En Instagram y TikTok las imágenes y los vídeos se suceden, unos detrás de otros. Millones de usuarios son testigos de un patrón que se repite y que, a veces, pasan por alto. El de la perfección. Cuerpos delgados, pero fibrosos, caras perfectas sin granos, y ni rastro de estrías por el cuerpo. Todo está en su sitio. No hay publicación en redes que no haya sido sometida antes a una edición o filtros que mejoren la imagen. La iluminación e incluso la postura del modelo hace que la fotografía y su propio cuerpo se vean de otra manera, lo que incrementa esa obsesión por llegar a ciertos cánones de belleza.

Las inseguridades se cocinan a fuego lento desde la adolescencia y, desde entonces, muchos estarían dispuestos a cambiar partes de su cuerpo hasta el punto de pasar por quirófano. Tan solo en España se realizan casi 400.000 intervenciones de cirugía estética al año, según una encuesta realizada por la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE). De hecho, España es el país europeo donde más operaciones estéticas se realizan al año y el quinto a nivel mundial.

El sondeo muestra que los españoles cada vez se someten a tratamientos estéticos antes. Hace una década la media de edad de inicio a la cirugía estética eran los 35 años, pero en 2022, esta cifra llega a los 20.

Las intervenciones más realizadas son el aumento de mamas y la liposucción. La tercera posición la ocupa la reducción de mamas, que ha experimentado un crecimiento en los últimos años. Esto responde a varios factores. Por un lado, esta intervención es cada vez más conocida por las pacientes y, por otro, los motivos de salud. A pesar del dolor de espalda que sufren las mujeres con mucho pecho, esta operación no está incluida en la sanidad pública.

Los datos de operaciones entre hombres (16,6%) y mujeres (83,4%) reflejan una gran diferencia, aunque el porcentaje de estos ha crecido 4,4 puntos en cuatro años. Según la SECPRE, los hombres sobre todo solicitan rinoplastias (nariz) y otoplastias (orejas). La grasa en el pecho, independientemente de estar de moda o no, siempre “les acompleja muchísimo”, cuenta Maritina Martínez Lara, cirujana plástica y Vocal de Ética e Intrusión de SECPRE.

Hace diez años la media de edad de inicio a la cirugía estética eran los 35 años, pero en 2022, esta cifra llega a los 20

En el caso de las mujeres, “antes se esperaban a tener embarazos y hasta los 40 no se realizaban un aumento mamario, ahora las chicas se operan a los 20 años”, explica la doctora. Normalmente, indica, las mujeres se operaban al cobrar el primer sueldo para poder pagarlo con su propio dinero. Ahora, en cambio, las chicas acuden a la clínica junto a sus padres. “No es lo mismo que la hija tenga un pecho normal, sin malformaciones, o simplemente quiera aumentarse una talla o dos, en este caso es más fácil que los padres se nieguen a pagarlo”, observa.

Laura, de 27 años, se hizo una reconstrucción de pecho a los 22, pero no fue hasta que tuvo dinero por la herencia de su madre cuando se planteó hacerlo. A pesar de no tener un «complejo», no lo pensó mucho. Ella hacía topless y, según cuenta, no tenía problema en mostrar sus pechos, pero sí que reconoce que tras la intervención, está «más contenta».

En el caso de Paloma, argentina de 21 años que reside en Madrid, siempre tuvo claro que se iba a operar la nariz. Fue puramente estético, “lo hice porque estaba disconforme con mi nariz desde hacía tiempo y sabía que mi autoestima iba a cambiar, fue una decisión meditada”, apunta. Tuvo que ahorrar mucho dinero para hacerlo, lo tenía tan claro que ni siquiera pidió ayuda a sus padres. Al terminar el colegio, trabajó durante un tiempo y, con lo que consiguió con ese trabajo, se operó la nariz con 19 años. 

