La escena del Palacio de Viana fue breve. Tras ocho meses sin ruedas de prensa, una periodista le recordó al ministro la cuenta en una comparecencia con su homólogo griego Georgios Gerapetritis. El ministro de Exteriores, el socialista José Manuel Albares, respondió en 28 segundos con desgana y enfado y se marchó. Horas después, desde el ministerio una comunicación directa con la dirección de Europa Press pidió la “cabeza” de la redactora y trasladó su veto en el ministerio. Un informador más caído en desgracia.

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El episodio, revelado por El Confidencial Digital, fue la chispa que encendió una indignación acumulada durante meses entre corresponsales diplomáticos y dentro del propio cuerpo diplomático. El mensaje era inequívoco: la periodista que había formulado la pregunta, Leyre Guijo, era incluida en la lista negra de reporteros que se ha instaurado en el ministerio desde la llegada de Albares. Se reclamaba su “cabeza”.

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El recordatorio de la periodista, elegida para formular una serie de preguntas consensuadas con el resto de reporteros ante la imposición de un único turno por parte del director de comunicación de Albares, Antonio Asencio, fue factual: la prolongada ausencia de comparecencias públicas. La respuesta resultó fugaz y el gesto, elocuente: Albares dio media vuelta y se marchó. Un desplante que dista mucho del ejemplo de otros colegas de Consejo de Ministros: en plena crisis por la tragedia ferroviaria de Adamuz, el titular de Fomento Óscar Puente protagonizó una rueda de prensa de 2 horas y 19 minutos de duración. Impensable en el caso de Albares.

Horas después de la huida apresurada de Albares, según fuentes citadas por distintos medios, se produjeron llamadas directas a la cúpula de la agencia, que -aunque llegó a plantearse aceptar la exigencia- terminó reculando por el revuelo mediático generado. Para quienes siguen Exteriores a diario, lo sucedido no es un error ni es siquiera puntual. Es la confirmación de un patrón: negativas reiteradas a responder las peticiones de información, silencios prolongados, vetos selectivos, cancelaciones de última hora y presión directa sobre empresas periodísticas cuando las preguntas o los periodistas incomodan al titular de Exteriores.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares (i) y su homólogo griego, Georgios Gerapetritis durante la rueda de prensa en la que se produjo el incidente. | Efe

No es un incidente: es ya un método

Un diplomático español, que acepta hablar con El Independiente solo off the record por temor a represalias, sitúa el conflicto en una secuencia más larga. “Después de haber condenado al silencio cualquier atisbo de crítica entre sus compañeros diplomáticos con ceses sonados y ejemplarizantes, Albares sabe que los periodistas españoles que cubren Internacional son su último obstáculo para implantar un estilo autocrático, arbitrario y falto de transparencia”, denuncia.

Albares sabe que los periodistas que cubren Internacional son su último obstáculo para implantar un estilo autocrático, arbitrario y falto de transparencia

La fuente subraya que el objetivo no es solo someter a la agenda mediática, sino disciplinar. “Los periodistas han escrito piezas objetivas e independientes describiendo los usos de Albares. Sin embargo, el intento de silenciar a Leyre Guijo quizá haya sido un punto de no retorno. Ha intentado socavar la independencia de criterio a través de presiones a la empresa”, lamenta acostumbrado ya a las purgas y los métodos del ministro.

El funcionario añade una lectura de fondo que trasciende el propio Ministerio. “Los periodistas han dicho basta y los diplomáticos hemos de agradecer su labor de vigilantes de la democracia. Porque no se trata solo de la política exterior. Está en juego mucho más”, alerta.

Doha: la opacidad exportada

Ese mismo método se ha reproducido fuera de España. En el Doha Forum, celebrado el pasado diciembre en Qatar, el gabinete de prensa de Exteriores prometió declaraciones del ministro a los periodistas españoles desplazados hasta allá.

