Esta semana, acodados en la barra de aluminio de un bar de Tetuán, escuchamos a un miembro de una banda indie de Madrid poner a parir la última canción de Alcalá Norte. "No hay quien la escuche", repitió tres o cuatro veces ante sus colegas, que asentían sin mucha convicción. Cuesta creer que alguien que haya oído El hombre planeta –primer tema nuevo de Alcalá Norte desde que la publicación de su primer disco en 2024 les convirtió en una de las últimas revelaciones de la música española– pueda pensar que es una canción inescuchable. Escrita por el letrista y vocalista del grupo, Álvaro Rivas, está inspirada en Las noches florentinas, el cuento de 1836 en el que el poeta romántico alemán Heinrich Heine retrató al violinista italiano Niccolò Paganini como un genio del inframundo que vendía su alma al diablo para alcanzar el virtuosismo. Y redunda en la reputación de sabio excéntrico de Rivas, que disfruta aterrizando referencias de altura en sus temas. Pero ni Heine, ni Paganini ni "la música de las esferas" son obstáculos sino el cebo eficaz para engancharse a una canción redonda que a la segunda escucha ya se le ha pegado a uno como un chicle gracias al paladeo seductor del cantante y a su estribillo brillante, al riff de guitarra de Carlos Elías y a una atmósfera sonora que apela a los 80 sin estrellarse en la mera nostalgia.
Así que es más que probable que el indie del bar de Tetuán no esté más que respirando por la herida. Él y su banda, de momento, no han trascendido mucho más allá de la escena madrileña, mientras que Alcalá Norte afronta esta semana sus primeros compromisos allende el océano. Su minigira mexicana ha arrancado este sábado en el festival Vive Latino de Ciudad de México, el más grande de Latinoamérica, y refrenda la trayectoria ascendente del grupo encabezado por Rivas y su baterista Barbosa, dos años después de que su canción La vida cañón –recomendada por Rosalía y cuyo título ha servido para etiquetar el bienestar boomer frente a la precariedad juvenil a través de un libro homónimo– cristalizara como un himno instantáneo.
"Ayer Barbosa me lo decía, que cuando hablábamos de Latinoamérica él veía que se me iluminaba la mirada, que no había detectado esa ilusión en mí por nada de Alcalá Norte desde hacía mucho tiempo", explicaba Rivas a El Independiente en conversación telefónica, con la voz tomada por la alergia, un día después de cumplir los 31 y en vísperas del lanzamiento de El hombre planeta y de su viaje a México para actuar en el Vive Latino, en Monterrey (20 de marzo) y en Guadalajara (21 de marzo). "Y no sabría explicar muy bien por qué. Igual es la fascinación del turista. Me parece increíble tener la posibilidad de tocar en sitios que están tan lejos. Allí vamos a darnos a conocer, lo cual me parece tremendamente estimulante. Al final aquí lo que tenemos son festivales que una vez has ido a cinco te conoces los otros 30, y giras de salas con la exigencia de que tiene que venir la peña a saco y demostrar un crecimiento de un año al otro. Pero en México es como volver al principio de Alcalá Norte en España. Es como, tío, tenemos la suerte de estar aquí, vamos a dar un buen show, a ver quién demonios se viene y a ver si se hace bola para que dentro de seis meses haya más gente pendiente de nosotros. Pero hay menos presión y sobre todo una sensación muy clara de agradecimiento, de qué oportunidad más guapa y a ver si nos toca el gordo. Y habrá que trabajar, y seguramente si no sale a la primera como querríamos será menos ilusionante y más estresante o igual directamente hay que renunciar al objetivo, pero por el momento es como una peli, tío".
El peso de la composición
En 2024, por San Isidro, Lucas Méndez entrevistaba para este periódico a una entonces desconocida banda madrileña fundada por tres amigos de ese barrio encrucijada donde San Blas se encuentra con Arturo Soria y con el Barrio de la Concepción, que en tiempos se llamaba la Cruz de los Caídos por metonimia con el monumento que hubo allí hasta 1987 y que hoy va camino de acabar adoptando el nombre del centro comercial que Rivas y Barbosa escogieron para su grupo. En menos de dos años, el cantante y letrista ya habla en términos estratégicos de sus primeros pasos en América mientras la banda confecciona su segundo álbum, del que El hombre planeta es adelanto y que saldrá después del verano, y con una cita rubicón en el horizonte: su concierto en el Movistar Arena, palabras mayores, el 20 de febrero del año que viene.
