Todo en obras, en reconstrucción, en reformas. La casa de Roald Dahl, su vida privada, sus declaraciones públicas sobre el estado de Israel y su invasora ocupación sobre territorios ajenos.
El autor, Roald Dahl, brilla con la luz propia de un creador único, como un Gigante. Su intérprete, José María Pou, también brilla por su trabajo actoral y su gran humanidad evidente, otro gigante.
Y, así, se van encendiendo luces que van brillando en toda la puesta en escena. El autor, Mark Rosenblatt, disecciona la controversia de una reseña de Roald Dahl con matices antisemitas, a raíz de la guerra del Líbano de 1982, donde sentencia que Israel se sobrepasa en sus atribuciones bélicas, olvidándose de lo que fue el holocausto para ellos, y arremete en su crítica, ya no solo contra el estado y su gobernante de entonces sino contra todos los judíos. Ahí nos muestra a un escritor egocéntrico, que hace girar todo a su alrededor, escabroso, puntilloso y provocador, que hace temblar a los que están a su alrededor.
Gigante el director, Josep María Mestres que, en el escenario y sin telón que oculte nada que no deba saberse, sube la tensión entre los personajes, los baja a ras de vida cotidiana para hacerlos humanos, contradictorios, cargados de sentimientos que, muchas veces, pretenden ocultar.
Gigante el resto del elenco, Victòria Pagès, Pep Planas, Clàudia Benito, Aida Llop, y Jep Barceló, que asumen su rol de planetas que orbitan alrededor del personaje gigante de Roald Dahl, pero manteniéndose a su altura interpretativa, que es muy considerable.
Un hombre difícil
No sobreviven simplemente, luchan a brazo partido, duelo de gigantes, conversan, estallan, se rompen y se enfrascan en unos diálogos punzantes donde se dirime la libertad de expresión frente a la responsabilidad de una figura pública que puede influir en mucha gente, en todos sus seguidores, debatiéndose, también, si separamos al hombre del escritor, si valoramos su obra únicamente o también sus acciones y pensamientos privados pues, en definitiva, se vuelven públicos.
Gigante es el retrato de un gigante con una sensibilidad especial en sus novelas y cuentos, pero dudoso en sus relaciones con los demás, difícil y solitario, al que, por otro lado, juzgarán y, posiblemente, denostarán por unas ideas políticas, unas expresiones ajenas a su obra creativa, que nos lleva a plantearnos dónde están los límites, cómo influyen los medios de comunicación, qué poder de convicción tienen los allegados y familiares.
Quizás, cuando la casa esté totalmente reformada, las disculpas se hagan efectivas y reales, pero hoy el escenario se ha cubierto de confrontaciones, de escucha, pero sin retractación, de personas rotas, aunque mantengan el tipo, manteniendo, en la redundancia, unos principios para unos que son el final para otros, dolorosas formas de ver las cosas.
Cuando el diálogo no basta, cuando hay ataque y no comprensión, ni acuerdos, o estos se rompen, así se empiezan las guerras.
'Gigante', de Mark Rosenblatt, es una coproducción del Teatre Romea y Grec 2025 Festival de Barcelona dirigida por Josep Maria Mestres. En el Teatro Bellas Artes de Madrid y en gira –del 30 de abril al 3 de mayo en el Arriaga de Bilbao, el 5 y 6 de junio en el Victoria Eugenia de San Sebastián, del 2 al 8 de diciembre en el Olympia de Valencia, entre otras–
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