Pablo Fernández no es la víctima clásica de lo que hoy entendemos por una funa, pero su desliz con una imagen falsa de IA ilustra muy bien cómo funcionan hoy los linchamientos digitales y qué entendemos por "funar" a alguien en redes sociales.

PUBLICIDAD

El caso Pablo Fernández, así empieza todo

Todo arranca con una foto publicada por la periodista Rebeca Crespo, de La Gaceta. En ella aparece una mujer con niqab en el metro de Madrid, como parte de una cobertura sobre el uso de esta prenda en España. Poco después, empieza a circular una secuencia de imágenes, aparentemente generadas con inteligencia artificial, en las que se ve a la propia Crespo "disfrazándose" con ese mismo atuendo para fabricar una noticia falsa. Esas imágenes se presentan como prueba de que la periodista habría montado un engaño mediático.

PUBLICIDAD

Sobre ese material manipulado se desencadena una campaña contra Crespo. En ella usuarios y figuras públicas la acusan de inventarse la historia y de engañar a la audiencia. Entre quienes amplifican el ataque se encuentran el secretario de organización de Podemos, Pablo Fernández. Él comparte el montaje y lo da por bueno en sus perfiles. El clima que se genera en redes es el perfecto caldo de cultivo para lo que entendemos como una "funa"; una acusación pública con un señalamiento masivo.

La verificación desmonta el bulo

La escalada cambia de tono cuando entran en juego las plataformas de verificación. Equipos profesionales analizan las imágenes y concluyen, con una probabilidad superior al 99%, que se trata de un montaje creado con inteligencia artificial.

Una vez desmontado el bulo, la dinámica en redes se invierte. Pablo Fernández acaba reconociendo públicamente que se ha "comido un bulo". Con ello, pide disculpas, borra su publicación y llama la atención sobre el potencial de estas herramientas tecnológicas para arruinar la reputación de cualquiera. El episodio retrata la velocidad con la que se puede lanzar una campaña de descrédito y lo lento, en comparación, que es el proceso de rectificar y reparar el daño.

Qué es exactamente una funa

En el contexto hispanohablante, "funar" se usa para describir la acción de denunciar y exponer públicamente a alguien por una conducta considerada reprobable generalmente a través de redes sociales. Es un acto de acusación pública que busca visibilizar un comportamiento, ponerlo en el foco de la crítica y activar una condena social. En su origen reciente, la funa se asocia a causas de justicia social, como denunciar violencias, abusos o acosos que muchas veces no encontraban respuesta en los canales institucionales, como se vio en el movimiento #MeToo.

Con el tiempo, la práctica se ha extendido más allá de casos graves. Ha empezado a abarcar desde denuncias legítimas (violencia física, sexual, económica o psicológica) hasta cuestiones mucho más discutibles, como simpatías políticas o hábitos cotidianos. Por un lado, es una herramienta de empoderamiento y visibilización; y por otro, una forma de persecución y control social que puede derivar en abuso.

Otros ejemplos de "funas" en redes sociales

Pablo Fernández no es el único que ha sido "funado" en redes. En noviembre de 2024, Rubén Gisbert, colaborador del programa Horizonte de Cuatro, se convirtió en objeto de una intensa polémica en redes sociales. Tanto en RR.SS como en medios de comunicación se difundió un vídeo en el que se le ve arrodillándose intencionadamente en el barro antes de una conexión en directo durante la cobertura de la DANA que afectó a Valencia.

La escena, captada por un vecino, fue ampliamente compartida en plataformas como X y generó una ola de críticas por parte de usuarios y profesionales de la comunicación. Ellos consideraron su gesto como una explotación sensacionalista de una tragedia que causó más de 200 muertos. Además, fue visto como una falta de respeto hacia las víctimas y la audiencia. La repercusión fue tal que el presentador Iker Jiménez, conductor del espacio anunció que no contaría más con Gisbert en futuras coberturas.

En el mundo del deporte tampoco se quedan atrás. La celebración del 18.º cumpleaños de Lamine Yamal, jugador del FC Barcelona se convirtió en foco de una intensa controversia pública después de que personas con enanismo fueran contratadas como parte del entretenimiento del evento. La Asociación de Personas con Acondroplasia y Otras Displasias Esqueléticas con Enanismo (ADEE) presentó una denuncia y anunció que emprendería "acciones legales y sociales" contra Yamal. Ellos consideraron que la contratación de estas personas podía suponer una vulneración de la Ley de Derechos de las Personas con Discapacidad.

La controversia se extendió rápidamente por redes sociales. Usuarios y colectivos criticaron el enfoque del festejo y la presunta falta de sensibilidad hacia un colectivo vulnerable. A raíz de ello, el Ministerio de Derechos Sociales de España solicitó a la Fiscalía que investigaran si se había vulnerado la normativa vigente.