es una novela sobre la crisis conyugal que pulula por las promesas rotas y por las diferencias entre lo que verdaderamente somos y aquello que nos gustaría ser.

  • La uruguaya de Pedro Mairal. Libros del Asteroide. 144 páginas.