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El proces vuela sobre el Teatro Real

Los lazos amarillos con los que salieron a salidar Alfons Flores y Lluc Castells deslucieron el estreno de la 22º temporada del Teatro Real

Los Reyes Felipe y Letizia junto a Ana Pastor, Carmen Calvo, José Guirao y Gregorio Marañón durante la inauguración de la temporada del Teatro Real. Javier del Real

Un par de lazos amarillos tuvieron la culpa. Un par de lazos amarillos deslucieron el estreno de la 22º temporada del Teatro Real. Alfons Flores y Lluc Castells, escenógrafo y figurinista de La Fura dels Baus, al finalizar la representación de Faust de Gounod salieron a saludar con el emblema del independentismo en la solapa, hecho que soliviantó al público y provoco que desde el patio de butacas les regalaran grandes abucheos y gritos de «fuera, fuera».

Lo que prometía ser una jornada de celebración y de éxito musical se deslució por culpa de la política. El coliseo madrileño celebraba la inauguración de la temporada con el estreno de Faust  y con la presencia en el palco real de los Reyes, Felipe VI y Letizia Ortiz; la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, el ministro de Cultura, José Guirao; el ministro de Agricultura, Luis Planas y la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor que estuvieron acompañados por Gregorio Marañón, presidente de la Fundación de Teatro Real.

Lo que prometía ser una jornada de celebración y de éxito musical se deslució por culpa de la política

Coproducida por la Nationale Opera & Ballet de Amsterdam, la versión de Faust, de Charles Gounod (1818-1893) aterriza en el coliseo madrileño bajo la batuta del israelí Dan Ettinger, maestro que debuta en Madrid al frente de la orquesta y coro del Real. El montaje, inspirado en el texto original de Goethe, convierte al protagonista en una “especie de Steve Jobs que se ha pasado la vida intentando dar vida a una gran máquina”. Una producción que fue muy aplaudida, sobre todo el trabajo de los miembros del coro, dirigido por Andrés Máspero, quienes arrancaron la mayor ovación por parte del público. No se quedaron atrás los trabajos de los protagonistas  Piotr Beczala (Fausto) y Marina Rebeka (Margarita).

A su llegada, los Reyes fueron recibidos con una gran ovación, que agradecieron saludando al público que abarrotaba el teatro. La representación de Faust se inició tras la interpretación del himno de España.

Entre el público que asistió a la inauguración de la temporada estuvieron Ángel Garrido, presidente de la Comunidad de Madrid, Amaya de Miguel, directora del INAEM; Albert Rivera, presidente de Ciudadanos; Marta Rivera, presidenta de la Comisión de Cultura del Congreso y Alberto Ruiz Gallardón, ex ministro y ex presidente de la Comunidad de Madrid. Habituales en los estrenos, por los pasillos del Teatro Real pasaron Isabel Preyler, sin la compañía de Mario Vargas Llosa; el ex de la filipina Carlos Falcó y su actual mujer Esther Doña; Carmen Lomana, la modelo Eugenia Silva, Nuria González, el empresario Juan Miguel Villa Mir, Iñaki Gabilondo, gran aficionado a la ópera, y Lola Carretero, entre otros.

La propuesta de La Fura surge como un desafío valiente que ha transformado la obra de Gounod en una especie de tragicomedia, un reto que arranca sonrisas por lo grotesco de la apuesta. No se olvida Ollé de que se trata de un viaje al averno, un singladura por las pasiones ocultas del ser humano y guía a la cándida, ingenua e inmaculada Margarita entre lupanares, peep shows y orgías. El amor la lleva a la perdición, a la condena y al repudio. “Siempre he visto a Mefistófeles como el alter ego de Fausto, como las dos caras de la misma moneda. Ahí está esa lucha, la que tenemos todos en el día a día”, explica el director artístico.

La producción fue muy aplaudida, sobre todo el trabajo de los miembros del coro, dirigidos por Andrés Máspero

Estrenada en el Théâtre Lyrique de París, el 19 de marzo de 1859, Faust fue recibida con una gélida respuesta del público francés. Con el paso del tiempo la ópera se ha impuesto poco a poco en el repertorio, pese a las reticencias de los críticos. “Faust empezó muy mal y sin ningún éxito, pero acabó convirtiéndose en uno de los títulos más emblemáticos del repertorio. Aunque se trataba de una ópera francesa, fue Alemania quien la consagró como título, convirtiéndola en una obra imparable y de enorme popularidad”, concluye.

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