Minutos después de que el Ministerio tuviera conocimiento de la identidad de algunos de los informadores presentes -entre ellos, este periodista de El Independiente-, la atención a los medios fue cancelada por el propio Asencio alegando “problemas de agenda”. No hubo disculpas ni más explicaciones. Ese mismo día, el ministro sí tuvo tiempo para conceder entrevistas a medios extranjeros también presentes en la conferencia. Hasta ahora, el ministro ha sobrepasado cómodamente las líneas rojas, ayudado por el silencio de algún sector de la prensa y las asociaciones periodísticas.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, interviene durante la sesión de control al Gobierno celebrada en el Senado. | EP

Antecedentes documentados

La hemeroteca de El Independiente recoge una cadena de incidentes previos: vetos a viajes oficiales, exclusión de reuniones informativas con medios, cancelaciones de declaraciones comprometidas y restricciones de acceso que afectaron de forma específica a periodistas de este medio. Desde Exteriores se llegó a impedir durante semanas la inclusión de un periodista de este medio en el grupo de WhatsApp de los corresponsables diplomáticos.

En varios casos, las decisiones se produjeron después de publicaciones críticas sobre la política exterior del Gobierno, desde Marruecos y el Sáhara Occidental hasta el papel de España en foros multilaterales.

Los periodistas afectados relatan un patrón reiterado: cuando el enfoque no gusta, se cierra de un portazo. Tolerancia cero con la libertad de prensa. No hay rectificación pública ni explicación transparente; hay silencio administrativo y, en ocasiones, represalias y advertencias.

La prensa ya se quejó por escrito en 2024

El malestar cristalizó por primera vez de forma colectiva en 2024. En una carta dirigida al entonces director general de Comunicación, Diplomacia Pública y Redes, Julio Pastor, los corresponsales diplomáticos expresaron su insatisfacción con el acceso a la información y a las fuentes del Ministerio. Reconocían las restricciones propias de la diplomacia, pero fijaban un límite democrático. “Debe haber un punto de encuentro entre la discreción y la información pública a la que tiene derecho la ciudadanía en una democracia avanzada”, deslizaban.

La carta denunciaba que la interlocución con expertos del Ministerio —directores de área, embajadores, secretarios de Estado— había sido prohibida por Albares. “Nuestra obligación es dar a los lectores, oyentes o telespectadores una información de la máxima calidad. Para ello, sobre todo en los asuntos que  afectan a la política exterior, cambiantes y complejos, es deseable tener interlocución con los expertos del ministerio (directores de área, embajadores, secretarios de Estado) en cada uno de los dossieres relevantes para el país (Gibraltar, Marruecos, Argelia, Ucrania, Oriente Próximo, Unión Europea, relaciones trasatlánticas…). Estas conversaciones pueden ser on the record, bajo las Chatham House rules, u off the record, según convenga. Ahora están prácticamente vetados, de modo que casi ninguna solicitud formal de entrevista a la OID (Oficina de Información Diplomática) es satisfecha”.

Todas estas prácticas que ahora proponemos han sido normales y cotidianas a lo largo de los años pero actualmente se han visto reducidas a mínimos

Los corresponsales reclamaban recuperar prácticas habituales durante años: briefings regulares antes de viajes, cumbres y acuerdos internacionales; ruedas de prensa tras bilaterales con posibilidad real de preguntas y repreguntas; e información previa sobre los contenidos de las reuniones para poder informar con precisión. “Todas estas prácticas que ahora proponemos han sido normales y cotidianas a lo largo de los años pero actualmente se han visto reducidas a mínimos y el flujo de información se ha visto restringido a escuetos mensajes en redes sociales que tan solo dan cuenta de la agenda del ministro, sin más detalle. Son, además, prácticas corrientes en todos los países de nuestro entorno y redundan en una mejor y más completa información y divulgación de la labor que realiza el ministerio”, reclamaba la misiva.

Noruega y España, la cara y la cruz de cómo comunicar la política exterior

CON FOTO, NOMBRE Y APELLIDOS. En la página web del ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega figura el nombre de su jefa de prensa así como el listado completo de sus asesores, junto a fotografía, direcciones de correo y números de teléfono fijo y móvil. Un ejercicio de absoluta transparencia completamente ausente en el caso español, marcado por el oscurantismo y la opacidad que también caracteriza la información proporcionada sobre el ministro y los asuntos más polémicos.

OPACIDAD TOTAL. Captura de pantalla del apartado dedicado al gabinete de comunicación de la web del ministerio de Exteriores español, sin el nombre del responsable y el listado del equipo. El departamento de prensa, dirigido por Antonio Asencio, está integrado, además, por Florentino Llera -que acaba de marcharse a Casa Real tras una trayectoria empañada por sus años finales bajo Albares-, Gema Castillo, Ana Izquierdo, Concha Méndez, María Rodríguez Alcázar o Elena Aljarilla.

