Casi un año después de la muerte de Gene Hackman y de su esposa, la pianista Betsy Arakawa, la propiedad en la que vivieron durante décadas en Santa Fe (Nuevo México) ha salido oficialmente a la venta. La información, adelantada por The Wall Street Journal, fija el precio del conjunto inmobiliario en 6,25 millones de dólares, unos 5,7 millones de euros al cambio actual. La imponente finca, de unos 53 acres –algo más de 21 hectáreas–, se encuentra en los números 1424 y 1425 de Old Sunset Trail, en Santa Fe Summit, una urbanización privada situada al noreste del centro histórico de la ciudad. El conjunto construido suma unos 1.200 metros cuadrados, repartidos entre varias edificaciones.

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Hackman y Arakawa residieron allí durante décadas. El actor, ganador de dos premios Oscar y enfermo de alzheimer, murió por una enfermedad cardíaca días después de que su esposa falleciera a causa de un síndrome pulmonar por hantavirus, una patología poco frecuente transmitida por roedores, de acuerdo con el informe de la oficina forense de Nuevo México. La vivienda ha sido vaciada de efectos personales y preparada profesionalmente para su comercialización, aunque en las imágenes realizadas por la agencia inmobiliaria Sotheby’s International Realty se pueden ver muebles y otros enseres –libros, máquinas de gimnasia, incluso un caballete de pintor– que probablemente pertenecieron al matrimonio.

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Los agentes encargados de la venta, Tara Earley y Ricky Allen, asumen que el pasado reciente del inmueble condiciona su salida al mercado. “Aunque normalmente añadiríamos un componente de celebridad a una casa asociada a un actor de este nivel, en este caso la hemos valorado únicamente en función de lo que consideramos el precio justo de mercado”, ha explicado Earley a The Wall Street Journal. La agente admite que “habrá compradores reacios a adquirir una propiedad en la que se ha producido una muerte”, pero subraya que “también hay otros para los que eso no es determinante: estamos vendiendo la casa por sus virtudes y por todos sus aspectos positivos”.

Tradicional y contemporánea

El complejo, que combina aislamiento y accesibilidad –el centro histórico de Santa Fe se encuentra a unos 15 minutos en coche–, cuenta con seis dormitorios, repartidos entre la vivienda principal y una casa de invitados independiente, además de un estudio artístico. La residencia principal, levantada hacia 1997 tras la compra del terreno en los años 90, se aparta del adobe tradicional de la zona y adopta un lenguaje contemporáneo basado en el vidrio, la piedra y el acero, sin prescindir completamente de los guiños a la arquitectura vernácula, con paredes encaladas en tonos tierra e imponentes techos y vigas de madera. Los grandes ventanales de suelo a techo ayudan a integrar el interior con el entorno y articulan los espacios comunes: un amplio salón, una biblioteca con techo textil diseñado para mejorar la acústica donde Hackman solía ver películas y un comedor prácticamente cerrado por cristal.

El anuncio de Sotheby's insiste en el valor arquitectónico del conjunto, concebido por el arquitecto Ed Boniface, especializado en el estilo regional de Nuevo México, como una finca contemporánea que exalta la belleza del desierto y diluye los límites entre interior y exterior. El texto promocional detalla una cocina pensada para grandes recepciones, una suite principal con despacho, gimnasio, sala de juegos y cine en el nivel inferior, así como una casa de invitados de tres dormitorios y un estudio versátil que podría reconvertirse en una tercera residencia auxiliar.

La parcela, en su mayor parte arbolada, incluye piscina, jacuzzi cubierto con vistas a la ciudad, varios espacios exteriores para reuniones o meditación, un green de golf privado y garajes para hasta seis vehículos.

Prohibidas las visitas morbosas

Earley reconoce que la propiedad tiene pendientes algunas mejoras, y que está previsto instalar un nuevo tejado a partir de este mismo mes. Para evitar visitas motivadas por la curiosidad morbosa, la agencia comprobará previamente la solvencia económica de todos los interesados antes de autorizar las visitas.

El inmueble sale a la venta tras un proceso marcado por la trágica muerte de Hackman y Arakawa. Ambos fueron hallados sin vida el 27 de febrero de 2025 en su residencia por dos trabajadores de mantenimiento. La puerta principal estaba entreabierta, aunque no presentaba signos de haber sido forzada, y los cuerpos presentaban claros indicios de descomposición. Arakawa fue encontrada en un cuarto de baño, con pastillas esparcidas sobre la encimera, mientras que el cuerpo del actor apareció en la zona de la entrada, junto a un bastón y unas gafas de sol. En la vivienda se halló también uno de los perros del matrimonio muerto.

En un primer momento, las autoridades consideraron las circunstancias “lo suficientemente sospechosas” como para abrir una investigación, aunque descartaron indicios de violencia, traumatismos o intoxicación por monóxido de carbono. Días después, la forense jefa de Nuevo México confirmó que ambos fallecimientos se debieron a causas naturales: Arakawa murió antes por un síndrome pulmonar de hantavirus y Hackman lo hizo aproximadamente una semana más tarde por una enfermedad cardiovascular agravada por el alzheimer que padecía.

Una herencia controvertida

La casa forma parte del patrimonio del actor, estimado en unos 90 millones de dólares. Aunque no se han hecho públicos los términos completos de los fideicomisos de Hackman, en su testamento designó a su esposa como heredera universal de sus bienes. Dado que Betsy Arakawa falleció antes que él, todo apunta a que el destino final de su patrimonio, incluida su vivienda de Nuevo México, corresponde a sus tres hijos de un matrimonio anterior –Christopher Allen Hackman, Elizabeth Jean Hackman y Leslie Ann Hackman–, considerados sus herederos legales por la jurisprudencia del estado de Nuevo México aunque no mantenía relación con ellos.

Casi un año después, la vivienda donde tuvo lugar la triste muerte de uno de los grandes actores contemporáneos y que conmocionó a Hollywood protagoniza una de las operaciones inmobiliarias más singulares del mercado de lujo estadounidense: una finca de alto valor arquitectónico y paisajístico, inseparable ya del peso biográfico y del final trágico de quien fue uno de los grandes intérpretes del cine norteamericano del siglo XX. Está por ver si Tara Earley y Ricky Allen logran convencer a algún adinerado cliente dispuesto a enamorarse del lugar y apoquinar los millones.