“Al contrario de lo que podría pensar mucha gente, no tenía que ver con la opinión de los demás”. De hecho, todos sus amigos y familiares no entendían por qué quería operarse al no considerarlo “tan grave”. Ellos no veían su nariz como “fea” o “fuera de lo normal”, ella, en cambio, “la odiaba”. A pesar de que en su caso no tuviera presiones externas, sí que cree que, al estar bombardeados todo el tiempo en redes sociales con modelos o influencers que siempre salen perfectas, “te hace sentirte más insegura, te comparas y es peor”. Aunque niega que sea el motivo de fondo de todas las operaciones estéticas. En su caso, dice, desde que tenía 11 años odiaba su nariz, y en ese momento “no tenía móvil ni ninguna red social”.

Paloma ve una diferencia entre las cosas del cuerpo que te puedes cambiar de manera natural y las que no, con lo que coincide la doctora Maritina, que ve en consulta muchas chicas con problemas de inseguridad a las que, parece, “no les gusta nada de ellas”. Como cirujana cree que, siempre que se pueda, deberían intentar cambiarlo de otra manera, “como haciendo deporte o comiendo bien”, y en el caso en el que acudan a quirófano, vayan con la decisión meditada. “Da más satisfacción personal el poder cambiarlo tú mismo con tu propio esfuerzo, yo no podía hacer nada para cambiar mi nariz”, apunta Paloma.

A medida que van cambiando las modas, los tipos de operaciones o cambios estéticos que piden los pacientes evolucionan también. Ahora mismo coexisten dos tendencias: las que quieren pechos muy grandes y las que buscan un cambio natural. “Hay casos extremos”, cuenta la doctora. “Situaciones en las que ya no sé ni cómo explicar que no se pueden poner tanto pecho, tiene que ser acorde con las proporciones de su cuerpo, si tienes un tórax estrecho, no te puedes poner unos implantes enormes”. Si se tiene en cuenta que aún existe un canon de belleza inalcanzable en el que ha vuelto a estar de moda “la extrema delgadez”, la doctora advierte que “si encima buscan pechos enormes, se sale de toda naturalidad”.

María, de 24 años, desde que era pequeña decía que se iba a operar el pecho por estética. Luego, en cambio, cuando llegó la operación a los 22, se operó por una razón muy diferente a la que se hubiera imaginado. «Tomaba pastillas anticonceptivas y eso me hizo ganar bastante peso, luego cuando las dejé de tomar mi pecho volvió a ser como el de antes, pero se me quedó vacío», cuenta. En un principio se iba a someter a quirófano para rellenar y no para aumentarlo, pero por motivos de salud que prefiere no contar, se tuvo que operar. «Ahora me siento feliz porque tengo el pecho pequeño que tenía antes y me siento cómoda», asegura.

No son solo las jóvenes quienes se aumentan el pecho. Es el caso de Mónica, de 51 años, que se lo operó por estética hace 9 meses. A pesar de que muchas amigas suyas lo hicieron cuando eran jóvenes, ella nunca se había planteado hacerlo. De hecho, siempre había «tenido pecho», incluso cuando tuvo a sus dos hijos también, pero al hacer ejercicio durante todos estos años, se le quedó en «nada». A los 50, al ver que no podía cambiar la situación, fue con su marido a la clínica y a los seis meses de decidirlo, pasó de tener una talla 70 a una 90. En cambio, si su hija de 24 años le dijera que quiere realizarse un aumento mamario, le diría que esperara por lo menos a tener hijos.

Hasta hace poco había muchas actrices que, a pesar de la evidencia, ocultaban que se hubieran hecho un retoque estético. La cirugía estética ha traspasado fronteras y ya no solo se someten a quirófano profesionales que trabajen de cara al público. Ahora, en cambio, “se está normalizando más” y, según la cirujana, “se habla de ello con naturalidad”.

Además, la doctora quiere dejar claro que no hay tanta frivolidad en este mundo y que “hay muchas chicas sensatas que acuden a consulta con un problema que quieren resolver, no son tantas las que simplemente quieren aumentarse dos tallas de pecho”. “No todo el mundo quiere emular a Jennifer Lopez o Kylie Jenner. Otras lo que quieren es simplemente aceptarse un poco”, concluye.