Ahora ya lo sabemos, ver no es comprender, es algo que nos ha llevado mucho tiempo aprender. En los años 30 del siglo pasado estábamos muy lejos de saber cómo funciona la manipulación, ni cuando nos manipulan. La Alemania del III Reich estaba llena de trampas para la percepción, mientras se construía el espíritu colectivo que miraba optimista al futuro, se exterminaba a los judíos y a toda forma de pensamiento y comportamiento libre y disidente.

“Después de la Primera Guerra Mundial los alemanes habían perdido su orgullo nacional, se sentían humillados por el tratado de Versalles. Cuando Hitler llegó al poder restauró ese orgullo nacional, que es muy importante para cualquier país, pero para los alemanes era todavía más”, reflexiona para El Independiente Julia Boyd autora de Viajeros en el Tercer Reich. (Ático de los Libros) Boyd se ha adentrado en cartas, diarios y documentos de ciudadanos anónimos e ilustres viajeros como Virginia Wolf o Samuel Beckett “para abordar, desde esa perspectiva cómo la gente percibía, en ese momento, lo que estaba ocurriendo en Alemania”.

“El régimen de propaganda era muy fuerte, confundía a los viajeros. A pesar de que lo que habían oído, cuando llegaban a Alemania veían ciudades muy limpias y ciudades muy bonitas. Había que ser una persona muy extraordinaria para luchar contra el régimen de propaganda y represión nazi”, asegura Boyd, la oposición era invisible era una sociedad cohesionada.

Pero los viajeros se topaban con la cruda realidad que suponía el antisemitismo que era público, promocionado y evidente. Uno de los episodios que documenta Boyd en su libro es la entrega de una niña judía a un matrimonio de turistas ingleses cuya madre pidió que la salvaran de un destino que con toda probabilidad hubiera sido fatal. 

Las olimpiadas fueron un momento de exaltación aria.

La persecución a los judíos sufrió un paréntesis durante las olimpiadas de Berlín de 1936, el mayor esfuerzo propagandístico de la Alemania nazi. Un esfuerzo mayúsculo y exitoso. 

“Las olimpiadas fueron la gran oportunidad para mostrarse al mundo cómo ellos querían mostrarse y conseguir que Reino Unido y Estados Unidos se hicieran sus aliados. Acudió mucha gente a Alemania, más que nunca antes. Era una oportunidad muy importante y por lo tanto hicieron un ejercicio de propaganda impresionante y muy eficiente. Quitaron todos los carteles antisemitas que había en la calle y se presentaron como una nación contenta de gente amable, moderna y muy eficiente. Cuando regresaban a casa los viajeros, a pesar de los rumores, se llevaban una idea de que Alemania era muy agradable que eran idealistas que querían lo mejor para su país y que no estaba tan mal”, explica Boyd. 

Algunos de los que se quedaron en Alemania, tras los juegos, descubrieron un país muy distinto. “Se hizo famosa una canción en Berlín que decía algo así como ahora que los juegos han terminado vamos a divertirnos con los judíos”, añade la autora.

El libro de Boyd se ha convertido en un éxito editorial. “Han pasado pasado 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial, pero seguimos teniendo fijación por los nazis y por lo que ocurrió. Todavía los estamos digiriendo y, además, hay resonancias en la actualidad de lo que ocurrió entonces, con el auge de la extrema derecha”, reflexiona Julia Boyd. 

La máquina de guerra ha cedido al interés por las personas, por lo que pensaban, sus ideas y por qué se comportaron de esa manera

Para la autora, el periodo nazi ha tenido “un gran impacto en nuestras vidas, y tenemos que aprender todavía cosas de ese periodo”. Según la escritora inglesa, cuyo libro ha sido reconocido por Los Ángeles Times como el Mejor Libro de Historia de 2018, hemos cambiado “la forma en la que nos enfrentamos a ese momento histórico, la máquina de guerra ha cedido al interés por las personas, por lo que pensaban, sus ideas y por qué se comportaron de esa manera”.

Lo que no ha cambiado es el hecho de que “la Segunda Guerra Mundial tuvo un gran efecto en nuestras vidas y que el 30 de enero de 1933, cuando Hitler accedió al poder, lo cambió todo y, todavía a día de hoy, vivimos las consecuencias de ese momento”.