“Durante nueve años mantuve en silencio lo que me pasó hasta que otra chica lo denunció. En 2009 tenía 16 años, y el único actor adulto que viajaba en el grupo tenía 45 años. Una noche, él me besó el cuello, me tocó, y me llevó la mano para que sintiera su erección. ‘Mirá como me ponés’, me dijo. Después, me metió los dedos y me hizo sexo oral. Gracias a que alguien habló, yo pude salir de esa habitación”.

Belén López Peiró (Buenos Aires, Argentina) esperaba que su obra contara con mayor difusión entre los círculos feministas y comprometidos con las cuestiones de género. Sin embargo, cuando la actriz argentina Thelma Fardín denunció por violación a Juan Darthés, su compañero de rodaje en Patito Feo, la exitosa serie de Disney Channel, recomendó Por qué volvías cada verano (editado en España por Las Afueras) como una lectura que la había ayudado a dar voz a los abusos que sufrió de mano del “galán” de las telenovelas argentinas.

La fuerza empuja. Los referentes ayudan. Las voces se multiplican. La empatía se eleva. Por qué volvías cada verano es un completo ejercicio de polifonía en el que Belén López Peiró habla de los abusos como un entramado colectivo en el que su historia no es protagonista, ni tampoco su voz, sino la red estructural y patriarcal a la que una mujer se enfrenta a la hora de denunciarlos.

«Cuando mi madre vio que mi libro hacía bien a otras mujeres, que ella no era la única madre, que yo no era la única víctima y que en la sociedad existen 1 de cada 5 niñas que son abusadas, ayudó mucho», relata Peiró a El Independiente. La joven escritora argentina fue abusada en el ámbito familiar en reiteradas ocasiones, pero en Por qué volvías cada verano, «no podía seguir narrando en primera persona, tenía que escribir esas voces que circulaban en mi cabeza y que tenían igual o mayor peso que el abuso». Así, la narración adquiere un enfoque impersonal que se entremezcla entre relatos policiales y judiciales.

Crudo, directo y sin florituras, la obra de Peiró se ha convertido en una revolución literaria que ha dado fuelle a las mujeres que han calzado sus mismos zapatos. «Para mi familia fue un golpe leer Por qué volvías cada verano, pero escribir pensando en que la primera lectura la va a hacer la familia cohibe, silencia. Ellos tenían que entender que no se trata de mi historia, sino de una historia más de abusos».

Para Belén, más allá de que otras mujeres hayan podido empatizar con su historia, su obra tiene el poder de prevenir. «No podemos hablar siempre sobre acompañar después de una violación, un abuso o un episodio de violencia». Así, «soy de las que piensan que estos temas tienen que estar en todos los lados», sobre todo en las escuelas. «Que los adolescentes lo estén leyendo y empiecen a hacerse preguntas al respecto es una de las cosas más hermosas que me pasaron», admite en referencia a la gran repercusión de Por qué volvías cada verano en su Argentina natal.

La Justicia es tan lenta que no repara a las mujeres que denuncian, sino que dejan en libertad a los agresores. Hay una estructura social y familiar que les respalda

Belén López Peiró Alejandra López

Para la autora, existe la noción generalizada de que «una mujer que denuncia y que habla viene para incomodar». «Cuando hablas, las cosas no van a ser igual y hay muchas personas que no están dispuestas a hacer esos cambios». Así, Peiró afirma que «hay una estructura social y familiar que respalda al agresor, que lo ubica en un lugar de poder y eso es muy difícil de quebrar. La Justicia es tan lenta que no repara a las mujeres que denuncian, sino que dejan en libertad a los agresores». Tras denunciar los hechos en 2014 y publicar la obra en 2018, su caso sigue sin resolución. La argentina intentó recomponerse y encontrar refugio por medio de la escritura, que le permitió «recuperar el dominio y tomar la palabra».

