Cultura ENTREVISTA | ARCADI ESPADA

"¿Que la ofensa es desagradable? Sí, pero es que la vida es desagradable"

Arcadi Espada posa para El Independiente tras una entrevista en Madrid

Arcadi Espada posa para El Independiente tras una entrevista en Madrid Ignacio Encabo

Dice Arcadi Espada (1957, Barcelona) que confundimos verdad con verosimilitud. Que el periodismo son los hechos y nos hemos ido perdiendo en las opiniones. También, que no ayuda el «scroll al infierno» de los medios digitales para distinguir la información de «la basura».

El periodista y escritor publica La verdad (Ed. Península), un recopilatorio de todo lo que ha escrito buscándola durante los últimos 18 años. Habla de su oficio, de política, de literatura; habla de aquella accidentada entrevista con Risto Mejide y de por qué hemos estigmatizado la ofensa. También de Cercas y de cómo cerró aquella discusión.

Espada no tiene problema en disentir de todo, de argumentarlo todo y de ir contracorriente. Tampoco en criticar ideas y opiniones, de llamar mentiroso al presidente del Gobierno ni en decir que las mujeres «conocen, desde la cueva, esa debilidad de los pobres chicos, que solo quieren follar».

Pregunta.- ¿Busca la verdad o desenmascarar la mentira?

Respuesta.- En realidad, el periodismo no solamente descubre sino que también desvela los encubrimientos materiales de hechos o de personas. Me dedico a eso, pero no creo que eso sea extraordinario, es lo que cualquier periodista debe hacer. Mi trabajo no es extravagante, quizá lo ha hecho extravagante las especiales circunstancias que está viviendo nuestro oficio. La tensión entre la verdad y la mentira, lo exhibido y lo oculto, lo público y lo privado.

P.- En uno de los artículos recogidos en este libro asegura que los periodistas buscando la verdad a veces también le dan voz a la mentira

El periodismo no cumple con su misión, que no es presentar verdad-mentira en pie de igualdad, sino señalar la verdad sobre los hechos»

R.- Eso tiene que ver con las versiones de un hecho. Muchas veces a un periodista, que sabe que ha conseguido la verdad sobre un hecho determinado, se le obliga a que incorpore la mentira de otra fuente contraria a la versión de este hecho. De tal modo, ves informaciones en las que la verdad y la mentira están en pie de igualdad, una especie de equidistancia en la que se sitúa el periódico porque le parece que, efectivamente, siempre se ha de reflejar la otra parte de la cuestión.

En teoría es impecable, pero en la práctica resulta que aquello que está comprobado, que es el resultado de un trabajo importante, se convierte en una opinión más y se devalúa. Y así el periodismo no cumple con su misión, que no es presentar verdad-mentira en pie de igualdad, sino señalar la verdad sobre los hechos.

P.- Usted habla del «scroll hasta el infierno» de los medios digitales. ¿El periodismo también incumple su misión al dar tanta información?

R.- El paradigma digital nos ha acostumbrado a cosas que son contradictorias con el oficio, una de ellas es la selección. Antes se decía una frase: el periódico no es de goma. «No te puedo dar cuatro columnas porque no hay espacio», decían los redactores jefes. Hoy sí, hoy son de goma. ¿Quiere eso decir que ha redundado en una información mejor? No, ha redundado en una confusión.

Para mí hacer scroll, que intento no hacerlo pero a veces lo hago, en cualquier diario digital me provoca la sensación de descender a los infiernos porque cuando bajas las noticias rondan lo grotesco. Mira, el vuestro está bastante controlado, es verdad que hay una excepción en El Independiente, pero no es el paradigma normal, la gente publica basura.

P.- En uno de sus artículos menciona esta cita de Arendt: «La libertad de opinión son discursos distintos sobre un mismo relato, no una infinidad de relatos sobre el mismo hecho».

R.- En España ahí tenemos un problema específico. Es casi un tópico el decir que en este país para saber qué es un hecho tienes que leer más de un periódico. Y esto se decía antes de internet.

Los anglosajones no tienen este problema, tienen los hechos fundamentales en la noticia. Aquí y en Italia, por ejemplo, el estatuto de los hechos es más tembloroso.

P.- ¿Cree que tendemos a buscar la noticia que nos refuerza más que la verídica?

