Series y Televisión

Dar voz a Antonio David o el temor de los medios a la huida de anunciantes

Antonio David Flores

MEDIASET

A pesar de que la justicia no le ha condenado, la sociedad, la televisión e incluso la política han hecho la cruz a Antonio David Flores tras escuchar el testimonio de supuestos malos tratos que Rocío Carrasco ha relatado en la ‘docuserie’ Rocío, contar la verdad para seguir viva. El lunes posterior al primer episodio, Mediaset tomaba la decisión de expulsar al ex marido de Rociíto de su puesto como colaborador y vetar su aparición y testimonio en todos y cada uno de los programas del grupo audiovisual por considerarlo éticamente inaceptable.

Ahora, en pleno ecuador del formato -con seis episodios emitidos de los doce que componen el documental- empieza a sobrevolar una pregunta: ¿Y ahora qué? Y es que, después de una acusación de ese calibre y una implicación tan alta por parte de los espectadores, lo habitual -en el efímero negocio televisivo- sería estirar el chicle con la reacción y respuesta de aquellos cuya versión no coincida con lo hasta ahora contado, de los implicados y principalmente del mayor damnificado. En este caso, Antonio David Flores.

Dejando a un lado las recomendaciones judiciales de su abogado o las opiniones de sus familiares, lo más probable, en un momento así -y partiendo de la base de que el silencio de estas semanas no ha sido una ‘elección’ sino una ‘imposición’- es que Flores esté ansioso por contar su verdad y defenderse públicamente de las rotundas calificaciones que ha recibido. Asimismo, cualquier medio es conocedor de que dedicar un espacio a darle voz generaría una curiosidad social brutal que se traduciría en ingresos, audiencia y estar en boca de todos. Pero… ¿Qué pasaría con su reputación, y por ende, con sus anunciantes?

«El prestigio de una cabecera es esencial, porque es la única garantía de la veracidad de la información y de la supervivencia del medio en el largo plazo» por ello, permitir que el afectado exponga su versión una cadena, revista o emisora «puede provocar una caída de anunciantes» a causa de «una presión social motivada por ser su imagen contraria a los valores de la propia marca», explica el experto en Marketing, Juan Boccherini, quien recomienda que se realice «una valoración previa de riesgos (…) y una estrategia de comunicación de crisis que permita recuperar su confianza» en caso de perderlos, expone.

«Las marcas buscan principalmente dos cosas al anunciarse en un medio: audiencia entre su público objetivo y alineación de la imagen del medio con su marca», explica Boccherini, «aunque se consiga una gran audiencia entre el público objetivo si ese mismo público relaciona tu marca con un valor negativo con el cual no se sienten identificados, pones en riesgo la imagen de tu marca y por tanto la pérdida de clientes actuales y potenciales».

En este caso, la imagen del ex marido de Rociíto se relaciona de manera directa con la violencia machista y la manipulación. Es por esta razón que los lectores, espectadores u oyentes podrían vincular esta estrategia con un ‘apoyo’ a dichos aspectos por parte del medio, lo que podría provocar un indeseado desplome de ingresos publicitarios. «La cuantía del importe puede variar dependiendo de muchos factores, como el propio medio, la franja horaria en el caso de la televisión y de lo que tuviera contratado la marca a nivel publicitario. No es lo mismo un prime time en TV que una revista del corazón de tirada menor o un portal web», analiza.

Sin embargo, según el Socio Director de Valmond Marketing, las empresas de comunicación cuentan con una «salvaguarda reputacional». Y es que, como «una de las principales funciones de los medios es dar voz a las dos partes involucradas, presentar los hechos y a partir de ahí,tener en cuenta ambas versiones» se consideraría en cierto modo algo «normal» que entra «dentro de su responsabilidad» el hecho de «acudir para contrastar esa información al otro afectado de la polémica».

Pero toda moneda tiene su cara y su cruz, y de la misma forma que cuentan con ese escudo, en pleno siglo XXI también se exponen en mayor medida a «un movimiento en redes sociales para empujar a las marcas a dejar de apoyar a esos medios y para que retiren su apoyo financiero a contenidos de ese tipo».

El ‘caso Carlota’ y la entrevista a la madre de ‘El Cuco’

En este aspecto, los precedentes son una guía idónea para marcar el camino a seguir en un futuro y comprender el porqué de medidas tan drásticas e inmediatas. Por ejemplo, Telecinco hace dos años vivió ese levantamiento en contra con el ‘caso Carlota’ de Gran Hermano. En 2019 hasta una treintena de marcas decidían retirar su publicidad de GH VIP por la presión que ejercieron los internautas hacia las marcas que se anuncian en el conocido reality tras conocerse nuevos y graves acontecimientos sobre la presunta violación a Carlota Prado ocurrida en GH Revolution en 2017.

La marca en 2021 todavía no se ha recuperado de la caída y a la espera de resolución judicial no se han producido ni emitido nuevas ediciones de ninguna de las variantes de GH.

Algo parecido ocurría con el programa La Noria en 2011 cuando Jordi González entrevistó a la madre de ‘El Cuco’, el joven condenado por el tribunal de menores a dos años y 11 meses de internamiento por encubrir el asesinato de la joven Marta del Castillo. Si bien el hecho de que se diese voz a alguien que presuntamente había intentado proteger y defender el testimonio de su hijo ya resultó poco ético, descubrir que la mujer había cobrado 10.000 euros por ello incluso poniendo condiciones como que se ocultara su rostro, desató una impresionante campaña en redes sociales a favor del boicot de los anunciantes que continuaran prestándose a patrocinar el espacio.

A pesar de que el presentador justificaba la entrevista explicando que Telecinco era «partidaria de la libertada de expresión» y que se trataba de «una de las entrevistas más buscadas» y algunos colaboradores aludían al «indudable interés informativo» que tenía, y lo necesario que era «conocer el lado oscuro de las cosas», el programa nocturno ya había cavado su propia tumba.

Tal fue la presión del público, que por primera vez un programa de la televisión privada perdía absolutamente todos sus anunciantes en señal de protesta. La suerte de La Noria estaba echada. A pesar de que durante unas semanas posteriores el programa se siguió emitiendo, Telecinco tardó poco en actuar y tras varias estrategias, como el regalo de espacios publicitarios, lo acabó retirando de la parrilla definitivamente en abril de 2012.

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