La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha autorizado el inicio del ensayo clínico de Fase I del fármaco AP-2, una nueva molécula desarrollada en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC) para tratar la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). El ensayo comenzará el próximo mes de abril en la Unidad de Ensayos Clínicos del Hospital Universitario de La Princesa, en Madrid, donde se administrará por primera vez este candidato a medicamento a voluntarios sanos.
“Nuestro candidato a fármaco se llama AP2. Es una pequeña molécula que es capaz de modular TDP43. Estas siglas corresponden a una proteína humana muy importante para la vida y que está alterada en la esclerosis lateral amiotrófica”, explica la investigadora del CIB-CSIC Ana Martínez. Según detalla, su grupo ha demostrado en modelos celulares y animales que AP-2 puede “recuperar la función de TDP43, su localización y su función vital”, lo que abre la puerta a intervenir en uno de los mecanismos centrales de la enfermedad.
En más del 97% de los pacientes con ELA se observan acumulaciones anómalas de TDP-43 fuera del núcleo celular, donde la proteína se modifica y forma agregados tóxicos que contribuyen a la muerte de las motoneuronas. El equipo del CIB-CSIC diseñó AP-2 para bloquear la quinasa CK1, una enzima que favorece estas alteraciones. Al inhibir esta enzima, la molécula permite que TDP-43 “tienda a recuperarse, pueda volver al núcleo y recupere su función”, según han visto en pruebas con modelos celulares en animales transgénicos que expresan la proteína alterada también se han obtenido resultados esperanzadores, con una normalización parcial del equilibrio de TDP-43.
El potencial de AP-2 ha sido reconocido también a nivel europeo: en octubre de 2025, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) le concedió la designación de medicamento huérfano, una categoría que se reserva a tratamientos para enfermedades raras o con escasa rentabilidad comercial, pero con un interés terapéutico claro. Esta designación ha supuesto un impulso decisivo para avanzar hacia la fase clínica.
La ELA es una enfermedad neurodegenerativa que provoca la muerte progresiva de las motoneuronas, las células nerviosas encargadas de transmitir las órdenes del cerebro y la médula espinal a los músculos. A medida que estas neuronas se pierden, los pacientes van perdiendo la capacidad de moverse, hablar, tragar e incluso respirar. En España, se estima que entre 4.000 y 4.500 personas viven con ELA y cada año se diagnostican entre 900 y 1.000 nuevos casos, con una esperanza de vida media tras el diagnóstico de entre cinco y seis años.
“Aunque todavía es pronto, si se reprodujeran estos datos, el fármaco podría ralentizar la enfermedad, e hipotéticamente frenarla”, afirma Carmen Gil, quien junto a Martínez dirigen el Grupo de Química Médica y Biológica Traslacional. Para Ana Martínez, el horizonte que se abre es el de poder por primera vez intervenir de forma dirigida sobre una de las alteraciones moleculares más características de la ELA: “Si somos capaces de reproducir los datos que hemos visto en el laboratorio, en nuestros modelos, pues nos abre una esperanza para una posible modificación del proceso neurodegenerativo en la esclerosis lateral amiotrófica”.
Ensayo clínico
“Este ensayo clínico se va a realizar en la unidad de ensayos clínicos del Hospital Universitario de La Princesa y es el ensayo clínico de fase uno. Esto quiere decir que va a ser la primera vez que la molécula AP2, el fármaco AP2, se administre a personas”, destaca la investigadora Carmen Gil. El estudio se llevará a cabo en 70 voluntarios sanos y se centrará en evaluar la seguridad del fármaco y su farmacocinética, es decir, “cómo el fármaco se absorbe, se distribuye, se metaboliza y se elimina finalmente del organismo”, explica Gil.
Si la Fase I confirma un perfil de seguridad adecuado, el equipo prevé avanzar a probar con pacientes con ELA. Martínez detalla que esperan tener “los datos de Exceso para final de año” y que, si todo evoluciona favorablemente, “seguiremos con una pequeña extensión en un grupo reducido de pacientes, que en este caso lo haremos en el hospital de La Paz en la unidad de ELA”.
La investigadora subraya que el objetivo es reproducir en personas los resultados obtenidos en el laboratorio: “Si somos capaces de reproducir los datos que hemos visto en el laboratorio, en nuestros modelos, pues nos abre una esperanza para una posible modificación del proceso neurodegenerativo en la esclerosis lateral amiotrófica”.
AP-2 está protegido por una patente del CSIC y su desarrollo clínico corre a cargo de la spin-off biotecnológica Molefy Pharma, participada mayoritariamente por el grupo Arquimea. “La molécula AP2 está patentada en una patente del CSIC que a su vez ha licenciado la compañía Molefy Pharma, que es la que ha realizado el desarrollo de esta molécula, haciendo todos los trabajos regulatorios que hacen falta para solicitar la autorización para la realización del ensayo clínico”, explica Gil.
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