El trabajo del gabinete de prensa es mínimo, a pesar del número de personas empleadas -mas de media docena-: el grupo de WhatsApp habilitado para la difusión de comunicados entre los periodistas no funciona con regularidad -en diciembre se enviaron dos mensajes y en enero, cuatro- y las solicitudes de información vía email no se contestan a pesar del acuso de recibo automático. La dinámica interna es consultarlo todo con el ministro, que -como en el resto de áreas- no delega e impide que nadie por debajo de él atienda a la prensa.

“Por primera vez, el ministerio de Exteriores no trabaja para España y sus intereses sino para mayor gloria del ministro”, desliza gráficamente un diplomático. Albares ha sustituido las preguntas por vídeos en Tiktok y escuetos mensajes en X que repiten “la grandeur” de la política exterior española bajo su mandato además de su coherencia por su posicionamiento en Gaza, Ucrania o Groenlandia, olvidando siempre el Sáhara Occidental, la ex colonia española -el último territorio pendiente de descolonización de África del que España es potencia administradora 'de iure'- donde Albares respalda sin rubor al ocupante marroquí.

Antonio Asencio, director de comunicación de Albares.

La situación denunciada por los reporteros que cubren Exteriores en 2024 no ha hecho más que empeorar desde la salida de Pastor y la llegada de Asencio

La "coherencia" y el éxtasis de la diplomacia patria son las dos 'joyas' de su repertorio que repite allá donde va, ya sea en sus contadas apariciones mediáticas o en el Congreso de los Diputados. He aquí algunas de sus declaraciones repetidas y desempolvadas de la hemeroteca: “Una política exterior que es coherente y dice exactamente lo mismo en Ucrania que en Gaza; y que tiene su propia identidad, basada en los intereses y valores del pueblo español”; “Nunca ha tenido España tanto peso internacional como ahora. Por primera vez en la historia tiene una política exterior global que va desde Washington hasta Pekín”. Albares las va modificando sensiblemente, pero son siempre las mismas, con el mismo tono grandilocuente: “España tiene por primera vez en su democracia una política exterior global que se escucha en Washington, en Pekín, en Bruselas”,

El ministro, que ha enviado a galeras a la generación de embajadores que se formaron con él en la escuela diplomática y se apoya en diplomáticos más jóvenes y sin experiencia, concede entrevistas recurrentes a un par de emisoras de radio -donde repite siempre el mismo mantra, sin posibilidad de extraer titular alguno- y a un reducido club de periódicos, todos afines o con periodistas poco dados a las preguntas incómodas o las repreguntas perspicaces.

@jmalbares

La política exterior de España hoy es reconocible y reconocida, con presencia y proyección en todo el mundo. Tenemos uno de los servicios exteriores más profesionales y cualificados, que contribuye a que hoy España sea un actor global. #ConferenciaEmbajadores2026

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La situación denunciada por los reporteros que cubren Exteriores en 2024 no ha hecho más que empeorar desde la salida de Pastor y la llegada de Antonio José Asencio Guillén, ex director de Comunicación y Estrategia en Sigma Dos. Trabajó en la Presidencia del Gobierno en la época de José Luis Rodríguez Zapatero, hoy lobista a sueldo de Marruecos, Venezuela o China; en el Ministerio de Fomento y como asesor en la Diputación Provincial de Málaga.

El ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación y Unión Europea, José Manuel Albares, durante una sesión plenaria extraordinaria, en el Congreso de los Diputados. | EP

Los diplomáticos también denunciaron la estrategia en 2025

La Asociación de Diplomáticos Españoles, mayoritaria en la carrera, levantó la voz en abril de 2025. En una carta dirigida al ministro, la asociación reclamó una estrategia de diplomacia pública homologable a la de los países del entorno y advirtió del daño institucional de la opacidad reinante. “Es necesario que los corresponsales diplomáticos ejerzan su labor periodística sin obstáculos y con interlocución abierta con expertos del Ministerio, directores de área y embajadores, en los dosieres relevantes para el país”, exigían en la misiva, nunca respondida por un ministro con el que no hay canales de diálogo posibles. Hace una semana pidieron de nuevo la mediación de Pedro Sánchez para abordar las cuestiones que les preocupan en el departamento.