«Hay una cultura machista muy arraigada, por eso Por qué volvías cada verano no tuvo repercusión solamente en Argentina, porque los abusos no tienen fronteras ni límites geográficos». El título de la obra de Peiró hace referencia al constante cuestionamiento de la mujer cuando denuncia, o cuando dice haber sido víctima de abusos, violación o violencia. «Cada vez que una mujer denuncia la respuesta es, “bueno, pero algo habrá hecho, seguro que lo provocó”. Si tu jefe te violentaba, ¿por qué volvías al trabajo? Si tu marido te pegaba, ¿por qué volvías a casa? A los varones nunca se les pregunta ¿por qué te calentaste con tu sobrina?».

La victoria del ‘Ni Una Menos’

Con 38 votos a favor29 en contra y una abstención, el Senado Argentino aprobó el pasado 30 de diciembre una histórica ley del aborto que permitirá la interrupción voluntaria del embarazo. Una marea de mujeres vestidas de verde saltaron de júbilo al conocer la noticia, tras una larga lucha que soportó el rechazo del mismo proyecto de ley hace dos años. Belén López Peiró estuvo allí.

«Cuando comenzó el ‘Ni Una Menos’ en 2015, yo estaba muy involucrada con el tema de los abusos, las violaciones y los femicidios, porque era lo que me había tocado vivir en primera persona, hasta que me di cuenta de la cruda realidad de los abortos clandestinos. Luchamos mucho, marchamos mucho y es un logro inmenso», relata. «El catolicismo tuvo y tiene mucho poder, imagínate, el Papa es argentino», ríe. «El tema es separar, una cosa es la salud sexual y reproductiva de las mujeres y otra la fe».

Así, Argentina pretende impulsar a otros países de América del Sur a seguir sus pasos. «Los movimientos del Me Too y el Ni Una Menos fueron ampliándose y repercutiendo en los movimientos feministas de otros países», explica Peiró. «Es como una ola».

¿Es legítimo separar al artista de su obra?

Roman Polanski, Kevin Spacey, Sean Connery, Michael Jackson o Diego Armando Maradona. Los cinco han sido acusados de abuso y los cinco han generado un magnánimo debate sobre si es lícito llorarles, admirarles y separarles de su obra. El fallecimiento del astro argentino generó un enorme debate feminista que, en cierta medida, obligó a sus aficionadas a replantearse sus lágrimas por los abusos que había ejercido sobre algunas de sus exparejas. Ese fue el caso de Rocío Oliva (que en 2014 denunció haber sido golpeada por medio de un vídeo en el que se observa claramente cómo Maradona le agrede) o Claudia Villafañe (madre de dos de sus hijas, Dalma y Giannina, que le acusó de violencia psicológica en la Oficina de Violencia Doméstica de Argentina).

«¿En qué casos separamos? Por ejemplo, si sabemos que un escritor es un violador, ¿lo dejamos de leer o lo seguimos leyendo? Hay muchas autoras que dicen que hay grandes escritores que han participado en episodios de violencia y los leen sabiéndolo. Hay otras que no pueden volver a tocar sus obras», relata Peiró.

«Lo del Diego fue algo muy fuerte, porque más allá del feminismo también tocaba la cuestión social. En nuestro país, que una persona que provenga de la villa haya llegado al lugar que llegó sin olvidarse nunca de su pueblo, de su familia y de todo lo que es la izquierda», es lo que explica el fenómeno sociológico del Pelusa. «Tengo amigas muy fanáticas y yo no podía delimitar o decir hasta dónde podía o no doler algo. O si estaba mal que ellas sintieran dolor por las veces que su papá lloró con ellas viendo al Diego jugar al fútbol», relata la argentina. «El dolor colectivo incluía la complejidad de que la misma persona que te había hecho feliz, también podría ser una persona perversa de puertas adentro».

Así, la autora admite que «me gusta pensar en un feminismo que no dice hasta dónde es correcto llegar, hasta donde no; sí el que opina y nos hace preguntarnos cómo podemos querer a una persona que pueda tener esas características».

Tras el huracán que Por qué volvías cada verano ha generado, Belén López Peiró está ultimando los detalles de Donde no hago pie, su segunda novela que saldrá en marzo y que es una continuación «diferente» de la obra que ha recorrido mundo para hablar del abuso sin etiquetas ni censura.