R.- El público, el lector, quiere sobre todo hechos. Otra cosa es que el paradigma digital lo haya pervertido. Con los comentarios en los periódicos nos hemos creído que los comentaristas son los lectores y solo son una parte pequeñísima y pueden ser brillantes o grotescos.

Como tengo la piel bastante curtida en esto, no me preocupa demasiado que me insulten»

Llevo mucho tiempo escribiendo en internet y teniendo una comunidad de lectores de los cuales los que escriben son una pequeña minoría. En mi caso, generalmente lúcida e inteligente pero en el caso de otros muchos, desbocada. Hay mucha gente que lee y no comenta, y esos están muy interesados por los hechos porque son lo verdaderamente importante.

P.- ¿Lee los comentarios?

R.- Sí, los leo siempre. Y le voy a decir una cosa: empecé en el año 2004 un blog que tuvo bastante éxito, cuando no había Twitter y no recuerdo si Facebook, y tenía los comentarios libres. No tenía como tengo ahora en mi página un pequeño PayWall para que los troles se limiten y leía todos los comentarios, todos, y tuve que dejar de hacerlo porque un día me encontré con 3.000 y pensé: «O leo, o escribo». Estaba a punto de convertirme en un lector de comentarios.

Pero ese feedback es muy interesante aunque provenga de gente que ha perdido la cabeza. Como tengo la piel bastante curtida en esto, no me preocupa demasiado que me insulten.

P.- Escribe que «preferimos la belleza a la muerte» en relación a la publicación de fotografías donde sabemos que hay cadáveres pero no aparecen. ¿Deberíamos haber visto muertos en los periódicos durante la pandemia?

R.- Le voy a poner otro ejemplo: América con las Torres Gemelas. No hemos visto esos cadáveres, es verdad que muchos quedaron reducidos a cenizas, pero sí que había. La visualización de la muerte en España ha sido un tema recurrente en nuestro oficio porque hemos tenido la desgracia de vivir 40 años con una banda de asesinos dedicada a matar a gente indefensa.

En una calle de Madrid, de San Sebastián… Alguien podía morir de un tiro en la espalda y eso ha provocado muchos documentos gráficos de esa naturaleza. Ahora estoy escribiendo un libro que es la memoria de mi juventud y la memoria de los primeros años de la democracia y estoy viendo muchos periódicos de la época y muchos documentos.

Los periódicos mostraban los cadáveres de una manera que hoy no consentiríamos. Compárame las fotos de los 191 muertos de Atocha con los de ETA»

Creo que usted, que es mucho más joven que yo, se quedaría sorprendida de cómo se mostraba la muerte en la Transición, pero no solamente la muerte política sino la muerte por accidente. Un incendio en Los Alfaques, en Tarragona, los Boeing en Los Rodeos… Los periódicos mostraban los cadáveres de una manera que hoy no consentiríamos. Compárame las fotos de los 191 muertos de Atocha con los de ETA. Hay alguna foto buenísima y ganadora de premios pero se tenía mucho cuidado y eso responde a sensibilidades ciudadanas distintas.

Mi opinión es terminante, especialmente en el tema político: desgraciadamente un cadáver del terrorismo es un cadáver público. Tiene ventajas y desventajas morir así. Por decirlo groseramente, tienes el duelo, la compasión del resto en grandes proporciones, pero tus hijos tienen que ver tu cabeza destrozada y eso se ha de valorar y se ha de valorar con exquisitez moral y sin dar consignas generales.

O sea, ¿se pueda mostrar un cadáver? Sí; ¿cómo? Depende pero todo eso responde a un consenso. Evidentemente hay muerte y los periódicos se ocupan básicamente de la muerte. Este oficio nuestro no es un oficio de fotografías de gatitos, no somos un parque temático, nos ocupamos de las cosas realmente jodidas de la vida.

P.- Hablando de sensibilidades ciudadanas, ¿nos ofende demasiado que nos ofendan?

R.- Es que la clave de una democracia cultural, por así decirlo, no solamente política, la clave del debate de la interacción es también la libertad de ofensa. La libertad de ofensa es consustancial al debate público. ¿Que la ofensa es desagradable? Sí, pero es que la vida es desagradable. A mí me ofende mucho que el presidente del Gobierno mienta y es curioso que eso no se registre como ofensa y que si yo le llamo mentiroso, sí.

