En los hogares no se suele prestar atención a la tapa del inodoro una vez se pasa por el baño, pero dejarla abierta puede suponer un problema para la salud de las personas. Justo después de tirar de la cadena, el agua se lleva por el desagüe los residuos, pero también expulsa partículas microscópicas que caen como forma de aerosol sobre la superficie del baño. Diferentes estudios han demostrado que esto provoca que el inodoro se convierta en un foco de microorganismos a menos que se tomen medidas preventivas.

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El inodoro y microorganismos invisibles

Cada vez que se tira de la cisterna, el desplazamiento del agua provoca remolinos y burbujas y da lugar a pequeñas salpicaduras, lo cual, a su vez, permite que se generen aerosoles con bacterias y virus a partir de los residuos fecales y urinarios. Estas partículas pueden permanecer en el aire durante varios minutos y llegar a desplazarse, de modo que viajen más allá de la taza del inodoro sin que puedan ser advertidas.

Superficies contaminadas

Los aerosoles del inodoro se quedan suspendido el aire del cuarto de baño, pero también se va depositando sobre las diferentes superficies como el suelo, el lavabo, las toallas o el pomo de la puerta, convirtiéndose en un foco de contaminación que se va extendiendo si no se toman medidas para evitarlo.

Por qué cerrar la tapa del inodoro

Al cerrar la tapa del wáter, antes de tirar de la cadena, se limita mucho la salida de las gotas visibles y las microgotas contaminadas. Las investigaciones llevadas a cabo corroboran que tal comportamiento puede suponer una disminución en la dispersión de los aerosoles de entre un 30% y un 60%, lo que significará para la contaminación del entorno cercano al inodoro una importante reducción de su carga microbiana.

No elimina el riesgo por completo

Si bien presenta ventajas, cerrar la tapa no elimina completamente el problema. Parte de las sustancias de los aerosoles puede atravesar los laterales en la unión del asiento y el inodoro, por muy bien que parezca que se cierra la tapa. Por este motivo, cerrar la tapa ayuda a disminuir los riesgos, pero también hay que tener en cuenta que no los elimina del todo y siempre hay que combinarlos con unos patrones de limpieza continuados.

Baños compartidos

Los baños que no cuentan con la suficiente ventilación, son aquellos en los que se acumula una mayor cantidad de aerosoles. Estos cuartos de baño con poca ventilación ayudará a que las partículas puedan quedar presentes durante mayor tiempo en el aire, aumentando las posibilidades de su inhalación o de contacto indirecto. Lo que ocurre en los baños públicos en general, o en los lavabos compartidos, es que también presentan un mayor riesgo si no tienen sistemas de ventilación eficaces.

Limpieza y prevención

La limpieza habitual constituye un aspecto fundamental para reducir los peligros del uso del váter. La desinfección regular del asiento, del cierre, del depósito de agua y de las superficies próximas, permite reducir la proliferación de gérmenes. Del mismo modo, una buena ventilación del aseo después de cada uso y el bajar la tapa antes de tirar de la cadena permiten mejorar la defensa frente a la difusión de microorganismos en la vivienda.

No cerrar la tapa del inodoro no es sólo un problema de descuido doméstico leve. Se trata de una manera de evitar la proliferación de bacterias, de virus y de la supervivencia de los microorganismos en un espacio cerrado en uso cotidiano. Si se combinan hábitos preventivos con la limpieza regular, esta forma de proceder se torna una forma de mejorar la higiene del hogar y de reducirla de los peligros innecesarios para la salud.

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