El modelo sanitario global está experimentando un cambio de paradigma. Frente a una medicina centrada históricamente en tratar la enfermedad una vez aparece, cada vez más investigadores y profesionales sanitarios defienden la necesidad de anticiparse y actuar sobre los factores que la desencadenan.
Esta transición hacia la llamada medicina preventiva se apoya en décadas de evidencia científica. De hecho, la Organización Mundial de la Salud estima que hasta el 80% de las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2 podrían prevenirse con intervenciones tempranas sobre factores de riesgo y estilo de vida.
La prevención, sin embargo, ya no se limita a chequeos periódicos o a recomendaciones generales. La investigación biomédica del grupo de investigación Respuesta Celular al Estrés Oxidativo de la colaboración científica entre cROS: UNIOVI-BIOW, pone el foco en procesos biológicos que comienzan años antes de que aparezca una enfermedad, como la inflamación crónica de bajo grado, el estrés oxidativo o la pérdida de eficiencia mitocondrial, mecanismos que hoy se consideran impulsores clave del envejecimiento biológico y de numerosas patologías.
En este contexto, el descanso nocturno ocupa un papel protagonista. Dormir mal de forma continuada se asocia a un mayor riesgo cardiovascular, alteraciones metabólicas, deterioro cognitivo y debilitamiento del sistema inmunológico. No se trata únicamente de dormir un número suficiente de horas, sino de alcanzar un sueño profundo y reparador, en el que el organismo activa sus procesos naturales de reparación.
A través de esta investigación se señala que mejorar el entorno en el que dormimos "puede convertirse en una estrategia preventiva relevante", ya que durante la noche el cuerpo realiza "funciones clave como la regeneración celular, la regulación del sistema inmunitario o el equilibrio metabólico".
En esta línea, se ha analizado cómo intervenir sobre factores ambientales durante el descanso que podrían potenciar estos procesos biológicos. Estos estudios pre clínicos vinculados a tecnologías como Biow apuntan a que optimizar el entorno del dormitorio, especialmente en relación con la respiración y la oxigenación celular, permite favorecer la renovación celular durante la noche sin requerir cambios activos en el comportamiento diario.
Actuar sobre variables como la calidad del aire, la respiración o la eficiencia del sueño podría contribuir a reducir la probabilidad de desarrollar enfermedades antes incluso de que aparezcan los primeros síntomas.
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