Si me río y satirizo con las ideas de las personas que creen en Dios, debo poder hacerlo sin que me corten el cuello unos supuestos fanáticos. No estoy hablando de las personas que llevan esas ideas, sino de las ideas. Que yo no digo que alguna vez no se me vaya la mano porque se me va, pero intento evitar siempre las descalificaciones ad hominem.

A veces, efectivamente, uno, en este oficio árido, se deja llevar por la tentación del sarcasmo porque ha encontrado una cosa brillantísima»

Soy un polemista, como me llaman a veces, porque discuto sobre las cosas. Y cuando le discuto a la ministra Montero sus elucubraciones fantasmáticas de los géneros y los sexos y la ridiculizo, por supuesto no estoy hablando de la señora Montero sino de las ideas de la señora Montero.

A veces, efectivamente, uno, en este oficio árido, se deja llevar por la tentación del sarcasmo porque ha encontrado una cosa brillantísima, o que le parece que es brillantísima, una manera de joder específica, y entonces lo hace. Pero no debería ser o no debe ser nuestra función principal como polemistas, como opinadores.

P.- A Jorge Bustos, en una entrevista que le concedió la semana pasada, le dijo que «la mujer ofrece sexo a cambio de poder».

Las mujeres conocen perfectamente, desde la cueva, esa debilidad de los pobres chicos, que solo quieren follar»

R.- Todo el mundo sabe que nosotros los varones, hasta ahora, tenemos un problema con el sexo que no tienen las chicas. El sexo nos gusta demasiado. A los hombres les gusta follar mucho más que a las mujeres. No es que les guste, les puede gustar lo mismo, pero la necesidad sexual de los varones me parece que es indiscutible en todas las especies. No soy un zoólogo, evidentemente, pero he leído muchas cosas.

¿Que las mujeres no actúan siempre de buena fe hacia esta especie de disminución de los hombres? Pues no. Las mujeres conocen perfectamente, desde la cueva, esa debilidad de los pobres chicos, que solo quieren follar. Entonces, van a ver cómo están y si al mismo tiempo su estatus mejora por esta cuestión.

Entre hombre y mujeres, además de las diferencias más sutiles y más complejas, hay otras muchas cosas: la fuerza, la potencia… No digo que no evolucionemos, la tecnología ha hecho posible que la fuerza sea un elemento cada vez menos distintivo, no es lo mismo conducir una excavadora que levantar una piedra a pulso…

Todas estas cosas son evidentes y forman parte de la realidad. Otra cosa es que digamos: «Es que esto me parece muy mal». Ya claro, a mí me parece muy mal que la gente nazca con capacidades intelectuales distintas. Es una putada. Hay tontos, sí. Hay personas que perciben el mundo de una manera más defectuosa que otras. Qué vamos a hacerle, es lamentable.

Lo digo porque si tú vas diciendo que todo el mundo es igual, que todo el mundo responde a las mismas pulsiones y tiene las mismas necesidades, pues… no conseguirás someter a la desigualdad allí donde se produce.

«La entrevista al político ha de desaparecer, es un género muerto, no tiene mayor interés. Responden tonterías, a veces las tonterías que no les han preguntado»

Foto: Ignacio Encabo

P.- Este libro incluye la discusión que usted tuvo con Javier Cercas sobre el uso de la realidad ficcionada en los periódicos. Aquí incluye la columna en la que usted aseguraba que el escritor había sido detenido en una redada en un prostíbulo.

R.- Como él decía que no tenía importancia mentir o no en un periódico, pues yo hice la prueba. La discusión con Cercas es antigua y evidentemente tuvo esas cuestiones violentas; la he vuelto a releer y me parece de un gran interés porque afecta al núcleo fundamental de nuestro trabajo.

Tuve que bajar a los infiernos y convertirme en Cercas durante veinte minutos para demostrárselo. No fue fácil»

Cercas, como otros novelistas, trabajan con un paradigma que es el de la verosimilitud. Las cosas que pudieron suceder y lo que sabemos seguro de las que pudieron suceder es que no sucedieron. Mientras lo haga en una novela no tengo nada que decir, pero si lo traspasa a un recinto en el que la gente acude confiada de que todo lo que se va a encontrar ahí es verdadero, no me parece bien. Lo que denuncié con esa columna en la que yo hacía de Cercas. Tuve que bajar a los infiernos y convertirme en Cercas durante veinte minutos para demostrárselo. No fue fácil.

