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Este es el invento de hace 200 años que hace que tu coche se mueva hoy

Samuel Morey, inventor del motor de combustión interna
Samuel Morey, inventor del motor de combustión interna.

Hace 200 años inventar algo nuevo no era cosa de inteligencias artificiales, sino de personas de carne y hueso que intentaban mejorar las tecnologías que ya existían. Uno de esos genios olvidados que tuvo mucho que ver con las comodidades que tenemos actualmente es Samuel Morey. Nacido en 1762 en Hebron, Connecticut, y criado entre bosques y ríos de New Hampshire, Morey combinó desde joven la observación de la naturaleza con la curiosidad por la mecánica.

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Este inventor de mirada revolucionaria era hijo de un oficial de la Guerra Revolucionaria y siempre tuvo inquietudes adelantadas a su tiempo. Soñaba con maquinas que pudieran moverse de forma autónoma, sin necesidad de la tracción animal. Estas ideas no se quedaron en pensamientos vacíos, Morey decidió llevarlas a cabo, probarlas y, finalmente, patentarlas. La disciplina heredada de la tradición militar de su familia y su experiencia en el negocio de la madera, lo llevaron a experimentar con vapor, paletas y combustibles líquidos buscando transformar la energía en movimientos de manera más eficiente que cualquiera de sus contemporáneos.

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Sus ideas se convertirían rápidamente en invenciones que marcarían la historia de la humanidad: el barco de vapor de 1793, el motor giratorio en 1815 y, finalmente, el motor de combustión interna que patentó hace dos siglos, el 1 de abril de 1826.

Un pionero de la mecánica infravalorado por la historia

A pesar de la genialidad de sus inventos, Morey tuvo que luchar por el reconocimiento y la financiación. Esto hizo que su legado sea aún desconocido para muchos, pero crucial para la tecnología moderna. Sus experimentos lo colocaron como pionero en entender que el futuro de la movilidad no estaría atado exclusivamente al viento, al agua o a los caballo, sino a la ciencia y, en gran medida, a la imaginación humana.

Además del vapor, Morey exploró con otras mecánicas de movilidad como la combustión de vapores inflamables. Durante décadas, mezcló vapor de agua con trementina, alquitrán, aceites y otros combustibles registrando meticulosamente sus experimentos.

En cartas y publicaciones, describió cómo estos vapores generaban explosiones controladas, que utilizó para mejorar la eficiencia de su motor giratorio de vapor. Sus hallazgos sobre la descomposición del agua y la combustión inflamable anticiparon conceptos indispensables para desarrollar el motor de combustión interna.

El invento del pasado que permite moverse a los coches del presente

En 1824 comenzó a documentar un motor de combustión interna haciendo modificaciones hasta 1826, cuando finalmente patento la idea. El motor contaba con dos cilindros, carburador, válvulas y levas dispuestas de forma común, pero utilizadas con un mecanismo innovador. La explosión del combustible no impulsaba directamente el pistón sino que expulsaba aire para crear un vacío que el pistón aprovechaba, un método inédito para su tiempo.

Patente del motor de combustión interna.
Patente del motor de combustión interna.

Morey probó su motor en barcos, carros e incluso lo usó en uno de los primeros automóviles en Filadelfia, lo que representó en su momento, el segundo viaje documentado en el mundo y el primero en Estados Unidos. Sin embargo, la falta de apoyo económico y las dificultades técnicas le impidieron vender su invento.

La idea no destacó solo por su creatividad sino también por su seguridad. Morey usó una malla de alambre para evitar que la combustión alcanzara el carburador, una innovación que sería reinventada tiempo después. El uso de combustible líquido y un carburador de superficie calentada lo convierte en uno de los precursores directos del motor moderno. Aunque la patente original se perdió en el incendio de la Oficina de Patentes de 1836, su herencia técnica influyó en inventores posteriores como Charles Duryea, quien contribuyó a popularizar el motor de gasolina en Estados Unidos en torno a 1890.

Un legado capaz de cambiar el mundo

Samuel Morey falleció en el año 1843 en Orford dejando al mundo una visión adelantada del transporte más rápido y eficiente, capaz de prescindir de caballos y canales.

En la actualidad, réplicas de su motor se conservan en el Smithsonian y en colecciones privadas, mientras que historiadores, ingenieros y hasta coleccionistas de coches celebran a Morey como la persona que anticipó la era del automóvil y la aviación moderna.

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