El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha inaugurado este miércoles una exposición conmemorativa del 20 aniversario de Casa Árabe con fotos de la Agencia EFE, acompañado por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en la sede de la institución en Madrid. Pero los avatares de la institución fundada en 2006 como herramienta de diplomacia pública y concebido como “punto de encuentro entre España y el mundo árabe” han sido de todo menos plácidos, marcados en los últimos años por las críticas a la gestión de su penúltima directora, Irene Lozano, y las dudas sobre su gestión planteadas por el Tribunal de Cuentas.
Casa Árabe nació bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero como un consorcio interadministrativo integrado por Exteriores, la AECID, la Junta de Andalucía, la Comunidad de Madrid y los ayuntamientos de Madrid y Córdoba. Su misión: “tender puentes” y reforzar las relaciones políticas, económicas y culturales con el mundo árabe. Durante años, Casa Árabe formó parte de la denominada Red de Casas –junto a Casa de América, Casa Asia, Casa África o Centro Sefarad–, con un perfil centrado en la diplomacia cultural y el análisis geopolítico.
El demoledor informe del Tribunal de Cuentas
Ese diseño institucional, basado en la cooperación entre administraciones, es también el que ha terminado por evidenciar sus tensiones. La salida de la Comunidad de Madrid del consorcio, formalizada en enero de 2026 tras una “reflexión profunda y responsable”, se apoyó en las conclusiones del Tribunal de Cuentas, que detectó “importantes deficiencias en la gestión” y cuestionó los estándares de transparencia del organismo. El informe, referido a los ejercicios 2023 y 2024, dibuja una estructura sin “un sistema completo y estructurado de control interno” y con resultados negativos recurrentes cercanos al millón de euros anual.
El órgano fiscalizador fue más allá al señalar una “situación financiera crítica” que “afecta a su viabilidad”, así como carencias en planificación, contratación y gestión de personal. También apuntó a la falta de supervisión efectiva por parte del Ministerio de Exteriores, del que depende el consorcio, y sugirió incluso “plantearse la existencia del consorcio” si no se acredita su utilidad.
La controvertida etapa de Irene Lozano
Ese periodo coincide con la dirección de Irene Lozano (2021-2025), cuyo nombramiento ya fue controvertido. Exdiputada de UPyD y del PSOE, y colaboradora en los libros de Pedro Sánchez –entre ellos Manual de resistencia–, su designación rompió la práctica habitual de situar a diplomáticos al frente de estas instituciones. La Asociación de Diplomáticos Españoles advirtió entonces de la conveniencia de perfiles “idóneos para desempeñar esos puestos con rigor, independencia y a la plena satisfacción de las administraciones consorciadas”.
La gestión de Lozano concentró buena parte de las críticas internas y externas. Durante su mandato se produjeron cambios en el equipo directivo, el cierre de la librería Balqís –referencia durante más de una década en literatura sobre Oriente Próximo– y decisiones como la cesión de espacios a empresas privadas. Fuentes de la institución describieron un clima de desgaste y una progresiva pérdida de relevancia del proyecto.
El informe del Tribunal de Cuentas señaló deficiencias en la cobertura de puestos y la ausencia de indicadores que permitieran evaluar la eficacia de las actividades. A ello se sumó el deterioro material de la sede madrileña, en el emblemático edificio de las Escuelas Aguirre –situado en un enclave privilegiado junto al Retiro y en el encuentro de las calles Alcalá y O'Donnell– con problemas estructurales cuya reparación podría agotar el remanente de tesorería en los próximos ejercicios. En 2025 fue declarado Bien de Interés Cultural por el Gobierno para la "la protección patrimonial de sus valores históricos y artísticos, así como aumentar su conocimiento y tomar las medidas adecuadas para su correcta conservación".
La exdirectora se defiende
Lozano ha rechazado las acusaciones y ha negado cualquier irregularidad. “Ni en este mundo ni en ningún otro voy a tolerar que se sugiera una traza de corrupción en mi trayectoria”, afirmó en enero de este año, anunciando su disposición a acudir a los tribunales. La exdirectora sostiene que el déficit es “estructural desde el año 2012” y que responde a los recortes posteriores a la crisis financiera, no a su gestión. También defendió decisiones como la supresión del coche oficial o la regularización de personal como medidas de ajuste.
Tras su salida en febrero de 2025, el diplomático Miguel Moro asumió la dirección con el encargo de corregir las deficiencias detectadas. El Tribunal de Cuentas valoró “positivamente” la actitud de la nueva dirección para abordar los problemas, aunque subrayó que las reformas dependen en última instancia de las administraciones que integran el consorcio.
Dos décadas después de su creación, Casa Árabe mantiene su estructura formal como instrumento de diplomacia cultural y política, con sedes en Madrid y Córdoba y programas en formación, relaciones internacionales y cultura. Su definición institucional –“espacio de conocimiento mutuo y de reflexión compartida”– convive ahora con un balance marcado por déficits, tensiones políticas y dudas sobre su papel efectivo en la proyección exterior de España.
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