El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, uno de los narradores más reconocidos de la literatura latinoamericana de las últimas décadas, ha fallecido este martes a los 87 años. La noticia ha sido confirmada por la Casa de la Literatura Peruana y la Cátedra Vargas Llosa en sus redes sociales.

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Nacido en Lima el 19 de febrero de 1939, Bryce Echenique pertenecía a una familia de la élite económica peruana y estudió Derecho y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A mediados de los años 60 se trasladó a París y vivió largas temporadas en Francia y España, donde desarrolló buena parte de su carrera literaria. En la capital francesa formó parte de una brillante diáspora peruana formada por escritores como el futuro nobel Mario Vargas Llosa o Julio Ramón Ribeyro.

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Su irrupción en el panorama narrativo llegó con Un mundo para Julius (1970), novela considerada una de las obras más significativas de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX. El libro retrata, a través de la mirada de un niño, el universo de la alta sociedad limeña y sus desigualdades, y pronto se convirtió en un clásico contemporáneo.

Humor y verbosidad

A partir de ese éxito, Bryce Echenique desarrolló una obra narrativa marcada por la ironía, el humor melancólico y una prosa muy cercana al relato oral. Entre sus títulos más conocidos figuran Tantas veces Pedro, La vida exagerada de Martín Romaña, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, La última mudanza de Felipe Carrillo, No me esperen en abril o La amigdalitis de Tarzán. En 1998 recibió en España el Premio Nacional de Narrativa por Reo de nocturnidad. En 2002 obtuvo el Premio Planeta por El huerto de mi amada.

También cultivó el cuento y el periodismo literario, con libros como Dos señoras conversan, Guía triste de París y La felicidad, ja, ja. Sus colaboraciones periodísticas fueron reunidas en volúmenes como A trancas y barrancas y Crónicas perdidas, mientras que en Permiso para vivir y Permiso para sentir abordó el terreno autobiográfico. Acusado en varias ocasiones de plagio, la fuerza de su voz literaria le permitió sobreponerse al daño reputacional.

Durante décadas vivió entre Europa y América Latina, en lo que él mismo describía como un “exilio voluntario”, antes de regresar a su país. Su obra, traducida a numerosos idiomas, exploró con frecuencia la memoria, la nostalgia y las contradicciones sociales de la burguesía limeña.