La primera vez que cogió una cámara fue a mediados de los 90, cuando era un adolescente. Fue la de su padre, que se la dejó sin preguntar demasiado. Él les dijo, durante meses, que se iba a dormir a casa de un amigo y se pasaba la noche pintando graffitis. Un día pensó que le gustaría tenerlos todos, recopilarlos, y no había otra manera que haciéndoles fotos nada más terminarlos.

Se gastó una pasta, dice que lo que sus padres le daban para «el bollo» acabó dedicado a carretes de fotos y a revelados. «Para mí, mis graffitis eran importantísimos. Así que imagínate cuando, después de tirar más de 30 fotos y super ilusionado, me entregaron mis primeras copias y todos salían negras», recuerda. Jeosm, José Clemente (Talavera de la Reina, 1982), no tenía ni idea de cómo se utiliza una cámara, ni siquiera el flash.

Pero empezó a investigar. Quería que le salieran bien y se metió en un curso de fotografía. «Al principio practicaba con mis amigos en el plató de la escuela. El ángulo, el enfoque, quería saber cómo se conseguía difuminar los fondos, y al final, mira, empecé por necesidad y ahora soy fotógrafo», añade.

Jeosm

Y no cualquiera. Jeosm es el que retrata desde a Javier Marías para la revista Zenda hasta a Cristina Pedroche para Atresmedia. Es la firma de las fotos en blanco y negro de los escritores, de los intelectuales, de los filósofos. Es el que pasó de fotografiar graffitis a los grandes de la cultura y ahora ha decidido regresar un poco al principio.

Publica Veritas (Capítulo I), un libro donde el breakdance es el absoluto protagonista y en el que las fotografías van acompañadas de textos de los bailarines. «Las hice de junio a octubre, después del confinamiento, pensando en hacer el libro. Forma parte de una colección, este es el capítulo 1, que es el de estilo, e iré viendo cuantos salen. Me encantaría sacar uno cada seis meses o un año, pero es difícil», asegura.

A todos los bailarines los retrató «en su lugar», acudía a donde bailaban con la intención no de mostrar lo bonito, lo estético, sino el momento, el estilo, el proceso. «Al final está muy relacionado con el grafiti, que es lo que me ha traído hasta aquí», añade.

Jeosm

Y todo en blanco y negro. «Es el discurso que más se adapta a lo que quiero contar. Además, me hace sentirme cómodo. Llevo muchos años trabajando así y creo que me ayuda un poco a centrar más al sujeto y olvidar el exterior, el contexto. Le da esa dureza que a mi trabajo le va bien porque elimina lo que puede distraernos de la persona», explica.

Todo mi trabajo tiene puntos en común. Siempre intento retratar entornos underground, que tienen una fama equivocada

«Todo mi trabajo tiene puntos en común. Siempre intento retratar entornos underground, que tienen una fama equivocada, y aquí el grafiti y el breakdance se unen. Estos no son unos chavales haciendo el tonto ni tampoco los grafiteros. Además, yo intenté bailar breakdance aunque era un desastre», continúa.

Los personajes no son jóvenes, como podríamos pensar, son hombres y mujeres que empezaron en los 80 y que siguen queriendo bailar. Como explica Jeosm, «la intención era retratar a distintas generaciones y darles voz, por eso los textos y por eso los he publicado escritos a mano, quiero que sea muy humano».

Le dije que perfecto pero que el primer trabajo no me lo pagase, que yo iba y hacía lo que yo sabía hacer y me molaba y que si les gustaba genial

JEOSM

Igual que los retratos que le dan «curro», como dice él. Los que hace para la revista cultural Zenda. «Me llamó Reverte, porque había trabajado con él antes pero para ayudarle con la jerga de los graffiteros para un libro que estaba escribiendo, y me dijo que necesitaba un fotógrafo para este proyecto. Le dije que perfecto pero que el primer trabajo no me lo pagase, que yo iba y hacía lo que yo sabía hacer y me molaba y que si les gustaba genial y, sino, tan amigos», recuerda.

Aquel primer trabajo fue fotografiar a Javier Marías. «Me llamaron y me dijeron que había una conversación entre Arturo Pérez-Reverte, Javier Marías y Antonio Lucas. Yo me pregunté: ¿Y los otros dos quienes son? Es que venía de otro mundo y no había comprado un periódico en mi vida y mira ahora», asegura.

Esos retratos son su seña de identidad. Siempre, como no, en blanco y negro, y siempre mostrando al personaje como es, no como quiere ser. Para Jeosm la fotografía no es hacer una foto bonita. «Ahora una foto bonita la puede hacer todo el mundo con un móvil bueno. Es gestionar todo lo que hay alrededor de una sesión de fotos, el personaje, que puede ser complicado, y captar el carácter, que puede no ser bonito».

Alguno me ha echado una foto para atrás por no verse bien. Esas arrugas, esas estrías, esas bolsas… a mí me gustan»

Porque cuenta que muchos autores son celebrities, que él pensó que se libraba del ego de los grafiteros pero que se encontró con los literarios. «Alguno me ha echado una foto para atrás por no verse bien. Esas arrugas, esas estrías, esas bolsas… a mí me gustan. Suman porque es tu reflejo, cuenta cosas de ti… que trasnochas, que has tenido hijos, que vas cumpliendo años», explica.

Y añade que le pasa más con las mujeres. «El canon de belleza de la cultura visual les dice que tienen que ser portada de Vogue y en cambio a los tíos les dicen que tiene que ser portada de Esquire, es decir, les pide más actitud y, sinceramente, ya quisieran muchísimos tíos la actitud de ellas».