Niko Roa Cilla, natural de Burgos, es el guionista y uno de los testimonios del documental América Hispana. El legado de las olas. Dirigen Javier Linares y Javier Linares Sabater, Se estrena este viernes 6 de marzo en salas de cine. "Cilla es un apellido aragonés y mi bisabuelo fue un grandísimo ilustrador en el siglo XIX: Ramón Cilla Pérez. Niko es un apelativo cariñoso que me pusieron en casa. Mi nombre es Antonio, pero en Sevilla a los Antonios los llaman Tonicos. Mi madrina me puso ese nombre", cuenta en conversación con El Independiente.
P.- La protagonista de América Hispana. El legado de las olas es Cartagena.
R.- Nosotros hemos querido contar la historia de la América española, pero esto es un propósito… exagerado. Es imposible porque son 400 años, porque va desde Valdez y Córdoba de Alaska hasta la Tierra de Fuego pasando toda la Columbia británica, todo el Medio Oeste; luego México, el istmo, todo Sudamérica excepto Brasil. Pretender hacer la historia de la América española es una pretensión vana, así que hemos cogido Cartagena como paradigma. En Cartagena se dan todos los elementos que van a aparecer a lo largo de todos los territorios y de todo lo que fue la conquista: evangelización y culturización.
P.- Uno de los temas que aborda la película es la esclavitud. Se defiende que sin esclavitud no habría habido progreso, que podría ser, a priori, un oxímoron.
R.- No. La esclavitud crea el capitalismo. La población indígena sufrió una catástrofe demográfica en los primeros momentos por mor de las enfermedades. O sea, España no tenía un propósito genocida. Al contrario: tenía un propósito evangelizador. Nosotros no queríamos asesinar ni que murieran millones de indios, todo lo contrario. Nos interesaba esa mano de obra porque era una fuente de riqueza. Pero la viruela, las gripes, encefalitis, sarampión… causaron un desplome terrible en la población indígena. Si se quería mantener aquellos territorios, había que sustituir esa mano indígena por otra. O sea, la lucha por los derechos de los indios comportó necesariamente la esclavitud de los africanos.
El comportamiento de los españoles con sus esclavos no era el mismo que el de los norteamericanos
Niko Roa Cilla
Estamos haciendo una segunda película que trata precisamente sobre la esclavitud africana en la América española y la portuguesa. Porque no era lo mismo el comportamiento de los españoles con sus esclavos que el comportamiento de los norteamericanos. En España te podían enajenar tu esclavo negro si tú eras cruel con él de manera innecesaria. Sin embargo, en una plantación de algodón de Luisiana, tú podías desollar a latigazos a tu esclavo; no pasaba nada ni tenías que rendir cuentas a nadie. Evidentemente, España no tenía posesiones en África; las tenían los portugueses desde que empezaron la navegación de cabotaje en busca de las islas de las Especias [Islas Molucas], doblaron Cabo Buena Esperanza y llegaron a la India. Tenían factorías de esclavos a lo largo de toda la costa; los mismos que traían a América, y el principal puerto de entrada era Cartagena de Indias.
P.- Me da la sensación de que ha habido una época, quizás justo antes de la pandemia, la década anterior, de revisionismo. Hubo presidentes que decían que España tenía que pedirles perdón.
R.- Actualmente. Claudia Sheinbaum, la presidenta de México.
P.- Muchos de los testimonios del documental son voces latinoamericanas.
R.- Una de las personas que interviene es Elvira Roca. Esa señora tiene un libro, que es una obra fundamental a la hora de abordar esta cuestión, Hispanofobia y leyenda negra. Yo lo recomiendo vivamente porque es clarividente. Toda esta ‘leyenda negra’ se ha cristalizado a lo largo de los siglos y se ha comprado también en España. Nosotros mismos hemos hecho mucho por perpetuar esta narrativa.
Ya desde finales del siglo XIX se decía: 'Había que echar tres candados al sepulcro del Cid'. Había que dejar de sacar a colación las grandes figuras de la historia de España. Había que mirar al progreso, al futuro. Habíamos perdido Cuba, Puerto Rico, Filipinas… España, al fin, ya era libre para poder ser una nación desarrollada. Los españoles hemos cultivado este punto de vista, pero luego vino un periodo de la historia de España, 40 años, en el que se valoró la gesta española desde otro punto de vista, diametralmente opuesto. Ese debate siempre ha estado allí.
Si Estados Unidos hubiera tenido la mitad de la obra que tuvo España en América, Hollywood tendría una cantera interminable
Niko Roa Cilla
Ahora, de un tiempo a esta parte, una serie de historiadores o comunicadores, como José Javier Esparza, quieren poner en valor de nuevo la gesta española en América. Cualquier otro país lo hubiera reivindicado; estaríamos saturados. Si los Estados Unidos hubieran tenido la mitad de la obra que tuvo España en América, Hollywood tendría una cantera interminable de personajes, situaciones y circunstancias. Esta corriente quiere ponderar la tarea de España en su justa medida. Yo me sumo a esa iniciativa. Yo quiero pensar que la obra de España [en América] fue claramente una epopeya, pero no está exenta de sombras.
P.- Porque a veces se tiende a romantizar un poco este tipo de relatos.
R.- Frente a la leyenda negra está la leyenda rosa: no hicimos nada malo; todos íbamos con un propósito filantrópico. Y no es así. Íbamos con el propósito de cualquier país cuando te encuentras ante el reto de la expansión y el crecimiento. Has terminado la Reconquista, vives en una tensión conquistadora y de repente aparece un continente gigantesco para ti.
P.- Toda obra, ficción o documental, ambientada en el pasado dialoga con el presente. En Cartagena había dos reinos, dos imperios, el de Inglaterra y el de España, que luchaban y rivalizaban en un territorio ajeno al suyo.
R.- No, no, no. Vamos a ver. Una de las Españas era peninsular y las otras Españas eran los virreinatos, que estaban en paridad con los territorios peninsulares. Había más prosperidad en la sociedad de México, sofisticada, o en Lima, que en Madrid, que no dejaba de ser un poblachón sucio y angosto hasta que no llegaron los Borbones y empezaron todas sus obras de urbanismo. El Madrid del siglo XVII era una ciudad relativamente pequeña.
P.- Yo pensaba en Cartagena como una colonia.
R.- Una colonia es lo que tuvieron los franceses en el Chad, en Burkina Faso, en el Níger, donde no encontrarás una obra que ellos hayan dejado ahí. Una colonia es un sitio donde tú extraes todo lo que puedes y no dejas nada. Nosotros no teníamos colonias; nosotros teníamos virreinatos, y prueba de ello son el inmenso patrimonio histórico y artístico que pueden disfrutar ellos con justicia y enseñar a todos los turistas que pasan por ahí.
Tú no encontrarás en el Chad, en Níger, en Uganda, en Malaui –colonias portuguesas, inglesas o francesas– obras del estilo de la ciudad de Puebla, de la basílica de Santa María de Guadalupe en México, de la ciudad de Cartagena, de Quito, de Cuzco… Eso es civilización. Nosotros imitamos el modelo romano de civilización y no el modelo predatorio. Si nosotros hubiéramos sido un imperio predatorio, tendríamos un museo de América que no es como el actual, que tiene solamente una colección de vasijas; tendríamos, como los franceses, el Louvre, donde está la Victoria de Samotracia. O los ingleses, que tienen las cariátides del Partenón. Eso es un imperio depredador. Nosotros no fuimos un imperio depredador; fuimos un imperio civilizador.
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