Después de una intensa jornada de entrenamiento cualquier persona habitualmente se retira a ducharse; sin embargo este gesto tan común puede tener consecuencias poco sanas. Lo más apropiado es esperar unos minutos ya que el organismo debe tener un tiempo prudente para volver a su condición normal, para normalizar su temperatura. Y sobre todo para que efectúe de forma correcta el proceso natural de recuperación.
Por qué esperar a la ducha
Cuando practicamos deporte, se produce un aumento de la temperatura del cuerpo y a la vez se dilatan los vasos por donde circula la sangre para facilitar la expulsión del calor. El sudor también adquiere un gran protagonismo en este proceso, puesto que se convierte en un mecanismo para ir bajando la temperatura del cuerpo de una forma gradual y segura. Interrumpir de golpe ese proceso entrando a la ducha puede hacernos sentir mareados o incluso sufrir un desmayo inesperado.
El riesgo de interrumpir la recuperación
El cuerpo requiere un periodo de tiempo en torno a los 10 - 15 minutos tras la práctica del esfuerzo físico a fin de volver a un estado de equilibrio. Durante este periodo, la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea descenderán de forma natural muy lentamente. Saltarse este proceso de adaptación e introducirnos inmediatamente en el agua acarrearía la interrupción de la recuperación y la posibilidad de provocar malestar, sensación de cansancio o prolongada incluso experimentar una sensación de fatiga durante el resto del día.
La ducha y la salud de la piel
El sudor como función protectora
El sudor tiene un papel de regulador de temperatura, arrastrando también impurezas y toxinas hasta la superficie cutánea. Esperar unos minutos antes de ducharse permite que el proceso continúe, favoreciendo una limpieza externa del organismo y una mejor evacuación de residuos potenciales. Una ducha de inmediato interrumpe el proceso y agrava el problema de la piel, que además puede no dejar de transpirar después de la ducha.
Alteración al pH de la piel
La piel tiene un pH ligeramente ácido que hace de barrera frente a las bacterias y soluciones externas. Una ducha a continuación de entrenar con los jabones alcalinos rompe ese equilibrio natural. De ese modo, se producirán más irritaciones, sequedad o pérdida de las defensas frente a microorganismos agresivos. Dar el tiempo necesario asegura una pequeña porción de la barrera cutánea, favoreciendo, a la par que la ducha sea más eficaz y segura.
Alternativas saludables antes de la ducha
Hidratación y estiramiento
Mientras el cuerpo se adapta al ejercicio, beber agua para reponer líquidos y sales minerales perdidos por el sudor es importante, y los estiramientos también son importantes: disminuyen la tensión, aumentan la circulación e incrementan la tasa de recuperación de los tejidos. De esta forma, ocupamos ese espacio que va de 10 a 15 minutos antes de la ducha de forma inteligente, eficiente y saludable.
Respiración y socialización
El hecho de soltar las pesas o bajarse de la cinta no quiere decir que haya terminado el entrenamiento; controlar la respiración durante unos segundos favorece la oxigenación, ayuda a disminuir la frecuencia cardiaca y proporciona calma. De la misma forma compartir esos instantes con los compañeros de actividad colabora en la mezcla de relajación mental que se produce para poner la guinda a la sesión, justo antes de ducharse con seguridad, efectividad y buena sensación.
La ducha es necesaria, pero conviene esperar unos minutos para que el organismo complete el proceso de recuperación. Este simple hábito mejora la salud, protege la piel y evita los mareos, tras la actividad física, de manera que luego no hay manera de frustrar los beneficios del entrenamiento.
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