La vitamina C se sitúa entre los recursos más populares a la hora de tratar los primeros síntomas del resfriado: su consumo se incrementa en invierno y en periodos de bruscos cambios de temperatura. Sin embargo, la ciencia ha revisado ampliamente su eficacia real y los datos no confirmaban la creencia muy extendida al respecto. Esta vitamina, que resulta ser muy importante para la salud, no tiene la eficacia que se le asigna en infusiones contra las infecciones de tipo común.
La relación entre vitamina C y resfriados
La vitamina C contribuye a un buen estado funcional del organismo debido a su acción antioxidante, protegiendo a las células del daño del día a día, y a su forma de permitir absorber el hierro que proceda de los alimentos. También interviene en la producción de colágeno, sustancia necesaria para la piel, los huesos y los vasos sanguíneos. Estas funciones son las que justifican su interés nutricional, pero no hacen referencia a una acción directa de la vitamina C relacionada con los virus respiratorios.
Evidencia científica disponible
Los estudios llevados a cabo a lo largo de varios años han puesto de manifiesto que aquellos que están tomando vitamina C no están reduciendo en ningún caso el riesgo de padecer un resfriado, viendo que la tasa de contagio es prácticamente igual entre personas que están tomando una dosis extra de vitamina C y aquellas que no lo están. Si bien, en ciertos casos, sí que se observa una pequeña reducción de la duración de los síntomas de un resfriado, esta es muy pequeña y de poca calada para la práctica clínica.
El mito de los resfriados
La noción de que la vitamina C nos protege contra los resfriados se consolidó hace algunos años en parte de la sociedad y fue rápidamente difundida. Su mensaje simple y optimista se acomodó bien a la búsqueda de soluciones rápidas a las enfermedades comunes como los resfriados u otras afecciones que se suelen dar en invierno. Con el tiempo la creencia se difundió en la cultura popular y fue asumida como un hecho, a pesar de las pruebas escasas.
Influencia del consumo de suplementos
La industria de los suplementos reforzó esta visión al asociar la salud y la prevención con productos concretos. La vitamina C, por ejemplo, fue tan vinculada a la salud que su consumo regular empezó a asociarse a un estilo de vida sano, favoreciendo así a avivar el mito. Además, muchas de las personas que ingieren suplementos son cuidadosas con otros aspectos de la salud, lo que puede facilitar algunas interpretaciones erróneas sobre sus posibles beneficios.
Opciones eficaces para prevenir resfriados
Otras sustancias nutritivas, en cambio, se encuentran relacionadas más claramente con el sistema inmunológico. La vitamina D es uno de esos grandes protagonistas en la respuesta del sistema inmunitario del cuerpo frente a infecciones, sobre todo en los meses con menor exposición solar. Mantener una concentración adecuada de vitamina D puede ayudar a disminuir la vulnerabilidad a padecer infecciones respiratorias habituales, sobre todo en invierno.
Hábitos diarios que refuerzan las defensas
Las condiciones en las que se desarrolla el resfriado dependen en gran medida de las prácticas de la vida cotidiana. La alimentación variada, el descanso suficiente, la actividad física acordada y la correcta higiene contribuyen a incrementar la resistencia del organismo. Todas estas prácticas tienen consecuencias reales y duraderas, muy superiores a los efectos discretos de un producto de la farmacia.
La vitamina C, por supuesto, mantiene su condición de nutriente esencial, pero en absoluto puede actuar como eficaz barricada ante un resfriado común. Conocer el papel que cumple la vitamina C evitará tener expectativas equivocadas y hará que nos centremos en otras intervenciones que sí son efectivas. Un enfoque equilibrado y evidenciado se convierte en un elemento importante para cuidar la salud a largo plazo.
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