Este fin de semana se vuelven a jugar el partido y el referéndum del siglo. Les sonará. Uno de esos encuentros históricos en los que el Real Madrid y el Barça se juegan tres puntos y la eurozona, 300.000 millones de euros. Lo típico.

La cita con las urnas que tiene Italia este fin de semana podría desestabilizar el sistema bancario europeo. En cualquier otro momento, nos tendría en vilo. Pero este año nos hemos acostumbrado a que Europa se juegue su futuro un par de veces por temporada. Otro clásico, atentos al domingo.

Las firmas de inversión están nerviosas. Las empresas y los gobiernos europeos confiesan, en voz baja, que también. Han preferido mantener un perfil bajo en vez de meter miedo a los votantes italianos para que el tiro apocalíptico no les salga por la culata. Que las advertencias de los expertos las carga el diablo.

El Madrid y el Barça se juegan tres puntos este fin de semana; la eurozona, 300.000 millones de euros

Teóricamente lo que el fin de semana se vota en Italia debería ser una reforma de la Constitución italiana. Redactada en 1948, en plena resaca del fascismo, mantiene un sistema bicameral que fragmenta el poder para evitar tentaciones totalitarias, lo que en la práctica dificulta la gobernabilidad. Desde que hace 70 años la Cámara de Diputados y el Senado tienen el mismo poder, el país ha tenido 64 gobiernos. Si se aprueba la reforma, según sus partidarios, aportaría estabilidad y haría más ágiles las reformas.

El plebiscito, sin embargo, hace meses que dejó de ser sobre la Constitución. A debate está la continuidad del primer ministro. Pensó Matteo Renzi, alma de cántaro, que jugarse su cargo al resultado del referéndum le serviría para reafirmar su liderazgo. En 2015 aún parecía una buena idea.

Pero “si noventa minuti en el Bernabéu son molto longo, un año en política ni te cuento. Las encuestas que ahora le desahucian decían entonces que lo ganaría de calle. El discurso oficial de que “rechazar las reformas sería un salto al vacío” recuerda demasiado al Brexit.

No contó el primer ministro italiano con que 2016 sería el año de la antipolítica. Y, en Italia, al resurgimiento de los populismos, se le ha juntado la crisis de refugiados y la inestabilidad bancaria.

Al resurgimiento de los populismos, se le ha juntado la crisis de refugiados y la inestabilidad bancaria

El Movimiento Cinco Estrellas ha recuperado un tirón que hace un año había perdido haciendo campaña contra la reforma constitucional. Su líder, Beppe Grillo, ha prometido si llega al poder convocar un referéndum para salir del euro. La ley italiana ni siquiera lo permite, pero desde cuándo prometer algo imposible de cumplir es un problema en 2016.

Que Renzi abandone el cargo si gana el ‘No’ en el referéndum no es, en realidad, lo que más temen los mercados. Lo inquietante es qué puede pasar con los bancos italianos, en un precario equilibrio con más de 300.000 millones de euros en créditos tóxicos en su haber.

El cambio de gobierno, en este contexto de auge populista, pondría en peligro la inyección de dinero privado que necesitan Monte dei Paschi di Siena y UniCredit (el primer y el tercer banco del país) para salir adelante.

Las elites, divinas y humanas, están muy pendientes de lo que voten los italianos. La Santa Sede está tranquila y conserva la esperanza de que gane el ‘Sí’. O, al menos, eso le dijo el Nuncio esta semana a un miembro del Gobierno cuando éste le expresó su preocupación por el resultado de lo que pueda salir el domingo de las urnas italianas.

Europa se la juega, otra vez, este fin de semana.