Cuando terminó la universidad, Susana estaba «muy desmotivada». Sentía que no había aprendido nada y no sabía qué camino escoger para arrancar en la industria de la moda. En 2017, participó en el reality Quiero Ser, quedando tercera y codeándose con Dulceida, Madame de Rosa y Cristo Báñez.

Conocida como Susana Banana en Instagram, hace dos meses lanzó su primer, pero gran proyecto: The Coolslaw, una marca para «la mujer empoderada e independiente que se arregla para ella misma» y que tiene una clara «inspiración en los años 70 y 80».

Vídeo de presentación de The Coolslaw que Susana García subió a redes en su estreno.

Si tuviera que describirla en clave millennial, The Coolslaw representa a «la mujer disco, como Cher». Susana tenía luz verde para lanzarla en marzo, pero la pandemia frenó sus planes y la llenó de incertidumbre. «Quería sacarla e ir trabajando poco a poco en ella», cuenta.

Para esta colección ha recibido la ayuda de un hada madrina que descubrió su madre en un taller, pero para la próxima quiere «controlar todo, noto que me falta mucho por aprender», por ello, ha prometido continuar formándose dando clases de confección y patronaje.

Aunque sus prendas vayan dirigidas a la mujer, «quiero que a cualquier persona que le guste el género se lo pueda poner». De momento, ha vendido «tres camisetas y el otro día mi primer corsé… (ríe), pero hasta que no le llegue a la clienta y le quede bien no lo cuento como venta».

La gente en España no consume moda emergente

Con extravagantes y coloridos diseños, Susana admite que «cuesta mucho encontrar tu público. La gente en España no consume moda emergente, prefiere gastarse 100 euros en prendas que al final todo el mundo lleva a arriesgarse y comprar algo más especial». Sin embargo, una de sus piezas estrella de la colección ya ha llegado al feed de Ángela Rozas, Madame de Rosa en clave influencer.

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Ángela Rozas, conocida como Madame de Rosa en Instagram, posa con una de las piezas de la colección de The Coolslaw que ha diseñado Susana García.

Su Instagram es una explosión orgásmica de colores pastel, vestidos, bolsos, zapatos y looks con capas y capas de tul que la mismísima Carrie Bradshaw tendría en su armario. Sin embargo ella misma afirma que «todo lo de las redes es falso».

Todo lo de las redes es falso…muchas veces compro la ropa, hago el vídeo y la devuelvo

Con la naturalidad y sinceridad con la que aborda la entrevista, Susana admite que «muchas veces compro la ropa, hago el vídeo y la devuelvo. Hay que adquirir lo justo de fast fashion».

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Desde hace varios años, Susana es íntima de un diseñador que, como ella, empezó su carrera como emergente y ha terminado vistiendo a Rosalía y recientemente a Chiara Ferragni para InStyle. «Me encantaría hacer una colaboración con Dominnico, pero no lo hemos hablado, mi marca es muy pequeña y acabo de empezar». Cuando pidió que llevara sus prendas a la televisión, ella no se lo pensó dos veces. «Tiene un talento increíble, en media hora te hace tres looks».

Antes de lanzarse a crear su propia marca, Susana experimentó con familiares cercanos sus dotes para el diseño. Su amor por Giambattista Valli la llevó a crear el vestido de graduación de su hermana, pero el diseño final «tenía muchas capas y la pobre terminó con una heridas terribles de rasparse con el tul. Son errores de los que vas aprendiendo», relata.

Susana García en Instagram con un vestido de tul de Dominnico.

Susana estuvo la semana pasada en la Mercedes Benz Fashion Week apoyando a Dominnico, entre otros, y la experiencia de la pasarela pandémica «fue una impresión, el espacio estaba vacío, siempre es una locura y esta vez ha sido todo muy tranquilo».

Dominnico tiene un talento increíble, en media hora te hace tres looks

En lo que a la vida de los influencers se refiere, «la gente sabe de qué palo voy. Si les saco una colaboración que no cuadra con mi estilo, lo notarían», afirma rotunda. «Antes de trabajar con una marca siempre digo, “¿le recomendaría esto a una amiga?”».

Susana García en una colaboración con la marca deportiva Puma.

Cada vez que le preguntan cuál es su estilo, no sabe responder. «Creo que no tengo uno fijado, hay días que me encanta ir de negro y otros llevo tops de arcoíris», y admite que las redes sociales le traen demasiados quebraderos de cabeza. «Puedo estar más de un mes sin subir nada. La gente no valora las cosas», concluye.