Se suele decir mucho malo de Jaume Roures y suele obviarse que ha sido capaz de levantar -junto a sus socios- un imperio audiovisual que factura casi 2.000 millones de euros al año y que se encuentra entre las mayores empresas de Europa en su sector.

Roures es un magnate mediático y eso normalmente implica caer en determinados ‘vicios’ que algunos de quienes le critican han practicado con asiduidad. Mantuvo una larga guerra contra el Grupo Prisa que estuvo motivada por la titularidad de los derechos de emisión del fútbol español, pero que también encontró algún frente en Moncloa y en Ferraz. Entonces, la editora de El País estaba presidida por Juan Luis Cebrián. ¿Puede alguien aquí acusar a la otra parte de pisar la moqueta que conduce hacia los despachos políticos para tratar de influir en sus decisiones?

El empresario barcelonés volvía a saltar a la palestra esta semana por su relación con los líderes independentistas. En esta ocasión, por contratar a Joaquim Forn para el departamento de derecho público de Mediapro.

No es un fichaje cualquiera, pues el exconsejero de Interior de la Generalitat se encuentra en prisión como culpable de un delito de sedición. A partir de ahora, se empleará para esta productora audiovisual y dormirá en la cárcel.

¿Qué es Roures?

Roures dice que no es independentista, aunque defiende el derecho a la autodeterminación. Algún documento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado le ha relacionado con la organización del referéndum soberanista, pero ni ha sido procesado al respecto ni se ha probado este vínculo. Lo único que su empresa organizó ese día fue el centro internacional de prensa en Barcelona.

Meses después, Mediapro produjo un documental sobre el 1-O que concedió un generoso espacio a las cargas policiales que se sucedieron aquel día y que, evidentemente, era más cercano al relato independentista que al del Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Un tiempo atrás, realizó otro reportaje, Las cloacas de Interior, que no emitió ninguna cadena generalista y que supuso otro golpe a los Cuerpos de Seguridad y a algunas de sus más oscuras manifestaciones en el Gobierno.

A esa presunta alcantarilla atribuyó Roures en su día el hecho de que un medio de comunicación recibiera unas imágenes en las que aparecían Oriol Junqueras y Pablo Iglesias en su casa, en una noche agostiza en la que habían quedado a cenar. Sobra decir que rápidamente surgieron cantares sobre ese encuentro y su finalidad. Unos, dijeron que allí se habló de los planes de los independentistas. Otros, de un posible Gobierno de coalición de izquierdas, en Cataluña, que hoy parece una opción lejana.

Roures afirmó que era simplemente un encuentro de amigos.

Amigos y enemigos

Uno de los falsos tópicos más extendidos por los medios de la derecha radical es que Roures marca la línea editorial de laSexta, cuando su empresa cedió el control del canal hace casi una década. Durante los últimos años, una sociedad de su grupo (Liquid Media) ha estado al cargo de diferentes tareas técnicas para los informativos del canal. El contrato se renovó hace casi un año a la baja. Pocos meses después, Mediapro (Grupo Imagina) vendió las últimas acciones que le quedaban en Atresmedia.

La relación entre Roures con laSexta se ha torcido durante los últimos tiempos y el propio empresario catalán no oculta su malestar con este grupo audiovisual. “Me parece muy poco periodístico y muy demagógico. Ha tomado partido y entonces la realidad le importa muy poco”, aseguró el pasado noviembre sobre Al Rojo Vivo, en una entrevista concedida a Gabriel Rufián.

El Gobierno de Rajoy acusó en su día a esta cadena de televisión de ser altavoz del populismo de la izquierda radical, pero lo cierto es que el gran factótum mediático de Unidas Podemos ha sido Roures, que llegó a confesar que votó al partido y que a través de Público ha emitido durante los últimos años el conocido programa La Tuerka. Incluso Mediapro produjo la película Política, manual de instrucciones, dirigida por Fernando León. De hecho, desde la formación morada se lanzaron varios mensajes antes y durante la pasada campaña electoral contra las maniobras mediáticas que se realizaron contra el partido.

Las críticas de Roures no sólo se han dirigido hacia la política y hacia los medios durante los últimos tiempos. También han alcanzado a la banca, a la que en 2019 acusó indirectamente de frenar su operación de compra del Grupo Zeta. No dijo nombres, pero es obvio que, entre ellos, se encontraba el de CaixaBank.

Las críticas de Roures no sólo se han dirigido hacia la política y hacia los medios durante los últimos tiempos. También han alcanzado a la banca

Este asunto se las trajo, dado que la familia Asensio puso a la venta su negocio cuando se encontraba con el agua al cuello y entre fuertes presiones de la banca acreedora. Esto implicaba que El Periódico de Catalunya –uno de los pocos aliados del constitucionalismo- cambiaría de manos.

Jaume Roures demostró su interés por adquirir todo este grupo de medios de comunicación, pero, entonces, los bancos llegaron a un acuerdo con Javier Moll (Editorial Prensa Ibérica) para venderle la deuda de Zeta a cambio de una quita del 70%. Una parte de ella, de dinero público de Cataluña y de la Comunidad Valenciana.

