Todos los años, para celebrar la despedida del Carnaval, España se prepara para festejar a una de sus tradiciones más singulares y cargadas de simbolismo, el "Entierro de la Sardina". Esta costumbre tan popular marca el tránsito entre el desenfreno carnavalesco y el inicio de la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Aunque en la actualidad su celebración varía según la comunidad autónoma, con disfraces, carrozas y ritos propios, existe un elemento común que une a casi todas: la sardina es la protagonista de este ritual festivo.
El origen de una parodia fúnebre con espíritu festivo
El Entierro de la Sardina representa la forma de un cortejo que imita un funeral, pero desde una perspectiva humorística. Una sardina, fabricada normalmente en madera, cartón o tela, es conducida por las calles acompañada de personas disfrazadas que simulan el luto. El desfile, acompañado de música, sátira y celebración convierten el acto en una auténtica fiesta popular que culmina con el entierro o la quema de la mítica sardina.
El origen del Entierro de la Sardina no es tan antiguo como algunas personas piensan. Se sitúa en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III en la capital, todo lo que sabemos se mueve entre la documentación histórica y la leyenda urbana. Una de las teorías más extendidas señala que en 1768 el monarca ordenó distribuir entre el pueblo de Madrid un cargamento de sardinas destinado al consumo durante la Cuaresma, dado que durante esos días de preparación para la Semana Santa se debe prescindir de la carne roja los viernes.
El problema surgió cuando el pescado llegó en mal estado, desprendiendo un fuerte olor que hacía imposible su aprovechamiento. Ante esta situación, las sardinas fueron enterradas en las inmediaciones del río Manzanares. Esta solución, que generó burlas y comentarios populares, acabó convirtiéndose en una manifestación festiva que coincidiendo con el final del Carnaval.
Más allá de su anécdota histórica, el Entierro de la Sardina, también se inscribe dentro de una tradición simbólica más amplia, vinculada a antiguos rituales europeos de despedida del invierno y renovación cíclica. La sardina encarna los excesos del Carnaval como la comida abundante, la fiesta sin límites y la inversión de las normas sociales, un concepto que acabó extendiéndose por todo el país.
¿Cómo se celebra en Madrid?
En Madrid, la pervivencia del Entierro de la Sardina se debe en gran medida a la labor de las cofradías, asociaciones religiosas formadas por un conjunto de fieles. La más conocida es la Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina, impulsada a finales del siglo XX por el anticuario Serafín Villén y un grupo de amigos que rescataron la celebración del olvido. Su sede se encuentra en la calle Rodrigo de Guevara, antigua tienda de Villén, donde aún se conservan los féretros utilizados en los desfiles.
El atuendo de las cofradías en este festejo se basa en una capa negra y chistera, con el que los cofrades realizan cada mes de febrero un recorrido matinal por el Madrid de los Austrias hasta la plaza Mayor. Tradicionalmente, las cofradía está integrada por hombres únicamente, mientras que las mujeres participan a través de una agrupación paralela conocida como la Alegre Cofradía del Boquerón.
Ese día, la celebración continúa por la tarde desde la ermita de San Antonio de la Florida, donde se suma la Asociación Comparsa de Gigantes y Cabezudos. El cortejo avanza hasta la Fuente de los Pajaritos, en la plaza de las Moreras de la Casa de Campo, lugar que la tradición señala como el escenario del entierro original. Allí se enciende una hoguera y se despide oficialmente el Carnaval.
La tradición del Entierro de la Sardina siglos más tarde sigue plenamente vigente. En ciudades como Murcia alcanza una dimensión multitudinaria y espectacular, mientras que en Madrid conserva un carácter más simbólico, religioso y vinculado a barrios históricos y pese a sus variaciones, la tradición mantiene intacta su esencia.
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