“Los contactos con la prensa deben ser abiertos, no concentrarse en la persona del Ministro de turno e incluir a los funcionarios competentes tanto en los servicios centrales, como en nuestras Embajadas. Los Embajadores deben ser actores de la política de diplomacia pública debiendo acudir a los medios locales en los países donde están acreditados para explicar y promover nuestros intereses. Es especialmente importante una política de visibilidad mediática en los países iberoamericanos, donde las Embajadas de España siempre han tenido un perfil mediático muy marcado en los medios locales, pero ello es también cierto en la Unión Europea de la que España es un socio relevante o en los Organismos Internacionales donde nuestra voz siempre ha sido apreciada y valorada”, detallaban.

La ADE defendía briefings de fondo antes de visitas de Estado y viajes oficiales; la creación de una figura de portavocía diplomática; y redes sociales “de carácter institucional y neutral”, no centradas, como ahora, en la figura del ministro y sus explicativos virales como el del uniforme diplomático. También alertaba del empobrecimiento del debate público cuando el resumen de prensa interno excluye artículos críticos y cuando se impide a diplomáticos explicar su trabajo incluso en operaciones de alto interés para la opinión pública.

@jmalbares

Os amplío la información sobre el uniforme diplomático, que hoy he vuelto a vestir para asistir a la recepción anual al Cuerpo Diplomático acreditado en España. #diplomacia #uniforme #cuerpodiplomatico #españa

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Defienden unas redes sociales del ministerio “de carácter institucional y neutral”, no centradas, como ahora, en la figura del ministro

“Los diplomáticos echamos en falta que los ministros de Asuntos Exteriores promuevan esa dimensión de explicación a la sociedad de para qué estamos, para qué servimos, de qué manera les estamos atendiendo y lo que podríamos hacer también con más recursos”, señala Alberto Virella, presidente de la ADE, en declaraciones a este diario. “Es muy importante para los profesionales del servicio que haya una adecuada política de comunicación. Diríamos que nos encontramos en la situación exactamente opuesta. No hay más política de comunicación que no comunicar y eso es sumamente grave”, lamenta.

Virella establece una comparación incómoda: mientras el Ministerio de Defensa ha invertido durante décadas en explicar su labor y hoy cuenta con una alta valoración social, en Exteriores se vive exactamente la situación contraria. “Si no se informa a través de una política de comunicación adecuada, parece que es un servicio de la administración que no existe, que no se presta y, por lo tanto, qué sentido tiene que siga siendo objeto de empleo público y de recursos a través de los presupuestos del Estado”, agrega.

Eco internacional

El caso de Europa Press ha terminado sacando el conflicto del ámbito doméstico. El incidente ha llegado incluso hasta el secretario general de la ONU trasladando la indignación entre los corresponsales y una renovada preocupación por la libertad de prensa en España tras el intento de vetar a una periodista por formular una pregunta legítima.

No hay más política de comunicación que no comunicar y eso es sumamente grave

“Los corresponsales diplomáticos en España han expresado su indignación hacia el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, después de que, al parecer, intentara que se retirara a una periodista de la cobertura informativa. Albares se puso en contacto personalmente con Europa Press, la agencia para la que trabaja la reportera, para decirle que sería vetada tras un intercambio en el que la periodista le recordó al ministro que llevaba ocho meses sin celebrar una rueda de prensa. El incidente ha despertado una renovada preocupación entre los periodistas por la presión política y la libertad de prensa”, se menciona en el resumen de prensa internacional preparado por los servicios de la ONU.

La pregunta incómoda en Viana, ante el ministro de Exteriores griego, fue solo eso: una pregunta. La respuesta —unida al silencio, las presiones y el veto— ha puesto en primer plano un modelo de relación con la prensa basado en el control y el castigo. Un modelo que ya había dejado huella en Doha y en la hemeroteca de medios críticos, y que hoy, tras cartas formales y advertencias internas ignoradas, interpela directamente a la calidad democrática de las instituciones españolas. A la espera, además, de que la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) emitan su veredicto.