Si eres de los que ya piensa que es difícil vivir sin música, aquí va una nueva razón. Tocar un instrumento ayuda a las personas mayores a mantener su capacidad auditiva e incluso a evitar el deterioro cognitivo propio de la edad. Lo dice un estudio realizado por científicos del Centro Baycrest de Cuidados Geriátricos en Toronto (Canadá) que ha sido publicado en la revista ‘Journal of Neuroscience’ y según sus autores puede favorecer el desarrollo de iniciativas de rehabilitación cerebral a través de la música.

Los científicos han descubierto que el aprendizaje de tocar un instrumento altera las ondas cerebrales y mejora las habilidades auditivas durante un corto período de tiempo, un cambio de actividad que demuestra la capacidad del cerebro para volver a conectarse y compensar las lesiones o enfermedades que puedan obstaculizar la capacidad de una persona para realizar tareas.

«Este es el primer estudio que demuestra que aprender a reproducir un sonido con un instrumento cambia la percepción cerebral del sonido de forma diferente a cómo lo hace escuchar música», ha señalado Bernhard Ross, principal autor del estudio.

Tocar el instrumento cambia la percepción cerebral de forma diferente a cómo lo hace escuchar música

El estudio incluyó a 32 adultos jóvenes y sanos que tenían un nivel auditivo normal, sin antecedentes neurológicos o psiquiátricos, de quienes analizaron sus ondas cerebrales mientras escuchaban por primera vez sonidos parecidos al de un tazón o cuenco.

Después de escuchar el sonido, a la mitad de los participantes se les proporcionó este instrumento y se les pidió que trataran de recrear los mismos sonidos y ritmos con él, mientras que el resto tenían que reproducir el sonido con el teclado del ordenador.

Los hallazgos del estudio demuestran que «hacer música lleva un fuerte cambio en la actividad cerebral»

«Se ha planteado la hipótesis de que el acto de tocar un instrumento requiere que muchos sistemas cerebrales trabajen juntos, como los sistemas de audición, el motor y el de percepción», según ha explicado Ross. De este modo, en su trabajo observaron por primera vez cambios directos en el cerebro después de una única sesión, lo que «demuestra que la acción de hacer música lleva un fuerte cambio en la actividad cerebral», ha señalado.

Los próximos pasos del estudio incluyen analizar la recuperación tras un ictus de pacientes con formación musical, en comparación con los beneficios de otras intervenciones como la fisioterapia, o el impacto de saber tocar un instrumento en el cerebro de los adultos mayores.