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Cómo superar un divorcio tras más de 20 años de convivencia

Vida Sana

Cómo superar un divorcio tras más de 20 años de convivencia

“Que 20 años no es nada”, que diría Gardel. Pero un matrimonio de 20 años es (casi) una vida entera. Hay parejas que ponen punto y final a su relación y deciden separarse o divorciarse después de más de una veintena juntos de convivencia, de experiencias vividas y de, seguramente, uno o más hijos en común. Las rupturas también se suceden (y cada vez más) más allá de la década de los 50 y de los 60, cuando los hijos ya son mayores y los recuerdos son tantos que cuesta a veces dar el paso de romper con la rutina de tantos años.

¿Cómo sobrellevar, de la mejor forma posible, un divorcio o una separación después más de 20 años de relación? Una de las claves es el respeto. El respeto hacia uno mismo y hacia la otra persona. Por todo lo vivido. Por todo lo compartido. Por todo lo construido juntos.

“El separarse bien es un requisito imprescindible. La forma de separarse es lo que condiciona luego una respuesta a medio plazo entre la pareja”, asegura a El Independiente Trinidad Bernal, doctora en Psicología y directora de programas de mediación de la Fundación Atyme. Es importante, añade la experta, no sacar a relucir las malas formas y las emociones encontradas que suele haber en muchos casos para mantener una buena relación entre ambos.

“Durante el proceso de divorcio, es importante no echarse nada en cara, no buscar culpables ni responsables sino asumir y aceptar que la relación se ha terminado. Hay que tratar de recordar todo el cariño, todo lo que se ha hecho juntos y entender que esto es también una nueva oportunidad para ser feliz”, afirma Patricia Ramírez Loeffer,  psicóloga especialista en salud, conferenciante y escritora. Educar con serenidad (Grijalbo) es su último libro publicado.

Si se respetan las decisiones de ambos miembros de la pareja, añade Ramírez, luego habrá una relación mejor entre los dos. Y en un futuro, se podrá encontrar en la otra persona a un amigo o a una amiga, ya que al principio es muy complicado.

En el caso de que no sea posible hacerlo solos, es mejor pedir ayuda y acudir a profesionales, a mediación familiar. Ya que lo mejor para el futuro y la relación de ambos, asegura Bernal, es tener un buen proceso de divorcio.

Los divorcios en edades adultas se han triplicado

Desde que en el año 1981 se legalizara el divorcio en España, los casos han ido aumentando año tras año. No sólo el número de divorcios, separaciones o nulidades sino también en la aceptación de las rupturas por parte de la sociedad.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2017  se registraron 97.960 divorcios (un 1,2% más que en 2016) 4.280 separaciones y 100 nulidades. En cuanto a la duración de los matrimonios por divorcio tuvieron una duración media de 16,4 años y los matrimonios separados fue de 22,7 años.

Más datos del INE apuntan a que en 2017, “el 32,8% de los divorcios se produjeron después de 20 años de matrimonio o más y el 21,0% entre cinco y nueve años. En el caso de las separaciones, el 53% de los matrimonios tuvo una duración de 20 o más años, y el 13,4% entre 10 y 14 años”. “Los temas o las modificaciones sociales han sido claves en el aumento de las rupturas”, afirma Bernal. Tal es así que “en la última década, en edades mayores, ha habido un incremento de divorcios y separaciones de más de un 160%. Un hecho muy importante a tener en cuenta”. Algunos de los cambios sociales han sido, según enumera esta profesional: la liberación de la mujer, el cambio de roles, la mayor flexibilidad en las normas morales y sociales, el considerar que la familia no es el único medio para ser feliz… Y sobre todo la normalización del divorcio.

Otros aspectos que han motivado el aumento de los divorcios es la mayor esperanza de vida y la ampliación del horizonte vital. Según explica Bernal, “las personas mayores de 60 años saben que aún le queda un 20% de vida saludable y eso hace que la mente no se quede parada ni piensen, como se hacía antes, en que “ya para qué voy a hacer nada con la edad que tengo”. Ahora se tienen (más) perspectivas de futuro”.

Todo ello, añade la psicóloga, unido al avance médico, al hecho de poder mantener una buenas relaciones sexuales en la edad adulta, de poder viajar más, de tener la oportunidad de conocer a más gente, etc. Todo ello enriquece y motiva a que si la pareja no funciona o no va bien, se puedan separar a la edad que sea. Algo impensable hace no muchos años.

Cuando los hijos se van de casa

Uno de aspectos más importantes en esto de los divorcios es la marcha de los hijos del hogar. “La mayoría de los matrimonios que se separan después de 20 o más años juntos de relación es porque han esperado a que los hijos sean mayores”, afirma Margarita Montes, psicóloga del centro de Psicología Álava Reyes de Madrid.

En estos casos, cuando los hijos son mayores, explica Montes, han podido ocurrir dos cosas. Una primera es que el matrimonio se haya dado cuenta de que cuando los hijos se han ido de casa, la relación no funcionaba, que la pareja sola, sin el cuidado y la educación de los hijos, caía por su propio peso. Y una segunda es que la pareja haya esperado a separarse cuando los niños son mayores porque han preferido que sus hijos, mientras han sido pequeños, hayan vivido teniendo a su padre y a su madre juntos en casa. Sin embargo, esto es un error, asegura
Montes: “estar la pareja viviendo bajo el mismo techo que los hijos, si quieren separarse, no sirve de nada. Porque no son dos personas que se trasmitan amor y confianza. La tensión subyacente que hay en la pareja afecta mucho a los hijos”.

Incluso también puede pasar, añade Bernal, que den el paso, si la relación va mal, porque sus propios hijos se han separado de sus parejas. “Eso hace que sirva un poco de modelo. Ya no es la preocupación de que (sus hijos) se haya divorciado sino que son felices habiendo dado ese paso, y piensan: ¿Y por qué nosotros no?”.

Por otro lado, apunta Bernal, se cree erróneamente que los niños y niñas pequeños sufren más cuando los padres se separan, pero no es así. “Nuestras investigaciones de la Fundación Atyme nos muestran todo lo contrario: cuanto más pequeñosson los niños, más fácil es la separación, mejor asumido por ellos como una realidad cotidiana. Cuando mayores son los hijos más difícil es que entiendan el porqué sus padres. ¿No pueden seguir juntos, aunque se lleven mal, si lo han hecho hasta ahora? Esa es la explicación que dan algunos hijos adultos. A ellos (a los hijos) les cambia la vida por completo: ahora tienen que ir a visitar a uno y luego al otro, llevar a los nietos por separado para que vean a sus abuelos, etc”.

Sin embargo, “hay otros casos y situaciones en que los hijos aplauden esa decisión porque era algo esperado y, quizá, lo mejor para ambos”, añade Montes. Por mucho que los hijos sean mayores, en los casos de separaciones, “hay que actuar casi igual que cuando los hijos son pequeños. Hay que dejarles al margen del conflicto entre los padres y no hay que obligarles a posicionarse”, sostiene la psicóloga. “Que sean los hijos los que elijan el tiempo que tienen que estar con cada uno, que tengan la libertad de repartirse el tiempo como quieran y que tanto
el padres como la madre promuevan siempre que sus hijos visiten, llamen y estén pendientes de la otra parte”, apunta Ramírez.