José María Balcázar ha tomado las riendas de la presidencia interina de Perú con un mensaje dirigido tanto a la clase política como a una ciudadanía exhausta tras casi una década de inestabilidad institucional. A sus 83 años, el veterano legislador y exmagistrado de la Corte Suprema se convierte en el octavo gobernante del país andino en menos de diez años, una cifra que ilustra la profundidad de la crisis política peruana.
En su primer discurso como jefe de Estado de transición —cargo que ocupará hasta el próximo 28 de julio— Balcázar buscó despejar cualquier sombra de duda sobre las elecciones generales previstas para abril. “Quiero garantizar al pueblo del Perú una transición democrática electoral pacífica y transparente”, subrayó ante el pleno del Congreso que horas antes lo había elegido para sustituir a José Jerí, destituido tras apenas cuatro meses en el cargo.
El nuevo mandatario insistió en que su principal cometido será asegurar unos comicios “sin ningún tipo de cuestionamiento”, en un país donde la desconfianza institucional se ha convertido en norma. Al mismo tiempo, ha prometido mantener la actual orientación económica y descartó “ensayos” que puedan generar incertidumbre en los mercados. En esa línea, ha anunciado conversaciones con el presidente del Banco Central para explorar márgenes de mejora en el desempeño económico.
Balcázar también quiso marcar un tono conciliador. “Ya no estamos en tiempos para pelear”, afirmó, en un intento de situarse por encima de la polarización ideológica que ha atravesado al país en los últimos años. “Aquí ya no hay derechas ni izquierdas”, añadió, apostando por una etapa centrada en la gestión y no en la confrontación.
La seguridad ciudadana, una de las principales preocupaciones de los peruanos ante el avance del crimen organizado, seguirá —según aseguró— la misma hoja de ruta aplicada hasta ahora. El objetivo, sostuvo, es contar con “ministerios aptos para enfrentar la inseguridad” y avanzar hacia una “pacificación de verdad”.
En su intervención, el presidente interino ha apelado además a la deuda histórica con las poblaciones quechuas y aimaras y defendió la necesidad de “reescribir la historia del Perú”, una expresión que apunta a un discurso de reparación y reconocimiento, aunque sin detallar medidas concretas.
La designación de Balcázar se produce en un contexto excepcional: tras las sucesivas destituciones presidenciales de los últimos años, el Congreso ha vuelto a asumir un papel decisivo en la configuración del Ejecutivo. Su mandato será necesariamente breve, pero el reto es mayúsculo: garantizar estabilidad institucional hasta la entrega del poder al próximo presidente o presidenta elegido en las urnas.
Más que un liderazgo transformador, lo que Perú parece reclamar en esta nueva etapa es algo más básico y urgente: certidumbre.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado