El hasta hace poco príncipe Andrés, ahora Andrew Mountbatten‑Windsor tras perder sus títulos, vuelve a estar en el centro del huracán mediático. La policía británica ha confirmado su detención en el marco de las nuevas revelaciones sobre su relación con Jeffrey Epstein y los documentos conocidos como "Epstein files".
Esta última vuelta de tuerca llega después de que el rey Carlos III impulsara en 2025 un proceso formal para retirarle el tratamiento de "príncipe". Además de despojarle del ducado de York y forzarle a abandonar Royal Lodge, la mansión en Windsor donde llevaba años residiendo junto a su exmujer, Sarah Ferguson.
La infancia de un príncipe
Andrew Albert Christian Edward nació el 19 de febrero de 1960 en el palacio de Buckingham. Es el tercer hijo y segundo varón de la entonces reina Isabel II y del príncipe Felipe, duque de Edimburgo. Fue el primer hijo de un monarca ya reinante nacido desde 1857, lo que reforzó su carga simbólica dentro de la familia real. Andrés estableció también un vínculo singular con su madre, hasta el punto de ser considerado el favorito de la reina.
Su infancia transcurrió bajo la estricta etiqueta de la corte. Contó con una educación inicial a cargo de una institutriz en Buckingham y su posterior paso por centros privados como Heatherdown School. Como muchos Windsor de su generación, su juventud combinó el peso del deber dinástico con una vida social intensa.
Carrera militar y fama de "príncipe guerrero"
Siguiendo la tradición de los varones de la familia, Andrew ingresó en la Royal Navy, donde se formó como piloto de helicópteros. Acabó sirviendo como oficial en activo. Durante la Guerra de las Malvinas, en 1982, voló en numerosas misiones como copiloto de helicóptero desde el portaaviones HMS Invincible, participando en tareas de guerra antisuperficie, evacuación de heridos y operaciones de distracción ante posibles ataques con misiles Exocet.
Su participación en el conflicto alimentó la imagen de "príncipe guerrero". Fue visto como un miembro activo de la familia real que arriesgaba su vida en combate en nombre de la Corona. Esto es algo que le proporcionó una notable popularidad en el Reino Unido. Tras la guerra, continuó su carrera naval y fue ascendiendo hasta capitán de corbeta, ocupando también funciones de ayudante de campo de la reina.
El matrimonio con Sarah Ferguson
El gran punto de inflexión público de su vida llegó con su matrimonio con Sarah Ferguson. Se habían conocido de niños en círculos aristocráticos, pero fue a mediados de los años ochenta, reintroducidos por la princesa Diana durante Royal Ascot de 1985, cuando se encendió la chispa romántica. El 23 de julio de 1986 se casaron en la abadía de Westminster, en una ceremonia multitudinaria. Ese mismo día la reina nombró a Andrew duque de York, título histórico ligado tradicionalmente al segundo hijo varón del monarca.
Sarah Ferguson, "Fergie", aportó frescura a una casa real marcada por la formalidad, convirtiéndose rápidamente en una figura muy popular, aunque también objeto de un escrutinio mediático feroz. La pareja tuvo dos hijas, la princesa Beatriz (1988) y la princesa Eugenia (1990), que siguen siendo hoy miembros visibles de la familia real.
Un matrimonio bajo presión
Detrás de la imagen idílica, el matrimonio soportó una presión enorme. Las largas ausencias de Andrew por sus obligaciones en la Marina fueron un factor clave de desgaste. En sus primeros cinco años como casados, él habría pasado apenas unos 40 días al año en casa, según recordó la propia Sarah. Ella misma ha explicado en entrevistas que sentía que su marido se definía antes como "marino y príncipe" que como esposo, algo que pesó tanto en lo emocional como en lo cotidiano.
A ello se sumaron las dificultades de Sarah para encajar en las rígidas expectativas de la institución, el asedio constante de los medios y varios episodios embarazosos. Entre ellos, las famosas fotografías con el asesor financiero John Bryan en 1992, que dañaron gravemente su imagen pública y la de la casa real. La pareja anunció su separación en marzo de 1992 y terminó divorciándose de forma oficial en 1996, después de casi una década de matrimonio.
Divorciados, pero inseparables
Lo singular de la relación entre Andrew y Sarah es que, tras el divorcio, mantuvieron una convivencia y una cercanía poco habituales en una pareja separada de la familia real. Desde 2008 han compartido residencia en Royal Lodge, en Windsor Great Park, y se han comportado en la práctica como una unidad familiar. Han acompañado juntos a sus hijas en distintos actos y se han apoyado públicamente en sus respectivas crisis.
Sarah ha declarado en más de una ocasión que considera que su vínculo con Andrew es una suerte de "cuento de hadas moderno". La pérdida del título de duque de York y el desalojo de Royal Lodge han puesto ahora esa convivencia bajo presión, con informaciones que apuntan a que ambos deberán reorganizar su vida lejos de la mansión que compartían.
Del escándalo Epstein a su pérdida de títulos
El giro dramático en la vida de Andrew llega con la exposición de su amistad con Jeffrey Epstein, el magnate financiero condenado por delitos sexuales. Por otro lado, hay que tener en cuenta las acusaciones de abuso presentadas por Virginia Giuffre, que derivaron en un acuerdo extrajudicial en 2022. Una entrevista televisiva desastrosa en 2019, en la que intentó explicar su relación con Epstein y negar las acusaciones –y que en 2024 dio lugar a una película de Netflix, Scoop (La gran entrevista), protagonizada por Gillian Anderson–, terminó de hundir su credibilidad pública. Tras la muerte del financiero norteamericano, Andrés aseguró arrepentirse de su relación con Epstein, pero nunca ha reconocido ninguna actividad ilícita.
En enero de 2022 fue apartado de la vida pública y se le retiraron honores militares y patrocinios reales, pero el golpe más duro llegaría en 2025. El rey Carlos III impulsó un proceso para retirarle el tratamiento de alteza real, desposeerle del ducado de York y, posteriormente, del propio tratamiento de "príncipe". Buckingham Palace anunció que pasaría a ser conocido oficialmente como Andrew Mountbatten‑Windsor, y que debía abandonar Royal Lodge para instalarse en una residencia más modesta en Sandringham, financiada de forma privada por el monarca.
Las últimas informaciones, ya en febrero de 2026, añaden un capítulo todavía más grave, el de su arresto por parte de la policía británica tras nuevas revelaciones derivadas de los "Epstein files". Estos apuntan a posibles irregularidades en sus negocios y a una revisión de sus vínculos con el círculo del financiero. Aunque el curso judicial de estas investigaciones aún está por definirse, la imagen del que fuera príncipe Andrés parece hoy irreversiblemente dañada. Su figura ha pasado de ser la de un miembro activo de la realeza a la de un símbolo de los excesos y sombras que rodean a la institución en el siglo XXI.
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