Rocío Flores regresa a un plató de televisión para hablar públicamente del conflicto familiar y judicial que la ha situado durante años en el centro de uno de los relatos más complejos del panorama mediático español. Su reaparición se produce después de que la Audiencia Provincial de Madrid le diera la razón en la demanda por revelación de secretos, relacionada con la difusión de documentación judicial que la afectaba cuando aún era menor de edad.

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La entrevista llega en un momento clave: con una sentencia que reconoce la vulneración de su derecho a la intimidad y con una relación con su madre, Rocío Carrasco, completamente rota. Para entender el alcance de este regreso televisivo es necesario repasar una historia marcada por la judicialización constante, la exposición mediática y la ausencia de reconciliación familiar.

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Un enfrentamiento familiar que nace en la ruptura de sus padres

El origen del conflicto se sitúa en la ruptura entre Rocío Carrasco y Antonio David Flores. Fue una separación que dio paso a años de procedimientos judiciales. Los problemas se relacionaban con la custodia de sus hijos, las pensiones alimenticias y el régimen de visitas. Tras el divorcio, ambos mantuvieron una relación marcada por el enfrentamiento legal, con decisiones judiciales que fueron modificándose con el tiempo y recursos sucesivos por ambas partes.

Con el paso de los años, el conflicto dejó de limitarse al ámbito familiar para trasladarse también a los medios. Las declaraciones públicas, las colaboraciones televisivas y las demandas por vulneración del honor o impago de obligaciones económicas consolidaron un escenario de litigios prolongados, en el que las resoluciones judiciales no lograron cerrar definitivamente el enfrentamiento.

Ese enfrentamiento adulto acabó afectando directamente a sus hijos, Rocío y David. Rocío Flores pasó de ser una figura protegida por su condición de menor a convertirse en protagonista involuntaria de un relato público que la señalaba sin que pudiera intervenir en igualdad de condiciones.

Demandas cruzadas y resoluciones desiguales en los tribunales

A lo largo de más de una década, Rocío Carrasco interpuso diversas acciones judiciales contra su exmarido. Entre ellas, procedimientos por presunto impago de pensiones o por una supuesta simulación de insolvencia. En varios de estos casos, los tribunales acabaron archivando las causas o dictando sentencias absolutorias al no quedar acreditados los hechos denunciados.

Antonio David Flores, por su parte, también recurrió a la vía judicial para defenderse de las acusaciones y para reclamar cuestiones económicas derivadas del divorcio. El resultado fue un historial judicial extenso y complejo, con resoluciones dispares que alimentaron un conflicto sin cierre claro y que acabaría teniendo consecuencias directas en la vida de sus hijos.

El punto de inflexión y la ruptura definitiva: el documental de Rocío Carrasco

El punto de inflexión se produjo en 2021 con la emisión de la docuserie Rocío, contar la verdad para seguir viva. En ella, Rocío Carrasco rompió su silencio tras años alejada de los focos. Relató episodios de su matrimonio y de su vida familiar, incluyendo hechos relacionados con su hija cuando esta tenía 15 años.

La docuserie tuvo un fuerte impacto social y abrió un debate amplio sobre violencia de género y el papel de los medios. Al mismo tiempo, provocó un rechazo en el entorno de Antonio David Flores y de su hija. Ambos denunciaron que se estaban traspasando límites legales y éticos.

Hasta la emisión del documental, Rocío Flores había permanecido en un segundo plano, protegida en gran medida por su condición de menor durante los hechos más delicados. La docuserie alteró radicalmente esa posición.

Durante aquellas semanas, Rocío Flores transmitió públicamente que no se le permitió dar su versión de los hechos y que se estaban difundiendo documentos judiciales que la afectaban directamente, vulnerando así su derecho a la intimidad. Ese planteamiento fue el que acabaría dando lugar a la demanda contra los responsables de la producción. Una acción judicial que no cuestionaba el testimonio personal de su madre, sino la legalidad de la difusión de datos protegidos de una menor.

La emisión supuso una ruptura definitiva. No hubo acercamiento posterior ni comunicación privada conocida entre madre e hija. El conflicto pasó del plano familiar al judicial.

La vía judicial: intimidad, datos protegidos y una menor de edad

A diferencia de otros episodios del caso, la demanda interpuesta por Rocío Flores no se dirigía al relato personal de su madre. Se dirigía al uso y difusión de documentación judicial y datos protegidos por parte de los responsables del programa.

En noviembre de 2025, la Audiencia Provincial de Madrid dictó una sentencia que marcó un antes y un después. Los productores responsables del espacio fueron condenados por un delito de revelación de secretos,. Se consideró que se había difundido información sensible de Rocío Flores cuando aún era menor de edad. La resolución incluyó penas de prisión, indemnización económica e inhabilitación profesional.

El fallo, aunque recurrible, supuso un respaldo judicial claro a la tesis de Flores: que su derecho a la intimidad fue vulnerado en un contexto de máxima exposición televisiva.

Una relación madre-hija sin reconciliación

A día de hoy, no existe constancia de reconciliación entre Rocío Carrasco y su hija. Sus únicos encuentros recientes se han producido en sede judicial, en el marco de los procedimientos derivados del documental.

Mientras Carrasco ha defendido reiteradamente su derecho a contar su historia, Flores ha centrado su posición en el daño que le produjo la exposición pública de hechos vividos siendo menor y en la imposibilidad de responder en igualdad de condiciones. El conflicto, lejos de cerrarse, ha ido acumulando capas judiciales, mediáticas y emocionales.

El regreso a televisión, con una sentencia como respaldo

La entrevista de esta noche marca el primer regreso de Rocío Flores a un plató tras la sentencia favorable. No se trata solo de una reaparición mediática, sino de un intento de contextualizar su papel en una historia que durante años se contó sin su participación directa.

Flores hablará del impacto personal del proceso judicial, de cómo vivió la emisión del documental y del coste emocional de una exposición que, según la justicia, vulneró sus derechos fundamentales cuando era menor.

Su testimonio llega en un momento en el que el debate ya no se limita a un conflicto familiar, sino que interpela directamente a la televisión, a sus límites y a la responsabilidad de los medios cuando los protagonistas no han elegido estar en el foco.

Un caso que trasciende el ámbito privado

El enfrentamiento entre Rocío Carrasco, Antonio David Flores y su hija ha dejado de ser un asunto estrictamente personal. Se ha convertido en un caso sobre la protección de los menores, la utilización de documentación judicial en televisión y los límites entre el derecho a contar una historia y el derecho a la intimidad.

Esta noche, Rocío Flores volverá a hablar. Lo hace con una sentencia judicial en la mano y con una historia que, más allá del plató, sigue planteando preguntas incómodas sobre cómo se construyen los relatos televisivos y quién paga el precio de esa exposición.