Cultura ENTREVISTA

El relato de abusos que reta al poder judicial: "Mi reparación no es como la de una taza rota"

Cuando Belén López Peiró (Argentina, 1992) se sentó a escribir su historia, la de una niña que sufrió repetidos abusos por parte de su tío durante la infancia, se dio cuenta de que en realidad no era solo suya. Entendió que debía escribir las voces que circulaban en su cabeza y que tenían igual o mayor peso que el abuso infantil en el entorno familiar que, lamentablemente, afecta a una de cada cinco niñas en su país natal: «Decía que era su sobrina preferida. Me buscaba. Me defendía frente a mi prima Florencia. Me pedía que bailara la coreografía de danza frente a él, y a veces frente a sus amigos. Decía que le gustaban mis piernas largas y que le gustaba mi pijama. Me preguntaba por mi ex novio, quería saber qué había hecho con él».

Y así, después de haber presentado hace tres años Por qué volvías cada verano (2018), una novela coral en la que presentaba las circunstancias y personajes que rodearon el abuso que sufrió, la escritora redobla ahora la apuesta con Donde no hago pie, la experiencia (o calvario) que se inició en 2018 con la elevación a juicio de la causa, a partir de una denuncia que hizo la autora en 2014, con un enfoque impersonal que apela al cruce de géneros literarios, con fragmentos de crónica policial, pero también con retratos de los personajes, crónicas de su infancia, conversaciones por WhatsApp y búsquedas de Google: «¿Se puede reparar un cuerpo como se repara una taza rota?¿Se verán las fisuras? Donde no hago pie se sumerge en las lógicas machistas y burocráticas de la Justicia, en las idas y vueltas legales y en la necesidad de crear redes que se extiendan una vez que se quiebran las estructuras que pretenden perpetuar el silencio. Yo he entendido que mi reparación no estaba en la Justicia porque me seguía revictimizando, sino que siempre estuvo asociada a la escritura», dice la periodista y escritora.

Para la argentina, la lectura es la primera y principal herramienta de la escritura. Y de ella sacó su impulso por escribir sus vivencias, también inspiradas en Beya, protagonista de Le viste la cara a Dios, el libro de Gabriela Cabezón Cámara; Chicas muertas de Selva Almada, o Teoría King Kong de Virginie Despentes: «Todos esos libros rompían con un lenguaje, con una estructura, traían las violencias a escena. Leyéndolos entendí que la no ficción tiene un peso fundamental, asociada a la identidad, a la denuncia, por supuesto en relación con la línea latinoamericana, con Rodolfo Walsh, quien se pregunta por los que no están, por los que se llevaron; había algo ahí que me tocaba muy de cerca», explica.

Me di cuenta de que había muchas personas que ya no querían una condena después de tantos años luchando»

belén lópez

Belén tiene la noción generalizada de que «una mujer que denuncia y que habla viene para incomodar», y si a eso le sumas un intento superficial de recomponerse en medio de la burocracia, nada es fácil: «Recuerdo lo que fue para mí encontrarme por primera vez con el expediente judicial. Había cuestiones que no terminaba de entender, un léxico propio, una tipografía propia. En 2018 salió Por qué volvías cada verano, para esa instancia yo entendía el caso, la situación y por qué había tardado más de diez años en hablar. Tres meses después de publicarlo la causa se eleva a juicio y se solicita a juicio por jurado, es en ese momento donde de nuevo sentí cómo se me venía todo encima. ¿Qué buscamos cuando denunciamos? Ahí volvió el concepto de reparación. Empecé a hablar con personas en la misma situación, empecé a leer informes, me di cuenta de que había muchas personas que se encontraban con que ya no querían una condena después de pasar años luchando». 

Para Belén, la fuerza colectiva fue esencial como lo es que sus libros sirvan de fuelle a las mujeres que han calzado sus mismos zapatos: «Cuando hice la denuncia en 2014 estaba sola. Estaba acompañada de mi familia más íntima (mi madre, mi padre y mi hermano), pero me sentía muy sola, porque yo no tenía una amiga o alguien a quién preguntarle cómo es hacer una denuncia, cómo me voy a sentir, cuántos años va a demorar».

Tras denunciar los hechos en 2014 y publicar la obra en 2021 en Argentina, su caso sigue sin resolución. La joven escritora intentó recomponerse y encontrar refugio por medio de la escritura, que le ha permitido, al menos, «recuperar el dominio y tomar la palabra».

Femicidios en Argentina: una mujer cada 32 horas

Un nuevo informe del Observatorio de Feminicidios en Argentina, a cargo de la ONG La Casa del Encuentro, reveló que hasta octubre de 2021 se cometieron 227 femicidios y diez transfemicidios o trasvesticidios en el país: «Sólo en octubre, la violencia sexista se llevó la vida de una mujer o una persona transexual o travesti cada 32 horas», detallaron desde la organización dirigida por Ada Beatriz Rico.

Del total de femicidas, 27 eran agentes o ex agentes de fuerzas de seguridad y 17 tenían dictada una medida cautelar de prevención. Además, en el 60% de los casos, eran pareja o ex pareja de la víctima, que, de acuerdo con el mismo informe, 29 habían realizado al menos una denuncia, 8 de ellas estaban embarazadas, 10 formaban parte del colectivo travesti trans, 3 pertenecían a pueblos originarios, 9 eran migrantes y 5, se presume, estaban en situación de prostitución o trata. Y «¿Qué falla?», se pregunta Peiró: «El Estado debe garantizar la implementación de políticas públicas contra la violencia de género, profundizar las campañas de prevención y hacer efectivos los programas anunciados de acompañamiento de mujeres. Mi caso no es un caso aislado y la justicia es lenta, procede mal, necesita una reforma que priorice los derechos de quienes denuncian», explica Belén.

En lo que va de 2022, un comunicado elaborado por el Frente de Mujeres Nacional del Movimiento Evita notificó que en apenas 27 días, se perpetraron 28 los femicidios en el país: «El Poder Judicial nos victimiza, nos revictimiza, no nos escucha, nos subestima y nos niega el derecho a medidas de protección por su propia ineficiencia. Y hablo de Argentina como podría hablar de cualquier otro lugar del mundo que carece de educación sexual integral, de conocimiento sobre los femicidios o sobre la situación de los abortos clandestinos», añade.

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