La directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, ha salido al paso de la “tormenta mediática” que, según sus propias palabras, ha marcado los primeros días del certamen, inaugurado el pasado jueves. El sábado, Tuttle difundía un comunicado tras una oleada de críticas en redes sociales dirigidas contra varios invitados por sus respuestas –o su negativa a responder– a preguntas de carácter político.

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El episodio que encendió la polémica tuvo lugar en la primera rueda de prensa, el jueves 12, cuando el presidente del jurado internacional, Wim Wenders, fue interrogado sobre si el apoyo de Alemania a Israel –y la financiación pública del festival– comprometía la libertad de expresión del certamen. “Tenemos que mantenernos al margen de la política”, respondió. “Si hacemos películas que son abiertamente políticas, entramos en el terreno de la política. Pero nosotros somos el contrapeso de la política”.

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El fragmento circuló de inmediato en forma de vídeo breve y generó una reacción en cadena. La escritora india Arundhati Roy canceló su participación prevista en la Berlinale y calificó las declaraciones de “inadmisibles”. “Escucharles decir que el arte no debería ser político deja sin palabras”, escribió. “Es una manera de cerrar una conversación sobre un crimen contra la humanidad mientras se está desarrollando ante nosotros en tiempo real”. La organización respondió que “respetamos esta decisión” y lamentaba no poder contar con su presencia.

Nada que decir

No fue un caso aislado. La actriz Michelle Yeoh, Oso de Oro honorífico, fue preguntada en su comparecencia por la situación política en Estados Unidos y respondió: “No creo que esté en posición de hablar realmente sobre la situación política en Estados Unidos”. El actor Neil Patrick Harris, presente con Sunny Dancer, señaló: “Aunque tengo mis propias opiniones políticas, nunca leí este guion como una declaración política”.

Frente a esas respuestas, otras voces asumieron un posicionamiento explícito. La directora finlandesa Hanna Bergholm acudió a su rueda de prensa con un pin de sandía en apoyo a Palestina y defendió: “Como personas adultas, creo que tenemos la responsabilidad de alzar la voz contra la violencia y contra la injusticia, porque no hacerlo también es una elección”.

En su comunicado, compartido este sábado, Tuttle –que asumió el cargo en abril de 2024 y no ha dudado en posicionar el festival renunciando, por ejemplo, a estar en X– defendió a los invitados y al jurado. “Se ha pedido libertad de expresión en la Berlinale. La libertad de expresión está teniendo lugar en la Berlinale”, escribió. Pero advirtió de una dinámica que considera problemática: “Cada vez más, se espera que los cineastas respondan a cualquier pregunta que se les plantee. Se les critica si no responden. Se les critica si responden y no nos gusta lo que dicen. Se les critica si no pueden condensar pensamientos complejos en una frase breve cuando se les pone un micrófono delante y creían que estaban hablando de otra cosa”.

Un festival lleno de cine político

La directora lamentó que el festival y “los cientos de cineastas y personas que trabajan en él” queden “reducidos a algo que no siempre reconocemos en el discurso online y mediático”. Recordó que en esta edición se proyectan 278 películas, muchas centradas en genocidios, violencia sexual en la guerra, corrupción o abuso de poder de los Estados, y subrayó que algunos de sus autores afrontan prisión, exilio o incluso amenazas por su trabajo.

“Los artistas son libres de ejercer su derecho a la libertad de expresión del modo que elijan”, insistió. Y añadió que no deberían “verse obligados a pronunciarse sobre todos los debates más amplios acerca de las prácticas pasadas o actuales de un festival sobre las que no tienen ningún control, ni a hablar de cada cuestión política que se les plantee, salvo que quieran hacerlo”.

Mientras tanto, sobre la pantalla, el festival ha mantenido su tradición de cine abiertamente político. En la alfombra roja inaugural, creativos iraníes mostraron carteles con el lema “Free Iran”, y la Asociación de Cineastas Independientes de Irán organizó una acción en Potsdamer Platz para recordar a las víctimas de las protestas de enero de 2026.

La discusión ya no gira en torno a si la Berlinale es política –lo ha sido desde su fundación en plena Guerra Fría– sino a cómo se articula ese debate en la era del clip viral. La dirección ha defendido que el espacio para hablar existe. La incógnita es si el clima que rodea a las ruedas de prensa empieza a condicionar quién interviene y en qué términos.