El Teatro Real de Madrid estrena Enemigo del pueblo, la nueva ópera del compositor Francisco Coll con libreto y dirección escénica de Àlex Rigola, basada en la obra Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen (1828-1906). Tras su estreno mundial en el Palau de les Arts de Valencia el pasado noviembre, la coproducción llega a la capital con cuatro funciones, entre el 12 y el 18 de febrero, bajo la batuta del sueco Christian Karlsen, que sustituye al compositor por motivos de salud.
En un tiempo de crisis climática, redes sociales tóxicas, populismo y desconfianza institucional, Enemigo del pueblo repone una pregunta incómoda: ¿Somos capaces de asumir la verdad? La acción arranca cuando el doctor Stockmann, médico del balneario que sostiene la economía del pueblo, descubre que las aguas están contaminadas por vertidos de granjas cercanas. Al hacer público el informe, se desata un conflicto en el que chocan salud pública, intereses económicos y lealtades familiares, con su hermano, el Alcalde, al frente de quienes prefieren ganar tiempo antes que asumir el cierre del balneario.
Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, subraya que el dilema no es solo sanitario, sino moral: el doctor reivindica su derecho “como ciudadano libre, de hacer público, caiga quien caiga, su descubrimiento”, pese a que puede arruinar la ciudad. El enfrentamiento se desplaza pronto del pulso entre hermanos a un choque más incómodo: “la asamblea, la comunidad contra la ciencia”, hasta convertir al médico en “enemigo del pueblo” por decir lo que nadie quiere escuchar.
Rigola, que ya había abordado Un enemigo del pueblo en el Pavón Teatro Kamikaze con un dispositivo que hacía votar al público, insiste en que la obra pivota sobre dos ejes: “Para mí hay dos temas principales: la ética y el sufragio universal”. El director recuerda el experimento de aquellas funciones, cuando propuso anular la representación como gesto político y, pese a que el 94% decía creer en la democracia, “en las 36 funciones que hicimos, en ninguna se votó que sí”.
En el encuentro del ciclo Enfoques, Rigola conecta el texto de Ibsen con la manipulación de la opinión pública actual: “Vemos cómo se puede cambiar el pensamiento de una población e incluso hacerla votar cosas para las que quizá no estaba preparada”, citando el Brexit y el poder de las redes sociales. A propósito del control de plataformas como X, advierte sobre Elon Musk: “Este hombre tiene el poder de cambiar la opinión de una ciudadanía en unas votaciones… Estamos en sus manos”, en referencia al pulso entre gobiernos y grandes oligarcas tecnológicos.
Una playa sobre aguas contaminadas
La propuesta escénica sitúa la acción en una costa mediterránea de dunas, cielo y mar, un espacio apacible cuya luz se va enturbiando al ritmo de la trama. La escenografía la protagoniza una casa-estudio que flota simbólicamente sobre el mar contaminado, “el espacio donde se están jugando su futuro, esa playa y ese mar adonde van las aguas contaminadas”, en palabras de Rigola.
El director resume el arco del protagonista como “una bajada a los infiernos de una persona que cree en la humanidad y, por el camino, deja de creer en la condición humana”. De héroe ético que se da a los demás, Stockmann pasa a una soledad feroz que cuestiona incluso el sufragio universal: “Si es tan fácil convencer a la gente con ciertos discursos… ¿tienen derecho a votar todos? Es una gran pregunta”, desliza Rigola, sin poner en duda el principio de “una persona, un voto”, pero sí la fragilidad de la democracia frente a la demagogia.
Coll, la nueva figura de la música española
Francisco Coll firma su primera ópera de gran formato tras Café Kafka, y con la que se confirma como referente en la composición española contemporánea. Nacido en Valencia en 1985, fusiona vanguardia y tradición cultural española en sus obras que se interpretan en los principales escenarios mundiales, como la Filarmónica de Los Ángeles o la BBC Scottish Symphony, y ha sido compositor residente en ensembles como la Camerata de Berna y la Orquesta de Valencia. “Francisco Coll tal vez compone la música más española que ningún compositor español ha compuesto nunca”, asegura Christian Karlsen por su apoyo musical tanto en el flamenco real como en las bandas de viento valencianas y la música militar.
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