Eres el escribiendo más bonito del mundo”, Redry. No es un gerundio, es un verso de David Galán con la que se refiere al mensaje que aparece en Whatsapp cuando alguien nos está escribiendo. Éste junto a otros nombres como Miguel Gane, Marwan, Loreto Sesma o Jose A. Gómez Iglesias más conocido como Defreds componen el fenómeno al que muchos ya denominan como Poetuiteros. Una poesía de consumo fácil y rápido, como las hamburguesas de la poesía.

Es una generación de jóvenes que ha vivido en sus propias carnes el poder de las redes sociales que les ha permitido alcanzar un estatus en el campo poético sin precedentes. Su público mayoritario son jóvenes entre 15 y 25 años, suman miles de seguidores en sus cuentas sociales donde parecen tener tanta influencia que hasta hay quien se hace tatuajes de sus escritos, comercializan merchandising entorno a su producto y, lo más importante, han trasladado sus poemas de las redes a las editoriales.


Muchos de estos nuevos poetas venden en decenas de miles de ejemplares -algunos hasta 40 y 50 mil- lo que les cataloga como superventas en uno de los géneros literarios donde lo habitual era que se vendieran 500 ejemplares de un libro y «si llegaba a mil entonces era un libro que se vendía bien”, sostiene el doctor en Filología Hispánica y codirector de la editorial de poesía Los Libros de la Marisma, Alberto García-Teresa a El Independiente. Este hecho, «ha convulsionado por completo el campo editorial provocando que grandes editoriales se estén fijando cada vez más en una poesía que les genera una importante rentabilidad económica», añade.

En esto coincide la poeta y filóloga Ana Pérez Cañamares (1968, Santa Cruz de Tenerife) para quien lo importante no es centrar el debate en los poetuiteros, ni tampoco en sus lectores, sino en las «editoriales ‘prestigiosas’ que sin ningún pudor se aprovechan del tirón mediático en detrimento de la calidad. Y el consiguiente silencio sobre otros poetas, que ni son publicados por ellas ni son reseñados, ni se tienen en cuenta para nada, porque su poesía es más crítica que estos poemas inocuos y ñoños que no molestan a nadie». Además de preocuparle «los valores que transmiten como el romanticismo rebelde que apenas camufla el machismo de siempre».

Son libros que recuerdan al diseño de la novela juvenil y su tema principal es el amor

Son libros que por fuera recuerdan al diseño de la novela juvenil y que por dentro su contenido suele girar entorno a los sentimientos más elementales del ser humano, el amor/desamor. Así es como captan el interés de jóvenes que dicen sentirse reflejados en sus textos como Alba (25 años) quien asegura que después de una ruptura amorosa, estos libros “me ayudaban a ver que no me pasa solo a mí”. En este sentido, García-Teresa nos invita a reflexionar sobre si lo que les está afectando a los jóvenes, y de hecho a todos, es además, las dificultades para llegar a fin de mes o la precariedad laboral, «temáticas que están orillando a favor de una poesía hiperindividualista, de sobreexposición cuyo tema principal es el sustrato amoroso enfocado a una versión muy patriarcal subrayando el concepto de amor romántico”. En otras palabras, la versión en poesía del fenómeno Crepúsculo en la narrativa.

De entre toda esta revolución en el campo editorial “quien más está saliendo perjudicada es la poesía consolidada e independiente que antes podía meterse como pinta grietas y hoy es la primera que ha sido desplazada por esta corriente de poesía comercial en las grandes librerías”, asegura García-Teresa.

Algunos de estos poetas ya se han pronunciado, también en redes sociales, sobre esta nueva ola de poetas en la red. Unos consideran que no son «poetas» ni lo que escriben es «poesía», como es el caso de Pérez Cañamares. Irene X, primer Premio ESPASAesPOESÍA 2018, es de la postura de que «si no me gusta, no lo consumo, pero tampoco lo critico”. Y otros, como García-Teresa, creen que en este caso no nombrarlos no les haría desaparecer. “Sería falso negar todo el fenómeno creado entorno a este género”, apunta García-Teresa, y todo el interés que ha despertado en la sociedad, en el sector editorial y también en el político. Un ejemplo de esto último es la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid Versos al paso que consiste en pintar poemas escritos por los mismos ciudadanos en los pasos peatonales y que ya se pueden ver por las calles de la capital.

En la poesía española actual hay una gran diversidad de tendencias

Mas allá de este fenómeno de poesía comercial en la poesía española actual hay una gran diversidad de tendencias y registros como “fruto de los años 90 en los que habían movimientos muy enconados como era la Poesía de la Experiencia que generó una serie de luchas muy significativas que poco a poco se fueron disolviendo y que en el siglo XXI se puede constatar esa pluralidad y esa convivencia que es fundamental para que la cultura crezca”, reflexiona el filólogo.

Muestra de ello es el auge de otros formatos como las Jam de Poesía o los Slam Poetry de los que se vale ese segundo grupo de poetas más independientes. Son otras formas dinámicas de que la gente llegue a la poesía no solamente recitada sino además con un componente escénico en espacios de la noche, como los bares, donde hasta hace poco eran reacios a apostar por el género.

En este sentido, el poner voz a poemas, darles cuerpo e interpretarlos es también una forma de acercar la poesía a públicos que no están tan habituados a ella. En esto consiste el proyecto de la Real Academia Española (RAE) y la editorial Condé Nast Amamos la poesía. Una iniciativa audiovisual de difusión poética española e hispanoamericana a través de las redes sociales. Y que además anima a la participación ciudadana mediante la etiqueta #amamoslapoesia.

García-Teresa da cuenta de lo significativo que ha sido llevar la poesía a espacios donde muy pocas veces ha estado como a las asociaciones de vecinos donde le han hecho saber que a algunos les gusta más «escucharla que leerla». Y en cierto modo escuchar poesía de una manera colectiva genera una serie de sentimientos y de sensaciones de acompañamiento que no te da el leer un libro. “El leer un libro por supuesto es una experiencia estupenda y no vamos a reemplazarla, estamos hablando de elementos que se complementan”, señala.