Se despedía el día con un destello de luz solar dorada entre las hojas de los olmos mecidos por el viento de mayo. Fue uno de esos instantes en los que recibes una noticia que pone paz a tu vida, mientras en algún hospital a alguien le dan el alta, el artista termina su obra, y algún empleado, en alguna parte, termina de trabajar. Ese momento mágico al atardecer en el que ancestralmente siempre tocaba recoger velas y ponerse a cubierto para la noche. Un tiempo que no es de alegría desbocada, sino del pequeño regocijo interior de llegar a casa y ver la luz tras las ventanas.

Aquella tarde de 1977, los pies de Peter Gabriel se posaron sobre un lugar llamado Solsbury Hill en uno de esos momentos mágicos. Imaginemos una colina absolutamente verde sobre la cual vemos, al anochecer, las luces de la ciudad de Bath irse encendiendo poco a poco, en la paz de cada hogar. Él mismo contó que en ese momento escuchó una voz que le habló desde dentro:

Hijo, coge tus cosas, que he venido a llevarte a casa.

No había tal padre. Es su propia voz. Más tarde, cuando le preguntaron por la canción, Peter dejó claro que hablaba del sentimiento de aceptar el cambio, de la armonía personal que hay tras una decisión importante que cambia tu vida y cesan por fin los tambores y el ruido. Él había dejado nada menos que Genesis, la gran banda de la que fue fundador. 

Peter dejó claro que hablaba del sentimiento de aceptar el cambio, de la armonía personal que hay tras una decisión importante»

Fue la primera canción que sacó el genio tras su salida de aquel proyecto, y sacudió al mundo entero con la sencillez de sus armonías y un cierto aire folk preciosista y rural. Y su corazón, según la letra, le hacía “boom boom boom” porque la vida siempre se abre paso en los mágicos instantes en los que todo encaja. 

Una de esas series de culto, que no demasiados conocen, llamada Halt and Catch Fire acaba justamente con ese tema en un final magistral, la película Vanilla Sky de Tom Cruise y Penélope Cruz contiene esta joya en su banda sonora, y han sido varias las versiones que ha recibido, pero siempre será esa canción que abrió las puertas del salto al vacío del que luego sería con mérito propio una de las figuras de la música del siglo pasado. 

Cuando la ilusión hace girar su red, 

nunca estoy donde quiero estar.

Y la libertad hace piruetas

cuando creo que soy libre.

Observado por siluetas vacías, 

que cierran sus ojos pero aún así pueden ver.

Si alguien que lea estas líneas y escuche esta canción consigue llegar al centro de su vida y vibrar con algunas de las frases que se dicen, es posible que sienta también el golpeo del corazón abriéndose camino, buscando ese cambio que a veces, muchas veces, tememos dar. No lo duden, es el momento de los valientes.