El gusto por la porcelana fina de tres hombres franceses ha terminado en el banquillo. Según informa Efe desde París, todos ellos han reconocido ante un tribunal de la capital francesa haber sustraído durante años piezas de la vajilla del Palacio del Elíseo, sede de la presidencia francesa, y haberlas vendido después por internet. La Fiscalía ha pedido para ellos penas de entre 18 y cuatro meses de prisión. La sentencia se conocerá el 16 de abril.

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El principal acusado es Thomas G., encargado de la custodia de la porcelana del palacio, fabricada por la histórica Manufactura Nacional de Sèvres, proveedora de los jefes de Estado franceses desde la monarquía. Para él, considerado la pieza clave del robo, el Ministerio Público ha solicitado 18 meses de cárcel –que podría cumplir en arresto domiciliario–, otros seis meses exentos de cumplimiento y 10.000 euros de multa.

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Durante tres años, Thomas G., experto en la mesa del palacio presidencial, ha ido sacando platos, vasos y otros objetos en su mochila. Nunca era registrado a la salida. Según la acusación, ha acumulado una colección de bienes pertenecientes al patrimonio nacional hasta que, acuciado por problemas financieros, ha comenzado a venderlos junto a su pareja, Damien G., coleccionista de antigüedades y responsable de las transacciones en línea.

Bienes por valor de más de 300.000 euros

Para Damien, la Fiscalía ha pedido seis meses de prisión más otros 18 sin cumplimiento y la misma multa. Buena parte de las piezas terminaron en manos de Ghislian M., vigilante del Museo del Louvre y aficionado declarado a la porcelana. Para él se han solicitado cuatro meses de prisión y otros 20 sin cumplimiento, además de 10.000 euros de multa.

El valor de lo sustraído, según la estimación presentada por Sèvres como acusación particular, supera los 317.000 euros. Los acusados han rebajado la cifra a unos 15.000, apoyándose en precios de internet. En esa diferencia ha descansado buena parte de la estrategia de la defensa, que ha pedido indulgencia y, en el caso de Ghislian, la absolución por desconocer el origen ilícito de los objetos.

Los tres han reconocido los hechos y han pedido perdón, aunque han rechazado haber organizado un sistema estructurado de desvío. “Cuando tuvimos problemas financieros empezamos a venderlos”, ha declarado Thomas, que ha relatado que llegó a no poder pagar el depósito de gas que alimentaba la calefacción de su domicilio en la región parisina. Ha admitido haberse “dejado llevar” por la facilidad de acceso y ha negado que su intención inicial fuera enriquecerse: “Era admiración”.

Red de mentiras

Damien ha sostenido que al principio ignoraba el origen de las piezas. “Pensaba que eran regalos de sus compañeros o de sus jefes. Me fui dando cuenta con el tiempo”, ha afirmado ante la jueza. A Ghislian le dijeron que procedían de la herencia de un abuelo. “Ni siquiera sabía que Thomas trabajaba en el Elíseo”, ha asegurado, y ha añadido que comenzó a sospechar tras ver un reportaje en televisión.

La trama salió a la luz cuando los responsables de la vajilla detectaron ausencias reiteradas. Seis personas tenían acceso a las piezas, pero las sospechas recayeron pronto sobre Thomas, encargado también de inventariarlas. Los registros domiciliarios confirmaron lo que ya era visible en la red: las piezas estaban en venta.

Entre lágrimas, Thomas pidió perdón al Elíseo por haber traicionado la confianza depositada en él; Damien lo hizo “a la sociedad”; y Ghislian, a la Manufactura de Sèvres, de la que se declaró admirador. La porcelana, al menos por ahora, ha vuelto a su lugar.