Dima Yeroshenkov, de 23 años, recuerda bien lo que estaba haciendo el 23 de febrero de 2022. Había pasado la tarde bebiendo cervezas con sus amigos en Járkov. Quería relajarse después de los exámenes. Estudiaba Pedagogía y Filología. A las cuatro de la mañana golpearon a su puerta a gritos: "Ha empezado la guerra. Estamos en guerra". No sabía si era cierto o era una pesadilla y siguió durmiendo. Al día siguiente comprobó que los rusos, que ya habían atacado Svatove, en Lugansk, su lugar natal, esta vez habían empezado una invasión a gran escala. Su misión entonces fue buscar cómo poner a salvo a su abuela, Natalia, que todavía residía en Svatove.

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Para la madre de Dima, Tatiana Yeroshenkova, la guerra no empezó hace cuatro años. Lo remarca claramente en cuanto empezamos a conversar al final de su jornada laboral como recepcionista en un diario de Varsovia. "Al final de la primavera de 2014 los rusos intentaron tomar mi ciudad. Todos salimos a defenderla. Los ciudadanos nos unimos a los soldados ucranianos. Hubo enfrentamientos en la ciudad. Logramos resistir y defenderla", relata Tatiana, que ya habla bien polaco. Entonces ella trabajaba en el ayuntamiento de la ciudad. Vivía sola con su hijo, Dima, desde que se divorció cuando el niño tenía apenas un año.

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Empezar de cero en otro país

Tatiana, de 41 años y periodista de formación, vio cómo las condiciones de vida se iban deteriorando en Svatove, en la región de Lugansk, debido al asedio de los rusos. Empezó a pensar una salida para labrar un futuro mejor para su hijo. En 2018, Dima ya tenía 16 años cayó enfermo. Necesitaba más ingresos así que decidió probar suerte en Varsovia, donde se había establecido una amiga. Mientras Dima se quedaba con su abuela Natalia en Svatove. Tatiana sabía que no sería fácil empezar de cero en un país que no era el suyo, con otro idioma, pero Polonia quedaba cerca de Ucrania en todos los sentidos.

"Llegué a Varsovia con lo justo. Solo tenía el contacto de mi amiga. Tenía un visado de turista al principio. Podía vivir 90 días en Varsovia. Busqué trabajo limpiando en la construcción. Así logré el visado de trabajo. Empecé a aprender polaco y a buscar otro trabajo. Mi objetivo entonces era tener el permiso de residencia", relata Tatiana. Hace dos años vio una oferta de empleo en un diario polaco y lo consiguió.

Si tienes un empleo fijo puedes acceder a esta documentación. En Polonia, con el menor índice de desempleo de la Unión Europea, es fácil encontrar trabajo. Tienen una vigencia de tres años. Al principio fue complicado porque empezó el Covid y la burocracia iba más lenta. El proceso implica renovar el permiso de residencia, lo que ahora tiene. El último paso es obtener la ciudadanía polaca.

Es preciso demostrar conocimientos de polaco con un nivel B-1. Aprendió el idioma con cursos online que hacía al final de su jornada laboral. Primero alquiló una habitación, luego una vivienda desde hace un año. Ahora sueña con comprar un piso. Aunque los precios en Varsovia están subiendo mucho. Suele enviar dinero para ayudar a su madre, que dejó Svatove y se movió al centro de Ucrania, donde viven los hermanos de Tatiana.

Polonia, tierra de acogida

"Polacos y ucranianos somos culturalmente parecidos. Y el idioma es parecido. Pensé en ir a Polonia porque veía que era un sitio donde podía encontrar trabajo y tampoco m alejaba mucho de Ucrania", señala Tatiana. "Para los ucranianos no es habitual desplazarse pero la guerra nos ha llevado fuera. Antes de venir a Polonia, nunca había estado fuera de Ucrania. Por el aniversario de Dima fuimos en otoño a Berlín dos días, pero prefiero Varsovia. Aquí todo es más limpio y seguro".

Polonia ha acogido a más de un millón de refugiados ucranianos desde que empezó la invasión a gran escala el 24 de febrero de 2022. Tanto Tatiana como Dima evocan cómo muchos polacos fueron a recibir a los ucranianos a la frontera. Les llevaban bocadillos, té caliente y ropa de abrigo. "Nunca había imaginado una acogida así. Nadie pensaba que Polonia iba a abrir la frontera como lo hizo", confiesa Tatiana.

Los que llegaban tenían un estatus especial de refugiado y accedían a ayudas para escolarizar a los niños. El presidente Karol Nawrocki acaba de aprobar el fin de ese estatus especial. La presión de la extrema derecha de Konfederacja y los seguidores de Braun hace que haya sectores que hablen de los privilegios de los ucranianos en detrimento de los polacos. En todo caso, según la nueva ley, aún pueden solicitar la residencia hasta marzo de 2027.

