Igor Yebra, uno de los bailarines y coreógrafos españoles de mayor proyección internacional, ha hecho público por primera vez que padece esclerosis múltiple. A sus 52 años, el artista vasco ha decidido romper un silencio que ha mantenido durante casi una década, revelando que convive con esta enfermedad neurológica desde que le fue diagnosticada en 2015.
El exmarido de Anne Igartiburu y exdirector del Ballet Nacional de Uruguay explica que prefirió no contarlo en su momento para evitar que el diagnóstico condicionara su carrera profesional o afectara a la percepción que el mundo de la danza tenía sobre su rendimiento. Ahora, a través de su nuevo libro autobiográfico, repasa este proceso personal y las razones que le llevaron a guardar el secreto hasta hoy.
La confesión que llega de la mano de su autobiografía
La noticia ha salido a la luz coincidiendo con la promoción de ¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos ya bailando?, su libro autobiográfico. En esta obra, Yebra repasa su trayectoria profesional y explica cómo ha sido convivir con una enfermedad que comenzó a manifestarse hace más de diez años.
Los primeros síntomas aparecieron en 2013 en forma de molestias en la pierna izquierda. Acostumbrado a entrenamientos de hasta 12 horas diarias, en un primer momento pensó que se trataba de sobrecarga o de una mala preparación física. Sin embargo, en 2015, tras someterse a una punción lumbar, los médicos confirmaron el diagnóstico. El propio Yebra reconoce que al principio prefirió no pedir más información de la necesaria. Se limitó a seguir el tratamiento pautado y continuar trabajando. No fue hasta 2017 cuando escuchó abiertamente el nombre de su dolencia, debido a un despiste de una doctora en consulta.
"Nunca he querido detalles sobre aquello que pudiera apartarme de los escenarios, de bailar. Me ha pasado siempre. Cuando me dolía algo, solo preguntaba si tenía que parar. Y si podía seguir, continuaba sin hacer preguntas", confesaba el bailarín en su entrevista reciente con El País.
En 2021 los síntomas aumentaron y tuvo que cambiar a un tratamiento con efectos secundarios visibles, lo que le llevó a contárselo a su entorno más cercano. Hasta ese momento, poco más de 10 personas de su entorno conocían la situación. Actualmente, su pierna izquierda es la más afectada y le provoca dificultades para caminar, por lo que centra sus esfuerzos en evitar un mayor deterioro físico.
Su recorrido profesional por grandes escenarios
La figura de Igor Yebra es una de las más relevantes de la danza clásica en España. Se formó en la escuela de Víctor Ullate en Madrid y debutó con solo 15 años. A lo largo de su carrera optó por trabajar de forma independiente (freelance), lo que le permitió colaborar con distintas compañías de todo el mundo.
Fue bailarín estrella en el Ballet de la Ópera de Burdeos durante una década y actuó como primer bailarín invitado en coliseos como La Scala de Milán, el Ballet Nacional de Cuba, el Australian Ballet o la Ópera de Roma. Entre sus logros más destacados figura haber sido el primer bailarín no ruso en interpretar el papel principal de Iván el Terrible en el Palacio Estatal del Kremlin.
Tras retirarse de la interpretación sobre los escenarios, continuó vinculado al arte desde la gestión, la docencia y la creación coreográfica. En 2006 fundó su propia escuela de danza en Bilbao. Compaginó este proyecto, más adelante, con su etapa como director artístico del Ballet Nacional Sodre de Uruguay entre 2018 y 2020. Además, en 2018 amplió su perfil popular al convertirse en el director de la academia del conocido programa de televisión Fama, ¡a bailar! en su regreso a Movistar+, una etapa de gran carga de trabajo en la que combinaba los rodajes en España con sus responsabilidades de dirección en Montevideo.
Presencia mediática, matrimonio con Anne Igartiburu y vida privada
El nombre de Igor Yebra empezó a sonar con frecuencia en los medios de comunicación a principios de los años 2000. Fue debido a su relación con la presentadora de televisión Anne Igartiburu. La pareja se casó en septiembre de 2004 en la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, en Bermeo. El matrimonio se divorció de mutuo acuerdo en 2006, tras un año y medio casados, a causa de la distancia y los compromisos profesionales de ambos. Durante ese tiempo, el bailarín dio sus apellidos a Noa, la niña a la que la presentadora había adoptado en solitario en 2001.
Posteriormente, Yebra rehizo su vida sentimental y contrajo matrimonio con la bailarina Oksana Kucheruk. La ucraniana era su compañera habitual en los escenarios y en la Ópera de Burdeos. Fruto de esta relación nació su segunda hija, a quien el artista ha mantenido completamente alejada del foco mediático y de las redes sociales, defendiendo que la privacidad de los menores debe respetarse hasta que tengan edad para decidir sobre su propia imagen.
Las razones que le llevaron a mantener la esclerosis en secreto
Guardar el diagnóstico durante casi diez años responde, según explica el propio bailarín, a las exigencias de la danza clásica. El ballet exige un alto rendimiento físico y una gran precisión técnica. Hacer pública una enfermedad neurológica como la esclerosis múltiple podía derivar en que directores, programadores o el propio público dudaran de su capacidad o condicionaran sus contrataciones.
El miedo a verse apartado de los escenarios fue el motivo central de su silencio. Romper ese secreto ahora, según cuenta en su libro, responde a la necesidad de no seguir ocultándolo y de aceptar la realidad de su cuerpo. En su obra utiliza la danza como una forma de reflexionar sobre cómo adaptarse a los cambios inesperados y seguir adelante a pesar de las dificultades físicas.
Actualmente, al margen del lanzamiento de su autobiografía en octubre, el día a día de Igor Yebra se divide entre la docencia en su propia escuela de danza en Bilbao y su vinculación con Uruguay. Allí centra gran parte de su actividad como impulsor del Uruguay International Ballet Competition. Además, es habitual verle participando como jurado en diversos certámenes o impartiendo clases y cursos de perfeccionamiento. Demuestra así que, lejos de desligarse de su profesión, continúa profundamente conectado con el mundo de la danza.
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