¿El disco está terminado? "Qué va, qué va… Hay unas cuantas canciones que están bastante avanzadas, pero ni siquiera sé si todas esas entrarán", reconoce Rivas. "Así que no sabría decirte cuántas hay. Si mañana nos dicen que hay que sacarlo ya, con un poquillo de prisa ya lo tendríamos. Pero si podemos tener unos cuantos descartes, seguro que mejor".
Además de la voz cantante, Rivas lleva el peso de la composición. Sus compañeros le aplauden lo que él llama las "canciones Netflix", temas con una historia reconocible que la afición pueda reconstruir en su cabeza cuando las corea e incorporar al imaginario también un poco netflixero de Alcalá Norte, que parece una banda salida de Stranger Things, con sus referencias retro y sus reconocibles carismas individuales, con el jevi Barbosa a la cabeza y el loco Rivas mezclándose entre el público en pogos frenéticos. Él siente el peso de esa responsabilidad, pero trata de mantener la cabeza fría y el control creativo y de calidad de las canciones. A veces, dice, comete el error de llevar al estudio ideas embrionarias que luego le cambian entre todos. En esas ocasiones, "abandonar el fondo para preservar la forma me genera la sensación de que lo que he construido después es un apaño, y esa es la sensación que tengo con algunas canciones, pero también te digo que en el primer disco hay cosas que no me gustan y que aun así las he cantado, también porque no había otras. Y en el segundo disco habrá un poco más de lo mismo".
Todo ello sin obsesionarse con que todas las canciones tengan madera de hit. "Si quisiéramos que todos los temas del disco fueran himnos perderíamos los nervios, tío. Con que vayamos haciendo canciones y todas le molen a uno, dos o tres de la banda, yo creo que con eso ya tiramos. Además, a ti te puede molar mucho una canción, pero si no le gusta a la gente no va a ser un himno. ¿Qué manera tienes de cerciorarte de que has parido un himno? Probablemente ninguna".
De la amistad a la sociedad
No es fácil que un grupo nacido en 2019 de la amistad se transforme en sociedad de manera armónica. Ellos han tenido sus más y sus menos, pero lo han conseguido. "Somo una sociedad creativa donde cada uno aporta sus movidas y donde nos repartimos igualitariamente las rentas, eso es lo que somos", corrobora Rivas. Del núcleo original quedan Barbosa y Rivas, "con una división de tareas y de atención de la peña bastante orgánica. Hay cosas, como la manera en que yo me comunico por internet, por ejemplo, que no les encaja tanto como lo que hace el Admin [Pablo Prieto, bajista y gestor de las redes sociales del grupo]. En el escenario sí que es verdad que Barbosa y yo llevamos la voz cantante. Vamos, yo canto y él grita. Y a mí eso me gusta, la verdad. En el escenario, de hecho, es donde mejor percibo que somos un equipo. Luego quizás en las entrevistas él es el rey de la labia y yo, como soy el que se curra las historias, tengo más cosas que añadir. Pero me gusta el tándem que formamos. Yo las cosas que escribo, naturalmente, las saco de mí, pero busco su consejo, sobre todo por una cuestión de tamizado. Aunque cada vez le lanzo menos, porque he aprendido a anticiparme a lo que a él le va a molar. Todas las últimas cosas que le he llevado le han gustado".