"Todavía no me siento en casa. Los ucranianos estamos muy vinculados a la tierra. Nadie imaginaba que íbamos a defender nuestro país de esta manera", relata Tatiana, quien perdió a un primo en el frente, cerca de Svatove. Tenía 32 años. La familia no sabía que había pasado con él durante un año hasta que el Ejército confirmó su fallecimiento.

El periplo de Dima: de Svatove a Varsovia

Svatove, la localidad natal de Tatiana y Dima, cayó en manos de los rusos el 8 de marzo de 2022. Antes Dima pudo llegar a rescatar a su abuela Natalia. Estuvo unos días en Járkov pero enfermó porque vivía prácticamente en un sótano. Cuando se recuperó fue a Svatove con su novia. Cruzaron el frente porque la localidad ya estaba ocupada por los rusos. Allí se quedaron unos meses. La salida no fue tan fácil, pero había conductores que hacían el viaje hasta Dnipro por poco dinero. "Lo hacía por ayudar. Eran unos héroes", señala.

Tuvieron algún susto en el camino pero llegaron sanos y salvos. En Dnipro los precios eran mucho más caros. La localidad se había convertido en un hub de evacuaciones. De allí llegaron a Vinitsa donde vivieron seis meses. La abuela se trasladó al campo.

"Cuando empezó la invasión a gran escala, muchos de mis amigos se alistaron al Ejército. Sus acciones me inspiraron. Quería seguirles. Pero mi madre me pidió que no lo hiciera. Temía lo peor. Soy su único hijo", apunta Dima. Recuerda el joven a un conocido suyo, que resultó herido en combate. "Me llamó para que le echara una mano y es lo que hice", afirma Dima. En Ucrania trataba de ayudar, como donante de sangre, o en una ONG que ayuda a los soldados con productos higiénicos.

Cuando empezó la invasión a gran escala, muchos de mis amigos se alistaron al Ejército. Quería seguirles. Pero mi madre me pidió que no lo hiciera"

DIMA YEROSHENKOV, JOVEN UCRANIANO

La guerra marca a los jóvenes

También estuvo recopilando información sobre los que han caído presos para que no caigan en el olvido. "Tenemos que recordarlos. Son nuestra gente", señala. "Un amigo de Svatove, Ruslan, fue apresado. Le acusan de espionaje. Le condenaron a 15 años y a su novia a 13 años. Hace poco volvió a aparecer en Instagram y nos dijo que estaba bien", rememora Dima. Los amigos han enviado información sobre él a las organizaciones que se ocupan de los presos. "Confío en que pronto le liberen en algún intercambio de presos".

La guerra ha marcado su adolescencia y su juventud. Es más reposado que muchos jóvenes de su edad. Más reflexivo. Y conserva la amabilidad que tanto le gusta de su pueblo ucraniano. "Durante un tiempo odiaba a todos los rusos. No solo a los líderes, a cualquier ruso. Tampoco me gustaba que hubiera ucranianos que no hablaran ucraniano y recurrieran al ruso. Luego me he dado cuenta de que hay rusos que ayudan a Ucrania. También que hay ucranianos que combaten por nuestro país y no hablan bien ucraniano. O gente que se vuelca con los soldados. Son nuestros héroes, hablen lo que hablen", señala.

La decisión de los 23 años

El joven salió finalmente de Ucrania el 15 de septiembre, dos meses antes de cumplir los 23 años. Su madre se lo aconsejó. O algo más. Con 23 años ya no podría salir. Tatiana le instó a probar suerte en Varsovia. Le preocupaba que acabara en el frente. "No tuve problemas en la frontera. Les interesó más mi guitarra que mis papeles".

A Dima le animó que el idioma es fácil para los ucranianos, más que el alemán, por ejemplo, y que no sería difícil encontrar trabajo. Desde hace seis meses es hausman en un hotel de la capital polaca, donde coincide con gente de muchas nacionalidades. Ahora quiere aprender polaco para acceder a otros puestos mejores.

"Temía que los polacos tuvieran prejuicios contra los ucranianos. No me apetecía que me acosaran. Vi un par de situaciones desagradables. En una ocasión nos escucharon hablar ucraniano y nos insultó. No contestamos", dice Dima. Sin embargo, confían en echar raíces en Varsovia, aunque confiesa que siempre echará de menos el sentimiento de comunidad propio de los ucranianos. "No hace falta pedir ayuda. Siempre hay alguien que se ofrece a echarte una mano. Pasa mucho con los mayores".

Ni Dima ni Tatiana ven cercano el final de la guerra. "Creo que seguirá tres o incluso cinco años más", apunta el joven. "Por eso queremos echar raíces en Polonia porque no sabemos hasta cuándo habrá guerra en Ucrania", añade. "Nadie pensaba que los rusos iban a invadir toda Ucrania. Confío en que no vayan más allá. Si terminara la guerra no tengo dónde regresar. Aquí tengo un buen trabajo, conozco el idioma. Me gustaría pensar un piso en Varsovia", concluye Tatiana.