P.- Menciona que en On bullshit, Harry G. Frankfurt define así al charlatán: «Es el que no está del lado de la verdad ni del lado de lo falso (…) No le importa si las cosas que dice describen correctamente la realidad. Simplemente las extrae de aquí y de allá o las manipula para que se adapten a sus fines». ¿Está definiendo a nuestros políticos?

R.- Sí, claro. Una de las cuestiones sobre la que creo que el periodismo debería reflexionar es sobre las entrevistas a los políticos. Los políticos que yo empecé a tratar cuando tenía 20 años trataban, aunque había de todo, de responder a tus preguntas. Aunque fuese con eso que los franceses llaman langue de bois (lengua de madera), respondían.

Ahora alguien va a entrevistar a un político y este no responde a sus preguntas. La entrevista al político ha de desaparecer, es un género muerto, no tiene mayor interés. En todo caso se pueden hacer pruebas: «Vengo a entrevistarle, señor Sánchez o señor Casado, no le garantizo nada; si dice usted cosas interesantes, lo publicaré; si no, no».

Aunque esto sólo se podría hacer en los periódicos, no en la radio o televisión. Allí los esfuerzos del entrevistador son baldíos porque responden tonterías, a veces las tonterías que no les han preguntado.

P.- Fue parte del nacimiento de Ciudadanos, ¿qué queda de ese partido de 2006 o del de 2019?

Ciudadanos es una de las grandes ideas políticas de la España de los últimos años y me alegra y me enorgullece haber contribuido a que fuera realidad»

R.- Ciudadanos fue y sigue siendo una gran idea. Es una de las grandes ideas políticas de la España de los últimos años y me alegra y me enorgullece haber contribuido a que fuera realidad, pero no siempre las ideas salen bien. Su ejecución tuvo un momento maravilloso, cuando Inés Arrimadas se convirtió en la líder más votada en Cataluña y Albert Rivera consigue 57 escaños.

P.- No fue hace tanto…

R.- No fue hace nada pero todo va muy rápido y se quema con facilidad. La vida contemporánea se parece a las hogueras hechas con papel de periódico, muchas llamas pero que se apagan rápido.

Es lamentable que Ciudadanos siendo una buena idea y una idea necesaria no tenga hoy la importancia que a mi juicio debería tener. Pero parece ser que no logra estar en mano de las personas adecuadas. Me entristece y me parece una lástima.

P.- Mucha gente asocia a Arcadi Espada con el adjetivo «provocador», incluso en la accidentada entrevista que le hizo Risto Mejide.

R.- Es la manera que tienen las personas de rebajarme. Cuando a alguien le dicen que es un provocador, le están diciendo que miente. Es como cuando me llaman chulo… Uno tiene que asumir que no cae simpático a todo el mundo, es una idea como pueril y muy masculina, porque siempre queremos ligar y esas cosas y estamos pendientes del qué dirán de nosotros, especialmente lo que dirán las mujeres.

Yo hago mi trabajo y las personas tienen derecho a llamarme lo que quieran. Preferiría que discutieran las cosas que digo pero no les voy a quitar la satisfacción de, al no encontrar argumentos, utilizar esos adjetivos.

Pues fui, claro, pero yo tenía que haber sabido quién era El Sicofante [Risto Mejide], como le llamo»

Pero vuelvo a Risto Mejide. Cometí la ingenuidad, insólita en una persona que está en el mundo, de no saber quién era. Me llamó una persona amable: «Vamos a hacer una entrevista, ¿tiene usted fotos de su infancia?». Pues fui, claro, pero yo tenía que haber sabido quién era El Sicofante, como le llamo. Ahora ya lo aprendí y ya estamos en paz.

P.- ¿Cambiaría alguno de los artículos que aparecen en este libro?

R.- Ninguno. Puede que los lea y piense: «Ay, esa ingenuidad» o «Esta frase podría haberla escrito de otra manera», pero no, no me arrepiento de ninguno.

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