Llega este viernes 16 a la cartelera española La misteriosa mirada del flamenco, del chileno Diego Céspedes. Está nominada a los Goya 2026 en la categoría de mejor película iberoamericana junto a Belén (Argentina), La piel del agua (Costa Rica), Manas (Brasil) y Un poeta (Colombia). Es La misteriosa mirada del flamenco el primer largometraje de Diego Céspedes (30), de paso por Madrid –donde vivió; ahora reside en París– para la promoción de un filme que escapa de cualquier etiqueta. En Chile se estrenará en marzo. El Independiente habló con él horas antes de su nominación oficial al Goya.

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Diego Céspedes, a quien el cine de Lucrecia Martel cambió (especialmente La Ciénaga), aclara que lo que diga en esta entrevista podría diferir de sus palabras para otro medio. Es sincero: no hizo La misteriosa mirada del flamenco tal y como la verá el público español, a partir de este viernes 16 de enero, para ser 'distinto'. "Simplemente, era lo que me nacía de la panza. Para mí, esta gente no terminaba así. Sinceramente no me interesa mostrar indirectamente lo que ya se ha mostrado: alguien sufriendo. Me interesaba contar el show de Miss Alaska, cómo se reían; mi mundo cercano", afirma en conversación con El Independiente.

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Diego Céspedes

P.- ¿Cómo llega uno a esta historia? 1982, sida, wéstern.

R.- (Diego Céspedes) Es una mutación de muchas cosas; la que más me mueve hoy por hoy es la relación de Lidia [Tamara Cortés] y Flamenco [Matías Catalán], que atraviesa la película y está inspirada en mis dos hermanos. Mi hermana pequeña le pintaba las uñas a mi hermano grande. Todo lo demás es una montaña que se fue construyendo de a poco y de distintos lados. ¿Por qué hablar del sida? Yo vengo de los suburbios. Mis padres tenían una peluquería donde trabajaban maricas y todos murieron de sida. Es una historia que toca y que llevé en mi inconsciente; hoy se transforma en algo que –parece– tenía que contar. Y después vienen las chicas.

P.- ¿Dónde estaba la peluquería de tus padres?

R.- (Diego Céspedes) En los suburbios de Santiago, en una comuna que se llama Peñalolén, en las faldas de los Andes. Son poblaciones que nacieron en los márgenes. Son casas pequeñitas, irregulares, y de ahí viene toda mi familia. Mis padres se conocieron ahí.

P.- Tú eres un niño de los 90 y estás narrando los 80. Hay generaciones que desconocen de dónde venimos, qué pasó a la comunidad LGTBIQ+. En este caso, no sólo a este colectivo, pues el VIH/sida afectó también a la población heterosexual. Más allá de las historias que te contaban tus padres y los maricas que trabajaban en la peluquería, ¿qué descubriste en este proceso?

P.- (Diego Céspedes) Yo me acuerdo, cuando empecé a escuchar esta historia, del miedo. A mí me daba miedo esta enfermedad desconocida. Después, cuando ya fui creciendo, conocí a tanta gente que me inspiraba y que me contaba historias. Detrás del VIH/sida había humanos. Era algo tan degradante que estas historias no se contaban con nombre y apellido. Eran seres que murieron de una enfermedad terrible. Hablé con Paula de Dinamarca [actriz de La misteriosa mirada del flamenco], que es muy amiga mía. Quería contar la parte luminosa de historias tan terribles que escuché mientras crecía. Necesitaba corregir una historia que te la contaban de forma terrible.

P.- ¿Cómo ha recibido la gente La misteriosa mirada del flamenco?

R.- (Diego Céspedes) Cada interpretación es verdad. Yo soy el creador de la película, pero no controlo todo. Las películas tienen un alma que, por más que uno quiera controlar, no puede. Cada interpretación es muy linda; algunas no, pero la mayoría han sido cálidas, emocionantes, sobre todo cuando presento La misteriosa mirada del flamenco con el elenco, que tiene una conexión muy linda. La sensación que ha generado y más me gusta es la de comunidad, sobre todo en los tiempos de hoy, que te empujan al individualismo para sobrevivir. 'No. Hay una comunidad atrás, respira tranquilo'. Pueden pasar cosas terribles, pero vamos a tener un show como Miss Alaska, donde nos vamos a reír.

P.- Ya sé que el debate está superado desde hace años: contar historias trans con personas trans.

R.- (Diego Céspedes) No creo que lo hayamos superado. Algunas personas van a seguir haciéndolo. Créeme que después de escuchar a Jacques Audiard en las entrevistas sobre Emilia Pérez… El debate no está completamente superado. La misteriosa mirada del flamenco no es simplemente una película de transexuales y travestis. Construí la cantina [donde transcurre la acción] pensando en un lugar donde llegaba la gente que no se sentía cómoda y que reencontró una vida con nombre de animal, y se reescribió la historia. Obviamente, las chicas travestis son mucho más potentes y atractivas, pero es una historia muy coral. El personaje de Flamenco no es travesti ni transexual; no se escribió así y no lo interpreta así [su actor]. Navega en algo más fluido, y así lo construimos con Matías [Catalán]. Hay un mar de identidades en esta cantina. Hay más diversidad de lo que creemos.

P.- También es un poco, y perdóname el anglicismo, un coming of age [película de aprendizaje]. Entiendo que es también una historia de maduración.

R.- (Diego Céspedes) Yo, las etiquetas de las películas, las voy encontrando después de la escritura. Nunca me planteé si era un wéstern, un coming of age o un drama. Cuando uno trabaja con niños siempre hay un cambio; crecen rápido, hay un cambio físico. Yo creo que, al final del día, todas las películas con personajes bien construidos terminan siendo coming of age

P.- ¿Dónde rodasteis la película?

R.- (Diego Céspedes) En Santiago, en el norte de Chile; un pueblo perdido, fantasma realmente, que estaba a unas tres horas de Copiapó. En el desierto de Atacama. La laguna la filmamos cerca de Santiago, y la cantina es un interior, una granja, que convertimos. […] Escribí la película en París, Madrid y Santiago. Mi cabeza siempre está allá, aunque esté físicamente acá. Es la manera que tenemos de sobrevivir los cineastas independientes. […] Es una película que se demoró cuatro años en financiarse; yo diría que es el promedio. No es fácil coordinar una coproducción entre cinco países [Chile, España, Francia, Alemania, Bélgica]. Suena grande, pero es todo lo contrario. Hay que coordinar artística, técnica y financieramente.

P.- ¿Cómo dialoga La misteriosa mirada del flamenco con la cinematografía chilena actual?

R.-. El arte siempre ha sido burgués. Y eso, en Chile, en un país con clases tan marcadas, el cine chileno es la visión de la clase social alta sobre la clase alta, la media y la baja. Hay una grieta por la que se filtran otras visiones, como la mía y la de otros compañeros y compañeras, y así podemos obtener una visión de nuestro propio país más diversa. Está pasando.