Studio Ghibli es uno de los grandes impulsores de la animación japonesa. Aunque el germen surgió en 1984 con Nausicaä del Valle del Viento, no fue hasta 1986 cuando se estrenó en la gran pantalla la primera de una serie de exitosas producciones bajo el 'sello Ghibli': El castillo en el cielo. Esta historia irrumpió en la cultura nipona llenando de nostalgia, magia y ternura las salas de cine para, poco después, dar el salto a la fama internacional. Tras ella, vinieron otras como Mi vecino Totoro (1988), La princesa Mononoke (1997) o El viaje de Chihiro (2001) cuya atmósfera mágica las posicionó en el imaginario popular tanto dentro de la sociedad japonesa, como en el resto del mundo.
Las historias dirigidas por el cineasta japonés, Hayao Miyazaki, tenían –y tienen– algo especial que las hace diferentes llegando, al público de todas las edades a pesar del paso del tiempo. Por ello, el estudio se ha alzado con una multitud de premios a lo largo de los años colocándose como el gran representante del anime a nivel mundial. El reconocimiento más reciente que ha conseguido es el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026. , anunciado esta misma semana.
Sin embargo, su éxito no se debe solo a la originalidad de sus personajes o la calidad de sus ilustraciones, hay una característica compartida por todos los filmes creados por el estudio que los llenan de magia y personalidad: la música.
El 'Ma' o la filosofía de conectar a través del silencio
Las historias de Miyazaki se vinculan con una visión espiritual basada en la existencia que se conoce como Ma, y cuyo significado en castellano es 'vacío' o 'parte intermedia'. Dentro de la cultura japonesa este concepto filosófico representa la importancia de las pausas entre una acción y otra. Los momentos que se podrían considerar vacíos son en realidad hechos con la intención de que las escenas 'respiren'.
Con la filmografía de Studio Ghibli, Miyazaki busca conectar con las emociones del espectador sin necesidad de mediar palabra. El director da tanta importancia a los silencios y a la quietud entre escenas como a la acción en sí misma, marcando el tempo y definiendo la personalidad de todas sus obras.
La simbiosis Miyazaki-Hisaishi: un diálogo de melodías
Por eso resulta imposible imaginar las películas de Ghibli y Miyazaki sin las bandas sonoras del compositor Joe Hisaishi (Nagano, 1950), con el que mantiene una sólida alianza avalada por los años.
Está claro que uno de los elementos distintivos del estudio japonés es su particular diseño visual. Los paisajes ilustrados artesanalmente destacan por su minuciosa composición: los tonos, las luces y las sombras dan como resultado producciones dignas de ser consideradas verdaderas obras de arte.
Pero su belleza no es sólo visual, la filosofía de Studio Ghibli va más allá. Además de sus personajes entrañables y sus lecciones de vida magistrales, cada una de las películas creadas por Miyazaki busca rendir homenaje a la vida sencilla y al entorno natural.
Por eso, al igual que los silencios, las melodías escogidas son casi tan importantes –si no más– que las propias imágenes. En este sentido, Hisaishi, cuyo nombre real es Mamoru Fujisawa, sabe captar la esencia de cotidianidad de las historias que hace Miyazaki. La unión entre ambos es la clave de la popularidad de los más de veinte títulos que tienen la firma del estudio.
La 'arquitectura del sonido', construir mundos a través de la música
La banda sonóra del universo Ghibli no está elegida al azar, sino que responde a la estructura técnica que el propio Hisaishi llama "distancia emocional". El compositor ha reconocido en diversas ocasiones que el piano es su herramienta de mayor precisión. Basándose en la herencia minimalista influenciado por autores como Terry Riley o Steve Reich, Hisaishi usa el teclado para acercarse al espectador. Melodías como Tonari no Totoro de Mi vecino Totoro logran la sencillez necesaria para que una única nota evoque la pureza, inocencia y vulnerabilidad propias de la niñez.
En otras historias donde la narrativa de Miyazaki busca una dimensión antropológica o espiritual como en La princesa Mononoke, obra en la que Hisaishi recurre a la majestuosidad de la orquesta sinfónica, las secciones de cuerda y los instrumentos de viento no buscan la espectacularidad de una superproducción de Hollywood, sino la calidez orgánica que transporta a la naturaleza. La música sirve para aportar una "geografía sonora" a las animaciones de Ghibli: mientras el piano cuenta qué sienten los personajes, los violines y el metal describen la inmensidad del mundo que lo rodea.
Más allá de las películas: las composiciones musicales adicionales
La discografía del estudio de animación no se limita solo a las películas, hay álbumes con piezas musicales adicionales, versiones instrumentales y recopilaciones de temas clásicos que amplían la magia del mundo Ghibli como una oportunidad para apreciar la belleza de la música de forma aislada. Este material adicional, está disponible tanto para escuchar en digital a través de sitios como Spotify o Apple Music, como para comprar en tiendas de discos físicas u online.
Así, las bandas sonoras complementan y enriquecen las animaciones convirtiéndose en un elemento fundamental dentro del mágico universo Ghibli y parte inseparable de su legado.
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