El ruido llega antes que las imágenes. Sirenas. Voces superpuestas. Una frase que cae como una losa: "La resolución del problema es más importante que los que puedan plantear esta conflictividad social". Así arranca Reinosa 1987: El precio de la reconversión industrial, el documental de Richard Zubelzu que se estrena este viernes 6 de febrero en Filmin tras su paso por salas y su llegada previa a Prime Video.
La película reconstruye los disturbios que sacudieron la ciudad cántabra de Reinosa en la primavera de 1987, cuando la reconversión industrial golpeó de lleno la siderurgia y la vida cotidiana de toda una comarca. "Sabíamos que algo podía pasar, pero no sabíamos qué", recuerda uno de los protagonistas de aquello. Lo que pasó fue una ciudad cercada, enfrentamientos con la Guardia Civil, heridos graves, pelotas de goma disparadas “sin ningún tipo de miramiento” y una sensación compartida: "Esto no nos va a salir gratis".
Dirigido por Zubelzu y escrito y producido por Magda Calabrese, el documental articula su relato a partir de imágenes de archivo, audios de la época y testimonios directos de quienes estuvieron allí. Sindicalistas, vecinos, periodistas, una ayudante de Cruz Roja o un guardia civil reconstruyen un episodio que, durante décadas, ha quedado reducido a titulares y estigmas. "¿Quiénes quedan como los bárbaros de toda esta historia? El trabajador", dice una de las voces.

"No fue una reconversión, fue desindustrialización"
Entre los participantes figuran Alfonso del Amo, Rafael de Andrés, Marosa Montañés, Javier Bocos, José Antonio Alonso Camino, el fotoperiodista Ángel Colina, Marcos Gutiérrez, Mari Gutiérrez, Julia Ahumada, Misael Arturo López Zapico y Mon Fernández. El historiador López Zapico aporta el contexto político y económico de unas decisiones que, según el filme, supusieron algo más que una reconversión: "No fue reconversión industrial, fue desindustrialización". Las cifras que se escuchan en pantalla –entre 25.000 y 30.000 empleos en riesgo de desaparición– explican la magnitud del conflicto.
La película también se detiene en cómo se contó lo ocurrido. Varios testimonios apuntan a que aquellas movilizaciones se narraron como un problema de orden público y no como un conflicto laboral, alimentando un relato que aún pesa sobre la memoria local. "Se vendió como una victoria, pero el resultado fue el mismo que antes de todos los disturbios. Nos costó una vida", resume uno de los protagonistas.
Zubelzu ha explicado en distintas entrevistas que el origen del proyecto es íntimo: el recuerdo de un niño de nueve años que veía llegar heridos al centro de salud desde la ventana de su casa. "Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro", sostiene el director, que plantea el documental como una forma de devolver complejidad a un episodio simplificado y de interrogar sus consecuencias casi cuatro décadas después, cuando la población de Reinosa se ha reducido de forma drástica.
Reconocido por IMDb como el segundo mejor documental español de 2025 según la valoración del público después de Tardes de soledad, Reinosa 1987 se consolida ahora con su estreno en Filmin como una de las obras más visibles del documental social reciente. No propone respuestas cerradas ni lecturas heroicas. Deja, más bien, una pregunta suspendida entre el ruido de las sirenas y el silencio posterior.
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