Paredes de cal blanca y flamenco por las esquinas. Era tal día como hoy en 1923 y Lola, la de España, iba a dar su primer cante al recibir aire en los pulmones. Para comprender cómo llega al mundo la Faraona, bueno es entender más Jerez. Sí, donde nunca estuvieron The Beatles, aunque lo pareciera deliberadamente.

De entrada, si es de la frontera, es porque la tenía con el Reino de Granada, y eso provoca vivir en constante lucha

Además de saber a barrica de roble, a Tío Pepe y sus ratones, a caballos hermosos y a campeonato mundial de motociclismo, esta ciudad condenada a jamás ser pronunciada con su jota y su zeta por sus habitantes, tiene muchos otros puntos de apoyo para agarrarse al arte en todas sus formas. De entrada, si es de la frontera, es porque la tenía con el Reino de Granada, y eso provoca vivir en constante lucha.

No es fácil narrarlo sin estar tomando un oloroso en El Pasaje, el tabanco en el que cantaba Lola, por ejemplo. Imaginemos a una chiquilla de ojos vivarachos y piel muy oscura, cuarta parte de gitana – no más – bailando en otro establecimiento, el bar de su padre. Allí escuchó las primeras notas musicales del flamenco omnipresente ligado a los buenos vinos de esa zona. Y aunque a los cinco años anduvo un tiempo con su arte por Sevilla y en un colegio de monjas, algo de arte bueno tuvieron que ver en ella para que pudiera aprender a bailar con María Pantoja y la guitarra de Sebastián Núñez, de vuelta en su Jerez. Luego volvió a la capital hispalense para aprender del maestro Realito, aunque sus instructores solamente pudieron domarla lo justo. Nada más tuvo que dejar escapar algo de su genio para ser estrella del flamenco siendo adolescente.

Luego llegó Madrid, los aviones, las películas, las actuaciones en América, televisión y todo lo que dejaba ver a una auténtica explosión de energía sacudirse poseída por el duende de un arte milenario. Esa mirada única, que ahora ha sido renderizada por cierta marca cervecera, le daba el poderío que acababa en los giros de sus manos, como llevada por las notas del aire. Aunque para giros, los que daba todo su cuerpo, que por acción de la fuerza centrífuga lanzaba por los escenarios sus pendientes.

Pero no fue la única ocasión. Atentos a esta actuación de 1969. Minuto 1:15.

La física demuestra el enorme talento y energía de esta mujer. La combinación de puro carácter y saberse querida fue la que la llevó a atreverse a pedir una peseta a cada español para saldar sus deudas con el fisco, o pronunciar aquel histórico “si me queréis, irse” en la boda de su hija Lolita, en 1983.

Mucho se ha hablado de sus amoríos, al margen de lo vivido con el Pescaílla. Los celos violentos con Manolo Caracol, futbolistas, cineastas, todo daría para más de una película “true story” de domingo por la tarde en Antena 3. Hablamos de nivel serie ficcionada, más allá del documental.

Como era de esperar, dijo no al tratamiento propuesto por los sabios de ese cáncer de mama detectado en 1975. Su testarudez le llevó a pelear contra el tiempo para quitarse años hasta falsificar el año de nacimiento de su DNI, cambiando el 3 por un 8. Pero la naturaleza obró inexorable, dejando para siempre sin su carácter al flamenco en “El Lerele”, su finca de Alcobendas.

Su despedida tuvo honores casi de Jefe de Estado. Retransmitida en directo por televisión y en loor de multitudes. Aunque antes se cumplieron a rajatabla sus últimas voluntades, expresadas ante las cámaras:

Peor fue la despedida que le brindó su hijo Antonio, al morir apenas dos semanas después.

Preguntes a quien preguntes, siempre se habla de ella con esa curiosa mezcla de admiración y proximidad. Ay, que pena, penita, pena.