"Seguimos aprendiendo"
Rivas escribe como canta, pensando en golpes de voz. Aunque el éxito le ha obligado a replantearse su manera de interpretar. "Cuando grabamos el primer disco lo hice todo de manera inconsciente y sin reflexión, sin formación ninguna. Pero luego he aprendido, voy a clases de canto para no hacerme daño, de hecho tuve una lesión hace unos meses. Y a la hora de grabar este segundo disco, la banda ha tenido que hacer conmigo un esfuerzo de sacarme esa... tú lo has llamado paladeo pero no sé muy bien lo que era, que tiene que ver con las vocales y con una manera concreta de pronunciar poco ortodoxa que se dio en el primer disco. Al principio generaba preocupación por si no se me entendía, pero terminó convirtiéndose, según me cuentan en la banda, en una seña de identidad. Y es curioso porque ahora cuando estoy grabando intento transportarme en el tiempo al verano de 2023 para desbloquear esas configuraciones vocales. En cierta manera la banda pide que la voz esté un poquito enterrada, que pronuncies de maneras raras para darle estilo aun a cosa de perjudicar un poco la comprensión. Seguramente sea la memoria del primer disco y lo siguen queriendo así. Y yo lo entiendo, tío, porque no quieres ser una de esas bandas karaoke en las que la voz está muy presente. Pero al final tienes a la peña entrando a buscar la letra en internet. No sé, es un ejercicio divertido. Cuando vuelvo a cantar así en el estudio la banda empieza a vitorearme. Yo tampoco me he enterado muy bien de lo que ha pasado, pero en fin, si a ellos les mola, a qué me voy a poner exigente yo ahora. Es todo un equilibrio, y al final es que seguimos aprendiendo. Hemos tenido mucha suerte, pero esto no deja de ser la segunda vez que me meto a un estudio de grabación".
Pregunta: ¿Cuáles dirías que son vuestros referentes en el panorama musical o las bandas con las que os disputáis un espacio?
Respuesta: Cada vez tengo menos claro quiénes están cerca de nosotros. A mí me gusta mucho la trayectoria de Arde Bogotá y de Carolina Durante. Son bandas de gente relativamente cercana en edad, y tenemos personas en común con la que trabajamos. Antonio, de Arde Bogotá, por ejemplo, está con mi profe de canto. Son gente que más o menos veo de dónde vienen y adónde han ido y digo, ah, pues gracias por desbrozar la senda. Los Fontaines D.C., por ir a lo internacional, están haciendo una cosa en la que me siento representado, pero más allá de eso, no sé… A medida que he ido conviviendo con otras bandas en festivales, y esto ha sido Barbosa el que me lo ha enseñado, cada vez me doy más cuenta de que no tengo absolutamente nada que ver con esa gente, y que sencillamente nos dedicamos a ser músicos y por tanto los intermediarios con los que tratamos son los mismos y nos juntan en los mismos festivales a tocar. Pero cuanto más tiempo pasas cerca dices, pero ¿qué tendrá que ver esta banda conmigo? O sea, ¿qué demonios habrá visto alguien en común entre nosotros como para meternos en la misma playlist más allá de la pura coincidencia temporal? Así que no sabría decirte.
P.– ¿Y qué música estás escuchando últimamente?
R.– Yo he escuchado mucha música, porque mis colegas del cole, el Stella Maris, aquí en la Conce, hicieron casi todos de DJs y yo fui detrás. Uno quiere integrarse, y al final compraba mucha música y pinchaba con ellos. Entonces he escuchado de todo, pero la verdad es que no sé si algún tipo de evento traumático en mi vida o algo así hizo que dejase de escuchar música prácticamente de sopetón cuando formé la banda, más o menos. Desde 2019 apenas he escuchado más que a algunos grupos de rap que me han gustado, tanto instrumentalmente como por la lírica y el universo propio que construyen. De hecho, lo que más me mola de esas últimas experiencias mías de escucha intensiva de grupos, que han sido de rap, es la construcción de un universo propio del que te sientes parte en cuanto escuchas tres, cuatro o cinco canciones y comprendes los códigos y conectas una canción con la otra. Eso me mola y me inspira y creo que es lo busco también en Alcalá Norte. Los Beatles también los he escuchado bastante… pero no, realmente no es verdad. Vi el último documental, y luego me puse otro de Los Beatles en América y me moló, pero luego no los he escuchado, porque es que no escucho música, de verdad.
P.– ¿En tu casa se escuchaba música?
R.– Sí, mi viejo me ha puesto bastante rock anglosajón que ha determinado mi gusto, la verdad. La mayoría de las referencias que aplico en la banda son cosas que comparto con mi padre. Por eso a él le mola bastante lo que hacemos, y yo en cierta manera siento que hago canciones para que le molen a él y a todos sus coleguitas. Nuestro producto está hecho para la generación de nuestros padres, está claro. Ahora bien, es natural que haya un cierto tirón generacional y que la peña que le mola la música esté yendo a nuestros conciertos. Por eso a mí, sabiendo que he concebido esto para molarle a los viejos, cuando vienen los jóvenes, los más nenes, pues me hace mucha ilusión.
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