Esta operación neutralizó a Jaume Roures, quien a buen seguro hubiera dotado a El Periódico de una línea editorial mucho menos amable con los partidos constitucionalistas. Porque este empresario niega ser independentista –al contrario que su socio, Tatxo Benet-, pero lo que es irrebatible es que en muchas ocasiones se ha empleado con beligerancia con la política y la empresa españolas. El caso es que la banca hizo todo lo posible para condicionar el resultado de la citada operación mediática y eso perjudicó a Roures.

Curiosamente, en esas fechas fue cuando Atresmedia redujo el importe de su contrato con Liquid Media; y cuando Florentino Pérez decidió adjudicar la gestión de Real Madrid Televisión a Telefónica y Supersport (Mediaset). Hasta ese momento, la había hecho Mediapro.

La llegada de Forn

Las sospechas sobre Jaume Roures han vuelto a aflorar tras el fichaje de uno de los cabecillas del 1-O. Este periódico contactó con las fuentes oficiales de Mediapro para tratar de obtener una versión más amplia sobre el motivo de esta incorporación, pero se remitieron a las palabras que dijo Roures unas horas antes en Catalunya Ràdio, en las que justificó la contratación en su necesidad de reforzar el departamento de derecho público de la compañía.

Sobra decir que el de Forn no ha sido el único fichaje polémico que ha realizado Mediapro a lo largo de su historia. Sin ir más lejos, a Miguel Cardenal, expresidente del Consejo Superior de Deportes –designado por el Ejecutivo de Rajoy- lo fichó justo cuando se cumplían dos años de su salida de este puesto, es decir, cuando vencía el período de incompatibilidad al que están sometidos quienes ejercen cargos públicos.

Se da la circunstancia de que Cardenal fue quien aprobó el Real Decreto que permitió la venta centralizada de los derechos audiovisuales de la Liga. También quien medió en la ‘guerra del fútbol’ entre Prisa y Mediapro. La puerta giratoria se movió entonces con fuerza.

En el libro Buenas noches y saludos cordiales, dedicado a José María García, el periodista y escritor Vicente Ferrer Molina recordaba que, a principios de la década del 2000, en Telefónica se pagaron auténticas barbaridades por el fútbol. Cita el caso del Mundial de Corea y Japón de 2002, por el que Vía Digital abonó 27.000 millones de pesetas. El consejero delegado de Telefónica Sport era entonces Juan Ruiz de Gauna, quien un año después de que se completara esa operación fichó por el imperio empresarial de Roures. Ruiz de Gauna también fue director general de Telemadrid con el PP en el Gobierno autonómico.

La ascensión de Roures y sus socios ha sido meteórica durante las últimas dos décadas, hasta el punto que hoy el Grupo Imagina tiene 58 sedes repartidas en 36 países de 4 continentes

La ascensión de este empresario y de sus socios ha sido meteórica durante las últimas dos décadas, hasta el punto que hoy el Grupo Imagina tiene 58 sedes repartidas en 36 países de 4 continentes. Entre su accionariado, tiene desde hace 2 años al fondo de inversión chino Orient Hontai, lo que le otorga un músculo financiero importante para financiar operaciones de expansión.

Eso sí, pocos períodos de paz han existido en este tiempo de desarrollo, pues generalmente ha librado batallas contra sus enemigos. Uno de los más recientes es Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol. El pasado abril, en plena polémica por la adjudicación de los derechos de la Copa del Rey, Rubiales –con su particular estilo ‘directo’- aseguró sobre Mediapro lo siguiente: “Son gente que ha sobornado a miembros de FIFA y, desde la RFEF, se nos ha indicado que no debemos trabajar con gente que ha reconocido que soborna”.

Poco después, la compañía aludida avanzó su intención de querellarse contra el presidente de la RFEF por “los daños a su reputación” que esas “acusaciones infundadas y temerarias puedan haberle provocado”.

Hace unas semanas, Jaume Roures y Andreu Buenafuente comparecieron en la capital madrileña para oficializar lo que era un secreto a voces: la compra de El Terrat por parte de Mediapro. Buenafuente aseguró que la operación era positiva para su empresa, dado que le permitiría navegar al lado de un ‘transatlántico’ audiovisual. La realidad es que garantizó la supervivencia del grupo a medio plazo, tras diversos altibajos, lo que puede ser considerado poco menos que como un tutelaje.

Roures afirmó hace mucho tiempo que era trotskista y eso le ha valido múltiples críticas de quienes consideran que –por alguna razón- los empresarios comunistas no pueden aspirar a ganar dinero. En cualquier caso, más allá de su ideología, lo cierto es que este personaje no es muy dado a salir en los focos para abundar en explicaciones sobre sus maniobras empresariales y políticas. A fin de cuentas, parece que sabe moverse bien entre algunas ‘sombras’.