En la izquierda de la izquierda (a ellos no les gusta que se les llame extrema izquierda) había un run run que iba cobrando fuerza: había que echar a Yolanda Díaz. Era, decían las fuentes anónimas pero relevantes, la única manera de reactivar a Sumar, que no sólo languidecía en las encuestas, sino que acababa de tener un resultado lamentable en Aragón.
Ante la endeblez de Sumar, el oportunista Gabriel Rufián lanzó la idea de liderar él ese espacio político. Era su tabla de salvación ante su pérdida de peso en ERC. Luego redujo el ámbito de su propuesta a una alianza de las izquierdas independentistas, pero ni Bildu, ni el Bloque aceptaron su amable invitación. Hoy tendrá una charla en Madrid con el diputado de Más Madrid, Emilio Delgado, que también aspira a sustituir a Mónica García al frente de la formación. Hay expectación. Aunque Pablo Fernández, portavoz de Podemos, ha dicho que no asistirá: "en Madrid hay ya muchas charlas".
En fin, el patio está revuelto
La única organización que dentro de ese mundo tiene estructura, cuadros y un esquema programático coherente, es Izquierda Unida. Los buenos resultados en Extremadura demuestran que esa organización sigue viva. Antonio Maíllo, su coordinador general, es probablemente el líder que de una forma más abierta ha cuestionado el liderazgo de Yolanda Díaz. Hasta hace poco ponía como condición que la cabeza de cartel de la nueva formación (para la que todavía no hay nombre) se decidiera por el método de primarias. Eso era la tumba para la ministra de Trabajo. En IU no gusta nada su manera egocéntrica de gestionar, su aversión a las dificultades y su escasa profundidad ideológica.
Podemos criticar a Díaz por muchas cosas, pero lo que no se puede decir es que no sea lista. Engañó con su falsa sumisión a Pablo Iglesias, que la elevó a los altares y ahora echa pestes de ella; engañó a los partidos que se enrolaron en Sumar, que creyeron en la sinceridad de sus abrazos solidarios, e incluso engatusó con su sonrisa al ex brujo de La Moncloa, Iván Redondo, que, en artículo memorable en La Vanguardia, vaticinó que sería la próxima presidenta de España.
El show de la subida del SMI es la prueba de que quiere seguir en candelero (con la ayuda estelar de Sánchez)
Algunos la daban ya por muerta, pero ¡ha resucitado! Sabe Díaz que Pedro Sánchez la necesita. Nadie como ella para garantizarle un puñado de votos que siempre sumarán en el talego del PSOE. Sabe Díaz que en Sumar no hay alternativa clara a su liderazgo. No le falta razón: aquello es una jaula de grillos. Tal vez si Íñigo Errejón no hubiera tenido el tropiezo con Elisa Mouliáa, ahora estaríamos hablando de otra cosa. Pero la realidad es que en ese mundo Maíllo es visto como un poco viejuno; Rufián como un aprovechado, y a Delgado le faltan tablas.
Así que, ante ese panorama, Yolanda se ha puesto en movimiento. El acto de la firma de la subida del SMI del lunes fue toda una demostración de que quiere seguir ahí. Luis Miguel Fuentes retrataba ayer en estas páginas atinadamente el momento Ô de Lancôme que se vivió en el Ministerio de Trabajo. Los líderes de CCOO (Unai Sordo) y de UGT (Pepe Álvarez, con su fular rojo) fueron meros comparsas del acto. Ella lo montó a su estilo, para brillar, y para decirle al presidente esas cosas que no se olvidan: "Siempre estuviste en el lado correcto de la Historia". Le faltó decir, "incluso cuando no estábamos de acuerdo, tú tenías razón".
Sánchez sabía que su presencia allí era un aval para Yolanda. Tampoco perdió el tiempo. Exigió a los empresarios que "paguen más". Toda una declaración de intenciones para la nueva etapa que nos espera. ¡Guerra a los tecno oligarcas, guerra a los empresarios!.
Tras unos días de introspección, de silencio, la vicepresidenta se ha venido arriba. Tiene el apoyo del presidente: el auténtico jefe que puede derrotar a la derecha y a la extrema derecha. ¿Hay alguien en ese espacio que pueda lucir un activo tan rimbombante?
En racha, lanzada de nuevo a la carrera por liderar el invento que ella misma ha llevado hasta la irrelevancia, no ha desaprovechado la ocasión para atizarle al jefe de la patronal, Antonio Garamendi: "No vamos a permitir que una persona que cobra 25 veces el SMI nos dé lecciones". ¿Cuántas veces gana ella el SMI? ¿Cuánto paga por su vivienda? Pero, no entremos en el juego de la demagogia. No, ella se lo merece.
Creo que su reacción, echando mano del presidente en estos momentos de zozobra en la izquierda de la izquierda, le ha salido bien. De hecho, según publicamos hoy en El Independiente, la decisión sobre el liderazgo de como le quieran llamar a Sumar se aplaza, al menos, hasta abril. Largo me lo fiais. La política es el arte del manejo de los tiempos. Ya el aplazamiento de la decisión es una victoria para ella. Otra muestra de que el movimiento le ha salido bien es que Maíllo ya no habla de primarias, sino de "elección democrática", una forma de enmascarar que no serán las bases quien decidan.
Pronto quisieron dar algunos por muerta a Yolanda. No sabían que ella siempre sabe estar en el lado correcto de la Historia.
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