Etiopía, un país en el Cuerno de África tan asombroso como desconocido para Occidente, es hogar de hallazgos históricos que han marcado la historia de la humanidad. Desde sus impresionantes iglesias excavadas en la roca de Lalibela, donde se cree que los monjes ortodoxos pudieron haber custodiado el Arca de la Alianza, hasta el fósil de homínido más antiguo del mundo, el famoso esqueleto de Australopithecus afarensis descubierto en el Valle del Rift, con una antigüedad aproximada de 3,2 millones de años. Etiopía ha sido, sin duda, escenario privilegiado de descubrimientos que combinan historia, ciencia y leyenda. Entre todos estos hallazgos, uno se destaca por su influencia global: el café.
Hoy, esta bebida no solo forma parte de la rutina diaria de millones de personas, sino que también es un símbolo de identidad cultural y tradición, cuyo origen se remonta a hace más de diez siglos.
Kaldi, el pastor de cabras y su gran descubrimiento
En Etiopía, antiguo Reino de Abisinia y hogar de la Reina de Saba, todos conocen la historia de un humilde pastor de cabras llamado Kaldi, quien vivió entre los siglos IX y X en la región de Kaffa, al sur del país. Todo comenzó cuando Kaldi notó que sus cabras después de ingerir unos frutos rojos que adquirían de unos arbustos desconocidos se volvían inusualmente activas Intrigado, decidió recoger un puñado de estos granos y llevarlas a los monjes para que las evaluaran.
Los monjes, desconfiados del efecto desconocido de las bayas misteriosas, no aprobaron su uso y las arrojaron al fuego. Sin embargo, el aroma liberado por los granos tostados despertó su curiosidad, y pronto descubrieron que podían ser consumidas. Aunque la historia de Kaldi pertenece más al mito que a la documentación histórica, ilustra cómo se empezaron a reconocer las propiedades estimulantes del café.
La ceremonia del café en Etiopía
En Etiopía, el café no es solo una bebida; es un ritual cultural profundamente arraigado. La ceremonia del café etíope es un proceso tradicional que puede durar varias horas y simboliza hospitalidad, comunidad y respeto. Durante el ritual, se enciende incienso, se colocan en el suelo hojas de Ensete, creando un espacio limpio y ceremonial donde se colocan la sartén y la jebena, la olla tradicional de café. Los granos se tuestan en sartén sobre fuego abierto, liberando su aroma, y luego se muelen a mano antes de hervirlos en la jebena. Este evento no solo celebra el café, sino también la conexión entre familiares, vecinos y visitantes, reforzando la importancia social de esta tradición.
De la semilla a la infusión: los primeros métodos de consumo
Inicialmente, las poblaciones locales consumían las semillas del café masticándolas o en bebidas fermentadas, mucho antes de que se popularizara la infusión. Durante el siglo XIII, comenzaron a perfeccionarse técnicas más elaboradas: los granos se secaban al sol y se tostaban sobre fuego abierto, desarrollando un sabor más uniforme y agradable, sentando las bases de la bebida moderna.
La especie Coffea arabica, originaria de Etiopía, prospera en altitudes superiores a 800 metros sobre el nivel del mar, mientras que la Coffea robusta, más resistente y con mayor contenido de cafeína, se adapta mejor a tierras bajas y húmedas. Esta diferenciación ecológica permitió que el café se expandiera a regiones tropicales y subtropicales, permitiendo la presencia de cafetales en el resto de África, América y Asia, consolidándose como un producto agrícola y económico de gran relevancia mundial.
Yemen y la consolidación del café como bebida
Aunque la planta es originaria de Etiopía, el café como bebida comenzó a popularizarse en Yemen durante el siglo XV. Comerciantes y monjes sufíes lo cultivaban sistemáticamente, aprovechando sus propiedades estimulantes para mantenerse despiertos durante la oración nocturna y la meditación.
En Arabia se desarrollaron los primeros métodos de preparación cercanos al café moderno: molienda y ebullición de los granos. Desde Yemen, el café se extendió a Egipto, Siria y el Imperio Otomano, donde se convirtió en un elemento central de la vida social. Las casas de café surgieron como lugares de encuentro e intercambio de ideas, estableciendo la cultura del café que aún perdura.
En el siglo XVII, la bebida llegó a Europa, primero a Italia y Países Bajos y posteriormente a Francia e Inglaterra. Inicialmente despertó desconfianza, pero rápidamente se convirtió en un producto codiciado y se abrieron cafeterías en ciudades como Londres, París y Viena, consolidando su papel en la vida social y cultural.
El café en la actualidad
Actualmente, los cafetales se encuentran en más de 70 países ubicados en las zonas tropicales y subtropicales del planeta. Los principales productores son Brasil, Vietnam, Colombia, Indonesia y Etiopía, donde las condiciones de altitud, temperatura y humedad favorecen su desarrollo.
El clima ideal para cultivar café incluye temperaturas entre 18 y 24 °C, lluvias regulares, suelos bien drenados y fértiles, y altitudes variables según la especie: la arábica prefiere montañas elevadas, mientras que la robusta crece mejor en tierras bajas y húmedas.
En España, el cultivo de café es muy limitado debido a su clima mediterráneo. Sin embargo, en las Islas Canarias existen pequeñas plantaciones experimentales de Coffea arabica, donde el suelo volcánico y las temperaturas suaves permiten un cultivo controlado y rentable a pequeña escala
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