Fue una final de infarto y fango, entre acusaciones de Senegal de decisiones arbitrales que favorecían a Marruecos. Después de que a Senegal le anularan un gol en el tiempo de descuento, su equipo recibió un penalti y, en una escena poco vista en los terrenos de juego, los jugadores senegaleses abandonaran el campo en señal de protesta. Al regresar, el penalti fallido de Brahim Díaz le concedió la victoria al combinado senegalés. La caótica final de la Copa Africana de Naciones, que durante el último mes ha albergado Marruecos, tuvo un destacado ausente: Mohamed  VI, la principal autoridad del país anfitrión que lleva fuera del país desde principios de noviembre.

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Más de dos meses de prolongada ausencia que vuelven a encender los rumores sobre su delicada salud y el abandono de sus deberes diarios como monarca. Este domingo el palco real lo presidió su hermano, el príncipe Moulay Rachid, en el estadio Príncipe Moulay Abdellah de Rabat. Fue él mismo el que encargado de entregar las medallas y el trofeo que ambicionaba y no pudo lograr la selección marroquí. Entre los presentes, figuraban el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el presidente de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), Patrice Motsepe, y el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF), Fouzi Lekjaa.

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Mohamed VI, de 62 años, también se perdió el partido inaugural el pasado 21 de diciembre, presidido en aquella ocasión por su hijo Moulay Hasán, de 22 años, que ha multiplicado su presencia ante la prolongada ausencia de su padre. En otro partido, apareció en compañía de su madre, la princesa Lalla Salma, y su hermana, la princesa Lalla Khadija, así como de miembros de su séquito. Oficialmente el último acto público de Mohamed VI en el país sucedió el pasado 4 de noviembre, cuando -según el Palacio Real- recibió a los nuevos walis y gobernadores nombrados en la Administración Territorial en sus dependencias de Rabat, ante la presencia del  ministro del Interior, Abdelouafi Laftit, y de su chambelán, Sidi Mohammed El Alaoui.

Mohamed VI, en una imagen de archivo

Fuera del país desde noviembre

El discurso del 6 de noviembre, con motivo del cincuenta aniversario de la Marcha Verde que ocupó ilegalmente la entonces provincia española del Sáhara Occidental, fue cancelado con el pretexto de que se había dirigido a sus súbditos la noche del 31 de octubre para festejar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que priorizaba el vago plan de autonomía marroquí para el territorio sin descartar el derecho a la autodeterminación del Sáhara. Desde entonces, de hecho, no se han producido avances en las negociaciones entre el Frente Polisario y Marruecos y el régimen alauí ni siquiera ha representado la actualización del plan de tres folios a la que se había comprometido.

Mohamed VI, que recibe además el título de Comendador de los Creyentes, no ha pisado el país vecino desde noviembre, cuando inició unas largas vacaciones que la amordazada prensa marroquí ha mantenido fuera de cobertura. Desde entonces, ha estado en Emiratos Árabes Unidos -un destino frecuente donde goza de buena amistada con su presidente Mohamed bin Zayed, el principal valedor árabe de Israel y hoy enfrentado a Arabia Saudí-, Egipto -donde visitó el recién inaugurado Gran Museo Egipcio, a un tiro de piedra de las Pirámides-, París y Zanzíbar, donde tiene uno de sus palacetes.

La única y escueta explicación desde la Casa Real se produjo el pasado 10 de enero, cuando los medios marroquíes difundieron un comunicado en el que se asegura que Mohamed VI “sufre dolores en la zona lumbar que requieren tratamiento médico y un periodo de reposo”. Así lo anunció la agencia MAP, citando a su médico personal. “Su Majestad el Rey sufre una lumbosciatalgia mecánica, asociada a una contractura muscular, sin ningún signo de gravedad”, deslizó. Los dolores “requieren, según la prescripción del médico personal de Su Majestad el Rey, un tratamiento médico adecuado y un período de reposo funcional”.

Un reposo que, en cualquier caso, se está produciendo lejos de sus súbditos, en algunas de las dependencias que Mohamed VI tiene extramuros del reino. Según la prensa oficial, el monarca se ha sometido a varias operaciones en el pasado: el 8 de diciembre de 2024, “se sometió con éxito, en la clínica del Palacio Real de Rabat, a una operación quirúrgica en el hombro izquierdo, tras una fractura del húmero como consecuencia de una caída durante la práctica de un deporte” En 2020, también se sometió a una intervención quirúrgica en el corazón en Rabat, tras una primera operación en enero de 2018 en París.

Mohamed VI junto a su hijo Moulay Hasan, en una imagen de archivo

Una desaparación "sorprendente"

La ausencia de Mohamed VI, que alimenta rumores sobre su frágil salud, es aún más llamativa en plena apuesta del reino por mostrar ante el mundo su capacidad de albergar grandes eventos deportivos, con el objetivo final de celebrar en el nuevo estadio de Casablanca de la final del Mundial de fútbol de 2030 que organiza junto a España y Portugal. La decisión final, que aún no se ha tomado, supondría arrebatar la clausura al Camp Nou o el Bernabéu. “Mohammed VI no es precisamente alguien que busque multitudes o grandes concentraciones públicas, pero su ausencia sigue siendo sorprendente”, reconocía hace unos días a Le Monde Pierre Vermeren, profesor de historia contemporánea del norte de África en la Universidad Paris-I-Panthéon-Sorbonne y autor de varios libros sobre el reino. “La Copa Africana de Naciones es el mayor evento deportivo que Marruecos ha acogido jamás y, más aún, sirve como ensayo general para la Copa del Mundo de 2030. Teniendo en cuenta la intensa pasión que el fútbol despierta en el norte de África en general y en Marruecos en particular, esta CAN es crucial para la monarquía marroquí”, agregó.

Mohamed VI, admite el rotativo galo, lleva años siendo tratado con cortisona, “aunque la naturaleza exacta de su enfermedad sigue siendo un secreto muy bien guardado”. El monarca alauí padece una enfermedad autoinmune llamada sarcoidosis, que afecta a los pulmones, ganglios linfáticos y produce fatiga y pérdida de peso.

En sus contados actos públicos, Mohamed VI suele aparecer caminando con dificultad o ayudándose de un bastón. El deterioro físico del soberano que subió al trono hace 27 años y la guerra entre sus servicios de inteligencia alimentan los rumores de sucesión y los dilemas: continuidad, ruptura o, como dicen voces dentro del propio aparato, simple maquillaje político. Un desafío al que se suma el descontento popular, palpable en las protestas que estallaron el pasado septiembre en una decenas de ciudades marroquíes alentadas por una juventud que denuncia el calamitoso estado de la sanidad y la educación y el mal endémico de la corrupción.