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Un estudio revela por qué algunas cremas provocan dermatitis y una posible solución

Dermatitis por contacto. EP

Que los diferentes compuestos químicos en cremas y cosméticos pueden producir reacciones alérgicas en la piel es muy conocido, sin embargo la causa que desencadena dicha reacción es desconocida.

Ahora, un estudio desvela que la forma en que algunos químicos desplazan la grasa natural de la piel puede explicar por qué algunos ingredientes habituales en cremas y cosméticos provocan dermatitis de contacto y, además, sugiere una nueva forma para abordar el problema.

El estudio se publica en Science Inmunology y se ha desarrollado en la Universidad de Columbia (Nueva York) y la de Monash (Australia), además del Brigham and Women’s Hospital, de la Universidad de Harvard.

La investigación ha analizado dos ingredientes que habitualmente se encuentran en multitud de cremas y cosméticos, como el bálsamo del perú y el farnesol. El primero es un agente aromatizante que se encuentra en filtros solares, lociones para el bronceado, champús y acondicionadores, además de repelentes de insectos. Es, también, antibacteriano y antifúngico.

Por su parte, el farnesol es un ingrediente que se encuentra de forma natural en aceites esenciales y que químicamente se denomina alcohol sesquiterpénico. Se considera bioactivador porque es un componente de la vitamina K y se dice que ayuda a suavizar las arrugas y reafirmar la piel, además de su poder para controlar la secreción sebácea.  

Cómo se desencadena la reacción

La reacción empieza cuando las células T del sistema inmune – contribuyen a las defensas y regulan las respuestas inmunes – identifican un químico como extraño. En este estudio se ve cómo esos químicos, habitualmente pequeños, se unen a proteínas más grandes para hacerse visibles frente a las células T y algunos de ellos provocan la reacción química en el cuerpo.

“Muchos pequeños componenetes que desencadenan dermatitis de contacto carecen de los químicos necesarios para provocar esa reacción”, afirma Annemieke de Jong, coautora del estudio y profesora de Dermatología en la Universidad de Columbia. “Los pequeños químicos deberían ser invisibles para las células T, pero no lo son”.

La causa, según pudieron confirmar de sus sospechas De Jong y su equipo, estaba tras la CD1a, una molécula abundante en las células inmunes de la piel (células langerhans) y a la que se responsabiliza de visibilizar los químicos frente a las células T. Por ello, a través de un estudio con células humanas in vitro, los investigadores han descubierto que esos químicos usados habitualmente son capaces de unirse a las moléculas CD1a en la superficie de las células de langerhans para activar las células T.

“Nuestro trabajo muestra cómo estos químicos [farnesol, bálsamo de Perú y otros componentes habituales] activan las células T, aunque al no haberse realizado directamente en pacientes tenemos que ser cautos en las conclusiones”, afirma De Jong. “El estudio marca el camino para confirmar el mecanismo en pacientes alérgicos y diseñar inhibidores de la respuesta”.

Porque la clave del hallazgo es que las moléculas CD1a se unen a las grasas naturales de la piel en su interior en forma de túnel. Las grasas sobresalen y crean una barrera física que impide que las CD1a interactúen con las células T. En este estudio, el farnesol mostró cómo se escondía en el túnel de las CD1a desplazando las grasas naturales de su interior. “Ese desplazamiento hace visibles las células T y provoca la reacción del sistema inmune”.

El hallazgo abre la posibilidad de frenar las reacciones alérgicas aplicando otras grasas a la piel que desplacen las que provocan la reacción inmune. “De otros estudioss ya conocemos algunas grasas que pueden unirse a la CD1a pero sin activar las células T”, afirma De Jong.

Actualmente, la única forma de parar la dermatitis alérgica por contacto es identificar y evitar el contacto con el químico en cuestión. Los ungüentos pueden ayudar a suavizar las erupciones, que suelen desaparecer en menos de un mes. Sin embargo, en casos más graves, los médicos pueden recetar corticosteroides, que son antiinflamatorios y represores del sistema inmune, por lo que pueden dejar a los pacientes más vulnerables a infecciones y otros efectos secundarios.

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